Es importante la paz


Antonio Flores Galicia

 

Paz es el estado de conducta, de acuerdo entre los miembros de un cuerpo o grupo social, es la ausencia de guerra, estado de la persona cuando no está agitada, ausencia de hostilidades, calma, reposo, silencio. Donde hay paz, no hay hostilidades, se dan decretos para que los ciudadanos sepan que no hay guerra. Qué hermosa es la paz, nos da tranquilidad y calma, reposo y sosiego; tenemos descanso, quietud y tranquilidad; hay concordia y acuerdos en la sociedad, progreso social.

Todos queremos la paz y el mundo la necesita. Con razón Cristo saludaba así: “La paz esté con ustedes”. Pero nos olvidamos que los humanos hacemos la guerra y la paz. Es que en los actos del individuo y sociales, siempre hay el aspecto externo, con lo que manifestamos y lo que ocultamos. Manifestamos lo que nos conviene y ocultamos lo que está contra nuestros intereses y no nos preocupa la sociedad. Allí está la dificultad para nuestro entendimiento y la armonía en México.

Detrás de lo que aparece, en lo oculto, está la propaganda al servicio del interés bélico. Examinemos las guerras: Por qué son, cómo y quiénes las realizan. No es lo que se dice y se escribe, la realidad es otra. No uno, sino varios, me han dicho los provechos económicos que tuvieron entrando como “cristeros” a la guerra cristera; sabemos todo lo que hubo en la Guerra de Independencia y los beneficios para los que hicieron la Constitución Mexicana que nos rige. Por algo la historia nos deja mucho que descuidamos y solamente gritamos: “Viva México”.

Detrás de lo que aparece, en lo oculto, está la propaganda al servicio del interés bélico, con artificioso optimismo; se riega de manera anónima una inquietud común que avanza embargando a los pueblos. Frecuentemente manifestamos estar en guardia por la paz y rechazamos la fuerza. Tengamos en cuenta que no se trata de potencia, revelada por sus ejercicios, sino de una gran obra que se extiende muchos años antes de que aparezcan los actos de violencia. He examinado a varias guerras y hasta da risa lo que dicen los libros y la conducta respecto a esa guerra, hasta los nombres propios se cambian.

Últimamente me preocupo por tener lo más que aparece y se dice en las primeras noticias, que son cambiadas y hasta ocultadas. A nadie le cuento, para oír lo que se publica y dicen del asunto. Así las cosas en este campo de la guerra y la paz. Hasta una película y muchos libros aparecieron por la muerte del Cardenal Posadas. Todo diferente a las primeras noticias, lo que me contaron personas que vivieron los hechos y lo que me dijo, incidentalmente, el último responsable.

Es que, cuando un grupo se fortifica, para que haya paz al enfrentarse las diferentes corrientes, se ocupa dar un paso al centro de las diferentes corrientes. Es cuando aparecen las oposiciones verdaderas. Ni modo que un grupo diga la realidad del otro. Cuánta realidad, diferente a lo que se dice, hay detrás de Juárez y de Hidalgo, de las guerras de la Independencia, de la Iglesia y el Estado. Por eso, encontré en la Ciudad de México a una señorita de la que fui sinodal en su examen para la licenciatura en la Universidad de Colima, me dijo que estaba por terminar un Doctorado en España, que su tesis era de la historia de México y que yo fuera su sinodal. Le respondí: No te conviene que sea tu sinodal, porque en México los libros de católicos dicen una cosa y los que están contra ellos, dicen otra cosa; se necesita una tercera investigación sin que lo sepa ninguna de las dos corrientes.

Por eso, no basta amar la paz, se necesita defenderla. Muchos individuos y naciones, sin querer la guerra, se ven forzados a ella, creyendo elegir un mal menor. Perdonen, pero me río de los libros de historia que tenemos en México, sean del gobierno, la iglesia, las secretarías del país. Tenemos una patria sin asentarse totalmente en la paz, después de tantas revoluciones desde el pasado siglo. Se necesita atender al basamento de todo orden individual y nacional. Atrás de todo está la realidad: “Hija, no vayas al baile, me lo dice el corazón”. No hizo caso la hija y allí murió. Así estamos actualmente: No aceptamos la verdad, actuamos convenencieramente y solamente nos lamentamos de los males que tenemos. Una paz permanente, no puede ser preparada con amenazas, sino sólo con la honrada intención de crear mutua confianza.

No se está dando paz a un pueblo cuando se enfrentan gobernantes con instituciones. Se prefiere la guerra cuando se opone a los de una creencia contra otra, o se denigra o se manifiesta odio a los que no piensan y actúan como él. Algunos creerán que el deseo de crear una forma decorosa de vida suaviza las pasiones de las personas. No confiemos. Se ocupa una política de paz en gran escala. Cuánta ignorancia y errores: ¿Es correcto eso de “La Iglesia y el Estado” en México? Y esas leyes, matrimonios, actas de nacimiento, por decir algo? Pero, ni decirlo se puede, menos corregirlo.

El deseo de crear una forma decorosa de vida, suaviza las pasiones de las personas. No confiemos. Se ocupa una política de paz en gran escala. Una nación no está libre de roces porque haya grupos que promuevan valores humanos, aunque se ocupen de oposiciones y denigraciones, de venganzas y resentimiento. Se necesita que los miembros de cualquier grupo se encuentren más estrechamente unidos entre sí y con el resto de la población promuevan la paz.

Recordemos al gran promotor de la paz, sin importarle perder su vida, Mahatma Gandhi: “Busquemos la hermandad entre todos los pueblos de la tierra”. La paz es asunto de todos, y siempre.