Entre las palmeras


Urge ponerle límites

Eunice Flores

En esta última semana ha habido muchísimas quejas en contra del tren de carga, que diariamente transporta contenedores desde y hacia el puerto interior. La molestia es porque no solamente pasa el tren y ya, sino que, a últimas instancias, le ha dado por malobrar (más que maniobrar).

Esto último se veía en San Pedrito y en Campos, pero El Tajo ya empieza a ser usado también como patio de maniobras, haciendo esperar a los porteños mucho más tiempo de lo acostumbrado.

Esta situación muchos ya la tomamos como una provocación a la ciudadanía, porque los encargados de mover la carga contenerizada saben que van a causar la molestia de la gente; sin embargo, les importa un comino, pues tal parece que para ellos tiene más valor un contenedor que un ser humano. Ojalá y todo radicara en un simple enojo. El problema con este comportamiento por parte de los del ferrocarril es que, en un tiempo no muy lejano, podrían ser los causantes de accidentes en donde se vean involucrados automóviles y camiones urbanos de pasajeros, que podrían ser arrastrados por la mole de hierro, y como siempre, la culpa se la echarían a quien se le atraviese al convoy.

Cuando los porteños saben que se van a ver impedidos por causa del tren para cruzar los rieles e ir a sus trabajos, escuelas, hospitales, a tomar un autobús foráneo o a cumplir con compromisos personales, tratan de ganar el paso, porque temen a esperar demasiado tiempo, el cual podría hacerles perder sus empleos o faltar a sus citas. Podrían también cerrarles el cancel en las escuelas, podrían perder el autobús, avión o una cita programada con el médico.

Es urgente llegar a un acuerdo por parte del gobierno municipal con quien corresponda solucionar este problema, para evitar posibles accidentes o que crezca la irritación social. Si ya hay molestias por los embotellamientos que ocasiona la obra a pico y pala del túnel ferroviario, cuanto más con el injusto paso del tren, que ahora hay que sumarle que maniobra demasiado.

No cabe duda que el crecimiento portuario le está haciendo daño a la ciudad. Creo que cuando se cumplen las metas anuales de movimiento de carga, y se presume que fue exitoso, se podría decir que no lo es tanto, cuando para lograrlo se pisoteó a la ciudadanía. Si yo tengo una propiedad, y quiero crecer, y lo hago pisoteando los derechos de mis vecinos, e incluso apoderándome de lo que es suyo a la brava, me voy a meter en problemas con la justicia de los hombres y hasta la divina; lo que debiera de hacer, si quiero aumentar mi espacio, es mudarme a un lugar más grande, y dejar de dar problemas.

Lo mismo puede hacer el recinto portuario. Si quieren crecer tanto, que se extiendan hasta Armería, aprovechando la enorme extensión de la laguna de Cuyutlán, y beneficiando de manera conjunta al vecino municipio. Así no le harían la vida de cuadritos a los porteños, que creo que valemos más que la carga contenerizada.

Que tenga un bonito día.