Entre las palmeras


Eunice Flores.-

Hace ya varios días se celebró el Día Mundial de la Visión. Poco se habla de los problemas visuales, pero peor aún es el poco interés que hay para hacer en los edificios y vías públicas rampas y toda la infraestructura que se requiere para facilitarles la vida a los débiles visuales y ciegos.

Continuamente se hacen en Manzanillo campañas de adaptación de lentes a bajo costo, un comienzo para mejorar la calidad de vida de las personas en mención, pero creo que todavía falta mucho por hacer.

Simplemente, no todos los semáforos tienen la función de emitir un sonido que le indique a un discapacitado visual que puede cruzar una avenida, y aun los pocos que funcionan, no es constante su servicio, porque pronto se descomponen o simplemente los desactivan, porque los que están sanos de sus ojos consideran que ese sonido es molesto o enfadoso, cuando debieran de emitir el tono todos los semáforos habidos y por haber en nuestra ciudad y puerto.

En los edificios públicos se requiere de rampas o ascensores y, lamentablemente, casi no hay. El Mercado 5 de Mayo cuenta con un elevador, pero para los que no vemos bien o los que de plano no ven, es como si ni existiera, porque, a decir verdad, la cabina que sube al segundo piso del citado centro popular de abastos ha servido solamente para hacerle pasar corajes a los usuarios, pues desde su creación, ha dado puros problemas.

Otra cosa que hace muchísima falta, y que no hay absolutamente nada, son letreros en sistema Braille. Es necesario que en lugares estratégicos haya mapas de la ciudad en este código, para que las personas invidentes sepan ubicarse, así como también deberíamos tener las nomenclaturas de las calles también en Braille.

Hay que reconocer que nuestras autoridades han hecho o gestionado puentes peatonales, y la modalidad hoy es que en vez de gradas, ya los están haciendo con rampa, precisamente pensando en los porteños con capacidades diferentes. Sin embargo, poco se usan por la simple razón que les da flojera o les dan miedo las alturas, o porque simplemente ignoran que existen.

En estos casos, los familiares deben motivar a sus seres queridos con problemas visuales (o de algún otro padecimiento) a que utilicen la infraestructura urbana moderna que se ha hecho recientemente, como es el caso de los puentes peatonales que menciono, para que crucen las calles por ellos, y así evitar arriesgar la vida atravesando de la forma tradicional.

También, para que los tres niveles de gobierno se aboquen a seguir mejorando los espacios públicos en materia de discapacidad visual; porque, de no utilizarse, lo podrían tomar, y con justa razón, a que no se necesita inversión en este sentido.

En cuanto a las campañas de adaptación de lentes a bajo costo, creo que se deben de hacer en lugares neutrales, como en la sede del Desarrollo Integral de la Familia (DIF) o en la benemérita institución de la Cruz Roja. Pues, a últimas fechas, este beneficio se ha pintado de ciertos colores partidistas, y eso no se vale, porque todos los discapacitados visuales tenemos dignidad y no debemos ser utilizados con fines políticos.

Se ha hecho mucho énfasis en combatir el cáncer de mama y está muy bien, pero es una lástima que se esté dejando de lado las enfermedades de los ojos, que también en octubre tuvieron su día.

Hubiera sido interesante escuchar las voces de nuestros oftalmólogos locales para que nos den estadísticas de las diversas enfermedades de los ojos y de cómo protegernos de la fotofobia o sensibilidad a la luz, que el Sol está ocasionando a muchos porteños; pero, ni modo, quizá sea para el siguiente año.

Que tenga un bonito día.