Entre Palmeras


 

URGE LAS SUSTITUYAN

Eunice Flores

En días pasados, mi esposo y yo acudimos al Instituto Nacional Electoral (INE), antes IFE, a realizar dos trámites: Uno, ser testigos de mi madre, ya que ella perdió su credencial para votar y, dos, ya estando ahí en las oficinas, quisimos hacer el cambio de domicilio de nuestra credencial de elector.
Al entrar al inmueble y presentar mi mamá su documentación y nosotros a un lado de ella, se nos parapetó al lado una mujer, quien con tono muy fuerte, grosero, prepotente y altanero, nos ordenó, como si fuera militar, que nos sentáramos. Yo le contesté: “Pero es que la que está en el escritorio nos está pidiendo nuestra credencial.” Estando dando datos como testigos de mi madre, nos ordenaba sentarnos en otro lado de la oficina. Ni siquiera estaba atenta, viendo que estábamos ocupados, lo que significa que ya trae disposición a ser exigente y mandona con el público.
Una vez terminado el trámite de mi señora madre, proseguimos nosotros con el cambio de domicilio. Nos sentamos en las sillas que están en el escritorio de entrada, y la mujer que nos atendió se encendió en ira cuando vio nuestro comprobante de domicilio, ya que estaba un poco maltratado, más bien arrugadito, porque no le faltaba ni un pedazo. Cómo era el recibo del agua, y ese generalmente cuando se va a pagar sufre maltrato -usted me ha de entender, porque la del INE no-, levantó la voz para propinarnos una severa regañada por presentar el recibo del agua, como ya he dicho, un poco maltratado.
Y para terminar de rematar el comportamiento grosero, le pidió autorización a la soldada, perdón… compañera, para ver si la autorizaba y, por supuesto que no autorizó que nos hiciera el trámite. Pero si usted cree que este fue todo el show que nos aventamos en el INE, está equivocado. Resulta que la primera mujer, que estaba de recepcionista -la soldada, como le digo yo- no soporta que la gente hable dentro de las instalaciones del INE, pues a cada rato gritaba a pulmón abierto -porque sí tenía mucho pulmón-: “¡Cállense! ¡Guarden silencio!”, al público en general que estábamos sentados. Qué ironía de la vida, la voz más estridente de todas, era la de ella misma.
No cabe duda que parte del personal de este instituto está dejando mucho qué desear, sobre todo las dos mujeres que están en la entrada, tanto la que recibe las solicitudes y documentos, como la que recibe y llama a los ciudadanos. Es indigno y lamentable el trato que estas dos personas están brindando. No tengo quejas en contra del instituto como tal. De hecho, ahí mismo hay personal amable, que saben tratar bien a la gente, que tienen paciencia con los discapacitados y personas de la tercera edad, y se desviven por facilitarle al ciudadano el trámite.
Pero este, desgraciadamente, no es el caso de las empleadas de la entrada, que son la imagen, la primera impresión que uno se lleva de los del INE. Aún para decir las cosas se debe tener tacto.
No era de su agrado el documento que llevábamos, a pesar de ser original y estar totalmente legible y tampoco le faltaba ningún pedazo. Deben, entonces, decir las cosas con suavidad, explicando amablemente el porqué de la negativa, pero no se deben decir las cosas a gritos, con groserías ni prepotencia.
Tengo que volver, desgraciadamente, a este Instituto a hacer mi cambio de domicilio, y anhelo con todo mi corazón que para la próxima vez que vaya, esas personas ya no estén ahí. Porque es más el personal amable y honorable, que los que son groseros.
En cuanto a que les molesta el ruido que la gente hace al esperar su turno para sacar la credencial, puedan evitarlo, cambiando las instalaciones del INE a un sitio más grande y más cómodo, ya que está visto que el actual no puede albergar a tanta gente. Porque los solicitantes todos los días abarrotan esa salita, e incluso ha habido ocasiones en que se tienen que ir hasta a la calle, porque no caben.
Así que, ya sabe, si usted padece del corazón, con hipertensión, es enfermo de los nervios o padece diabetes, no intente ir al INE de la Bellavista, no vaya a ser que un coraje con estas empleadas lo vaya a mandar al hospital o a la tumba. Al menos, desde luego, que esté completamente seguro que el INE sustituyó a estas dos señoras por dos trabajadoras amables; entonces sí. O solo que usted sea muy amigo o pariente de ellas, porque, si conocen a la personas, entonces sí la tratan bien. En cuanto a los documentos, llévelos planchados y almidonados, no vaya a ser que haga un gran coraje cuando, a la primera arruga, se los vayan a rechazar.
Que tenga un bonito día.