Entre las palmeras


Ahora resulta

Eunice Flores

El sábado anterior, mi esposo y yo fuimos a hacer unas compras, entre ellas, tiempo aire para nuestros respectivos celulares, en conocida tienda de conveniencia, perteneciente a una cadena nacional. La sorpresa que nos llevamos fue que, al terminar la transacción, la dependienta, sin ninguna pena, nos pidió que le diéramos nuestros nombres completos.

Ante esta situación, inmediatamente mi esposo y yo nos volteamos a ver el uno al otro, muy sorprendidos, con expresión de interrogación. Acto seguido, él le preguntó a la señorita por qué pedía los datos personales, ¿para qué era?, pues no era la primera vez que acudíamos a ese mismo lugar con esa finalidad, y nunca había pasado eso.

La señorita contestó: “Ah, esto es para otorgarles un llaverito”. Y todo acabó en que no aceptamos el suvenir ni le dimos ningún dato, por prudencia y seguridad, antes que nada. Unas horas después del mismo día, acudimos a conocida tienda de autoservicio, a surtir nuestra despensa, consistente en abarrote y alimentos. Todo iba bien, pero, al llegar a la caja y pagar nuestros artículos en efectivo, y sólo 40 pesos con tarjeta, al joven cajero se le ocurrió pedir los datos personales, entre ellos, el número de teléfono.

Hubo un alegato porque en ocasiones anteriores no había sucedido así, y ahora salen con que es la modalidad, aun cuando la tarjeta era de débito. Por más que insistió el cajero en sacarle el número de teléfono a mi esposo, no lo consiguió, ya que por prudencia, nuevamente, no lo quiso dar.

Molestos por mencionada actitud, pusimos una queja donde corresponde, dentro del establecimiento, y nos salieron con que ahora así va a hacer ante ciertos requisitos; los de la tienda sacaron un papel, y nos mostraron los requisitos, que ya es disposición oficial; pero lo curioso es que nosotros no estábamos dentro de ellos, como para que nos pidieran tanto dato. Y no es que escondamos algo, sino que es indebido, tanto que al final nos salieron con que es opcional dar estos datos; o sea, que es falso que sea obligatorio, como nos quisieron hacer creer.

Cuando algo es obligatorio, no es opcional, sino de a fuerza; sin embargo, el comportamiento del cajero fue de que era obligatorio, según él. Lo raro es que el cajero quería apuntar el teléfono y datos en un pedazo de papel en blanco, no era un formulario oficial.

Al regresar a casa, tuvimos que hasta tomar té de tila, porque los corajes que nos hicieron pasar y el estrés al que fuimos sometidos a ese extremo nos hicieron llegar. Uno escucha mucho en la tele que los datos personales no deben ser usados por terceros, e incluso, sometan a los empresarios, bajo estrictas normas, para que no hagan mal uso de los datos de sus clientes, y que, si te llaman empresas publicitarios, en donde uno no dio datos personales, reporte a tal o cual número o a tal o cual lugar; sin embargo, ya se ha vuelto modita que cualquier cajero lo confiese a uno, con cualquier argumento: Que para darle a uno un llavero, que porque las disposiciones bancarias así se los piden.

Lo cierto es que esas artimañanas son la que ponen en riesgo nuestra seguridad; porque, va ya usted a saber si la cajera de la tienda de conveniencia, o el cajero de la empresa departamental, sean delincuentes disfrazados. Esto está pasando en Manzanillo, así que, si de veras es obligatorio dar nuestros datos personales, entonces estamos bajo una dictadura, impuesta por quién sabe quién. Porque a leguas se nota que nos quieren controlar, pero, ¿para qué?

Que tenga un bonito día.