Entre las palmeras


Eunice Flores.-

Todo mundo sabe que con los desastres naturales no se vacila, y que, aún con todos los implementos modernos con que contamos, no es suficiente para determinar con certeza que algo va a ocurrirnos, porque el control de toda la naturaleza, incluyendo nuestras vidas, lo tiene Dios.

Todos quisiéramos saber con toda seguridad cuándo va a temblar, cuándo nos va a pegar un ciclón o cuándo va a haber un maremoto, para resguardar nuestra vida y proteger nuestro patrimonio.

Manzanillo está situado en la costa y, por lo tanto, estamos a merced de los fenómenos naturales; pero, para agravar más nuestra situación, también estamos asentados sobre el cinturón de fuego, o sea, encima de algunas fallas tectónicas que, cuando éstas se llegan a mover, producen terremotos de gran magnitud, como la Falla de Rivera, de la que se han originado los sismos de 1985, 1995, 2003, y más antiguamente, 1932, derivando un tsunami, y en 1973.

En esta época, debido al excesivo calor por las estaciones de verano y otoño, los ciclones hacen acto de presencia de cuando en cuando; casi podría decir que en promedio de una semana. Al menos, así ha sido este año. Y, cuando esto sucede, nos apegamos mucho al internet para estar viendo los boletines que emite el Servicio Meteorológico Nacional (SMN). A través de ellos nos percatamos de qué tan lejos o qué tan cerca viene el meteoro. Tanto su velocidad como desplazamiento. Se nos facilita entenderlo porque, hasta hoy, nuestro puerto figura como punto de referencia.

Esto último, por cierto, ha causado molestia entre los empresarios hoteleros y restauranteros, porque, según ellos, dicen que, al mencionarnos en los boletines, se ahuyenta al turismo, y pedirán a la Conagua y al SMN que eviten mencionarnos en el futuro, y que mejor marquen la distancia con referencia a El Paraíso, Armería, como si este lugar no fuera también turístico. ¿Será que se quiere discriminar al turismo local y regional que visita ese lugar? Ahí hay muchos restauranteros y prestadores de servicios.

Ante una situación así, yo pregunto: ¿Cómo le gustaría que lo trataran cuando usted viaja a otro puerto de vacaciones?, ¿le gustaría que le ocultaran que corre algún peligro? A mí, no. Cuando viajo, que no es muy frecuente, pero lo llego a hacer, me gusta instalarme en el hotel, y de ahí salir a conocer el lugar en donde estoy. Si de repente llegara un fenómeno natural que me obligara a permanecer en mi habitación, me daría muchísimo coraje, porque, para estar en un lugar ajeno a mi casa encerrada, prefiero estar en ella mejor.

Además, me sentiría engañada, estafada, angustiada y nerviosa por cómo salir de ahí, y en lo que han de estar pensando en mis seres queridos. Le voy a dar un ejemplo: Usted lleva años viendo folletos de una hermosa isla, paradisiaca, bellísima, y se enamora tanto de ese lugar que su sueño es viajar; así es que ahorra y ahorra por mucho tiempo, quizá años, para darse el viaje de su vida, y escucha en las noticias internacionales y parece que todo está excelente por allá.

Lo mismo le dicen en la agencia, pero que le parecería que a unas cuantas horas de haber llegado al lugar de sus sueños, se topa con personal del gobierno de aquel lugar para sacarlo de su hotelazo de cinco estrellas, y llevarlo a un refugio porque un volcán va a hacer erupción de un momento a otro, y ya está arrojando lava, y que hay toque de queda, no puede salir ni a comprar una golosina, aunque traiga todo el dineral que ahorró. ¿Qué le parece la escenita? Y el gobierno y las agencias lo sabían, y tuvieron tiempo para preparar el albergue; sin embargo, se lo ocultaron.

Cuando “Odile” le pegó en Los Cabos y La Paz, BCS, había 30 mil turistas que no entiendo la razón por la que estaban en esa zona. ¿Será que aun con todo y amenaza de ciclón decidieron viajar?, ¿será que no les avisaron de los peligros que iban a correr?, ¿creen que esas personas estaban radiantes en pleno ciclón?

A muchas de ellas les va a quedar el trauma tan grabado en su mente, que nunca querrán volver a una zona costera a vacacionar. Mismas que, si se hayan enterado del meteoro, hubieran suspendido sus vacaciones a la península por esa ocasión, pero seguramente volverían varias veces en otras épocas.

No entiendo por qué nos empeñamos en ocultar una información que actualmente ya ni se puede hacer; los dispositivos móviles de hoy son muy modernos y la población actual es joven, así que no podemos mentir ni ocultar tamaña realidad, por más que queramos; pero, si ya de presionar vamos a hablar, hay que hacerlo con quienes desarrollan obras y van a paso de tortuga, creando conflictos viales que desesperan no tan sólo a los turistas, sino a los propios porteños.

Hay que pugnar también por tener una ciudad muy limpia y con muchos atractivos para la familia en general. Hoy, las personas que nos visitan tienen una mayor preparación que antes, y una de las grandes desilusiones por las que no vuelven a Manzanillo es por la falta de espacios culturales. No porque en un boletín de ciclón tropical se mencione o no a Manzanillo como referencia para la cercanía del fenómeno.

Además, estos informes generalmente vienen de Miami, del Centro Internacional de Huracanes en la Florida; así que, aquí lo podríamos ocultar, pero no en el extranjero. Que, a decir verdad, es el mercado que más le interesa a los hoteleros y restauranteros locales.

Así es que, podrán no mencionar su cercanía en la radio o medios impresos locales y en la televisión nacional incluso, pero la gente se entera a pesar de eso por las redes sociales, que han ejercido un gran poder de información, como no se había visto antes por otros medios.

Que tenga un bonito día.