Entre las palmeras


Hay que ser realmente verdes

Eunice Flores.-

Al hablar sobre temas verdes entre la sociedad creemos que es un tema político, y más ahora, como se están dando las cosas. Sin embargo, hablar del color de la esperanza no siempre es referente a cierto partido político. De hecho, ellos se hacen llamar así porque dicen ser amantes de la ecología y de esto último, es de lo que a continuación quiero hablar.

No hay nadie que fomente el amor a las plantas, a los árboles, a los céspedes. Cuando se piden espacios públicos para recreación, siempre los quieren llenos de canchas cementadas para futbol rápido, voleibol o basquetbol, y lo han logrado, porque tenemos muchísimas unidades deportivas con pequeñísimas porciones de áreas verdes.

Otro sector de la población, con un poco más de cultura verde, lo que promueven son los alimentos vegetarianos, y aún más, orgánicos, cultivados sin contaminantes ni pesticidas, que por cierto, son carísimos, y sin garantía que realmente se hayan cultivado de la manera que se dice, pues sólo se basan en lo que dice el empaque: Orgánico.

He observado que estos grupos vegetarianos no promueven, al menos no tanto, la siembra de plantas y árboles. Los árboles, y en especial, los mangles, por poner un ejemplo, son excelentes rompe vientos que disminuyen la velocidad del aire y absorben una gran cantidad del agua, evitando inundaciones.

Si en nuestras casas procuramos la vegetación, éstas estarán más frescas, y además contribuiremos a que toda la contaminación que emana la zona industrial porteña sea colada a través del follaje, y como resultado tendríamos muchas menos enfermedades.

Algunas escuelas rurales tenían, hace tiempo, y espero que todavía, una parcela escolar. Esto es una muy buena educación verde, porque se les enseña a las nuevas generaciones a amar la agricultura y la jardinería.

Qué bonito fuera que nuestro querido Manzanillo promoviera las huertas domésticas, donde los miembros de la familia sembraran sus propios frutos, hortalizas y flores, que nada más con verlas, también contribuyen a quitar el estrés de nuestra vida moderna.

De ser posibles estos huertos, tendríamos la mejor garantía que lo que cosechemos es verdaderamente orgánico y literalmente al alcance de nuestra mano. Dicen, los que lo han logrado hacer, que es una sensación muy bonita comer de nuestra propia cosecha.

Que tenga un bonito día.