Entre las palmeras


Le aplican un descontón

Eunice Flores.-

Qué bueno que se están creando fuentes de trabajo en Manzanillo. Solamente que hay que tener mucho cuidado sobre qué clase de empleos se traen, qué trato se le da al trabajador y que prestaciones, porque si ya la nueva Ley del Trabajo le da en la torre al sector laboral, reduciendo prestaciones, como el derecho a la antigüedad, por mencionar un ejemplo, los empleadores le agregan más trabas para que al final, la paga sea menor.

A continuación les voy a narrar una anécdota que me hizo escribir sobre este tema. En la quincena pasada, mi esposo y yo fuimos a una conocida tienda de autoservicio a hacer algunas compras para nuestra despensa. Al llegar a la caja y terminar de hacer el pago correspondiente, mi esposo se percató de un letrero que decía que si el cajero no le ofrece saldo para su celular, le tenía que poner 20 pesos gratis. Rápidamente se le hizo la observación, y cuando el joven reaccionó, se tapó la cara con las dos manos, muy apesadumbrado, y exclamó: “Si es cierto, caray. Ahora me va a tocar ponerlo a mi”. Ante esta situación, mi marido le contestó: “No, como crees, no te voy a fregar. Así déjalo”.

Al salir de la tienda, él y yo comentábamos acerca de esta injusticia que le cometen al empleado de esa tienda, y la verdad, salimos molestos, no con el cajero, sino con la firma comercial. Se escucha bonito que habrá la apertura de una nueva tienda en Manzanillo, porque luego somos dados a decir: “¡Wow, una nueva fuente de empleo!”. Sin embargo, nunca nos detenemos a meditar si ese nuevo comercio generará trabajo de calidad, digno, verdaderamente, y bien remunerado.

No solamente ocurre que le carguen una “promoción” al cajero de la tienda mencionada, sino que lo mismo sucede con que casi todos los repartidores de comida rápida que andan en motocicleta. ¿Le suena conocida: “Si su pizza no llega en treinta minutos, es gratis?”. En vez de pizza póngale tortas, pollo, hamburguesas, etc. Los repartidores de comidas rápidas andan como locos por nuestras calles porteñas porque temen a que se les cargue a ellos, lo que usted adquirió por teléfono.

Lo peor es que no solamente se están jugando su salario, sino la vida misma. Porque una cosa lleva a la otra. Esta clase de empleos, que solamente se friegan al trabajador, ¿para qué los queremos? Sirven solamente para empobrecer a los empleados, y, como siempre, el patrón salir ganando.

Valdría la pena que, de cuando en cuando y de manera informal, las autoridades competentes visiten las grandes empresas y vean el trato que se les da a los trabajadores porteños. Ahora, no solamente es cuestión de salario. Hay algunos comercios que tratan pésimamente a sus trabajadores, con palabrotas, como es el caso de conocida empresa dedicada al área de la papelería, cuya patrona, ¡híjole!, daba pena ajena presenciar su trato y escuchar la lengua con la que insultaba a sus empleados.

Quién sabe cuántos establecimientos haya así. No sólo es traer empresas por traerlas, únicamente porque generan trabajo; hay que ver por los porteños que ahí van a laborar. Porque, podrían ser centros de tortura en vez de centros de empleo, y no vaya a ser que al rato, en vez de ganar un sueldo, salgan hasta debiendo, por la simple tontería de no ofrecerle alguna promoción a un cliente. Que, por cierto, esto último es muy latoso para los compradores, porque una sola persona le hace muchas preguntas en pocos segundos, como estas: “¿Quiere saldo para su celular? ¿Quiere redondear sus centavos? ¿Gusta comprar un raspadito para ver si se saca su mercancía gratis? ¿Quiere participar un sorteo? ¿Quiere donar al Teletón? ¿Quiere cambiar sus puntos?”.

No hay que ser tan injustos con los pobres trabajadores, porque la esclavitud hace mucho que se supone que ya no existe en nuestro país.

Que tenga un bonito día.