Entre líneas


Carlos Avalos.-

Los medios de comunicación se llenan de desinformación y no propiciada por los periodistas, sino por los generadores de la equivocada percepción social, que llevan al equívoco en el pensamiento y a posteriores consecuencias violentas, que conllevan a la falta de respeto a las instituciones y por ende a la desestabilización social, pero todo tiene un principio: La falta de ética universal del ser humano, es esto sin duda, el génesis de la violencia.

Visto esto no como una postura intransigente personal, sino entendido como una opción analizada desde fechas posteriores en el pleno ejercicio del raciocinio elemental por grandes pensadores, como el caso de Paulo Freire, de quien en lo personal me encanta su percepción del mundo.

México sería otro si aplicara el principio de ética; claro, siempre se está expuesto a la trasgresión de la misma y es en esta aplicación donde más se desvirtúa y actúa en consecuencia, conscientes de la impunidad permisible en la ejecución de delitos y que aseguran el éxito en el 97% de los casos, los cuales quedan sin castigo.

El haber tenido la oportunidad de sumergirme en el estudio de la criminología, la criminalística, la pedagogía y otra serie de artes correspondientes a las humanidades, me ha dado la oportunidad de llevar a la observación y el análisis los diferentes procesos que se plasman como lienzos en la sociedad, como reflejo de los pensamientos autónomos, pero que generan indudablemente, grandes influencias sociales.

En nuestro estado, la falta de dicha ética plasma también la flaqueza en el actuar legaloide -que no legal- de las instituciones que lejos de ser garantes de nuestra seguridad, se han dedicado a parlotear eufemismos lucubrantes, que no dicen nada, que no prueban nada, que no llegan a nada.

En criminología se dice que: “No hay crímenes perfectos, hay investigadores malos”. El asesinato del ex gobernador Silverio Cavazos sigue siendo la muestra palpable de la falta de interés en la aplicación de una justicia real, con procedimientos y estrategias que ya se encuentran establecidas en los aparatos de justicia del mundo y que Colima sigue siendo el único estado que parece que se encuentra totalmente ignorante en los procedimientos de investigación que conlleven a la aplicación de la justicia.

Y si la resolución de un magnicidio- donde demográficamente las expectativas numéricas de dar con un presunto responsable son altas, en comparativos con otras entidades federativas de mayor movimiento social-, no se le ha dado la importancia debida, imagínese usted, si a los “pobres condenados de la tierra” se puede pensar en hacerles justicia.

Dice Paulo Cohelo que debemos aprender a cerrar círculos, Idalia González Pimentel aún no lo ha hecho, pues sigue abierto por el dolor que ocasiona la impunidad lacerante y la desvergüenza de quienes debieron buscar a los asesinos y dejar caer todo el peso de la ley, los mismos que ahora muestran su sonrisa guasona con la que pretenden esconder su incompetencia.

Las veladas palabras de Andrea Cavazos (hija del acaecido ex gobernador) ubican los presuntos criminales de su padre, donde los refiere: “Haciendo una confabulación de varios actores que están en el poder, pero por más que se escondan detrás del dinero y el poder, tarde o temprano tendrán que dejar de tapar el sol con un dedo”.

Idalia interviene diciendo que: “Andrea está creciendo y hace conjeturas, pero no señala a nadie”, pero sin duda tiene la información y desde ahí deduce. Sabe que tiene que esperar los tiempos en que no tengan al poder para ejercer la misma impunidad.

La ética universal del ser humano es la que condena el cinismo del discurso, “no hemos hecho nada al respecto del caso Silverio” -no es necesario decirlo, salta a la vista de cualquiera-, es la misma ética que condena el crimen para deshacerse de escollos que impidan la obtención del poder económico, y que repudia el falsear la verdad, engañar al incauto y sepultar el sueño de una familia -o de muchas-.

Pero como siempre, estimado lector, la mejor opinión la tiene usted. Por hoy el espacio se termina y como dijo Don Chuyaco… ¡Adió!