Entre las palmeras


Eunice Flores Molina.-

Es casi obligatorio que cuando vamos a un restaurante o nos hospedamos en un hotel, demos la llamada “propina” tanto al mesero como al botones, y ahora ya hasta a las recamareras.

Se supone que la pequeña comisión que se otorga es una forma de agradecer el servicio que se nos ha prestado, la cual debe ser dada de forma voluntaria, sin que nos la tengan que recordar y exigir a cada rato. Hace algunos años no era tan mal visto si ésta no se daba, porque los empleados, tanto de servicios como de restaurantes, recibían un mejor salario que el que ahora les dan.

Ahora, a los empresarios les ha dado por pagar cualquier miseria como sueldo base, y lo demás se lo sacan al cliente por medio de las llamadas propinas. Manipulan mucho al huésped o comensal a través de publicidad, haciéndole creer que si tu das ese extra, es que eres agradecido, educado, “nice”, te da caché y buen prestigio, y como la mayoría de la gente se deja llevar por lo que el otro dice, se portan de manera espléndida para quedar bien; aunque muchas veces, por hacer esto, falte el dinero en casa.

Me parece injusto que le quieran sacar el sueldo de los trabajadores a los comensales, cuando la obligación de otorgar salarios dignos y prestaciones de ley, es de los patrones. Yo más bien pienso que a los pobres trabajadores de los restaurantes y hoteles los traen mendingando el pan, su sustento, pues dependen de lo que el cliente deje. En Japón es mal vista la propina, porque dicen estos asiáticos que es una humillación, ya que sienten que el cliente se muestra superior a ellos, y además sus empresas les pagan tan bien que consideran un honor servir.

Ojalá y en Manzanillo pensáramos de la misma manera, porque todos los trabajadores porteños hacen el trabajo para lo que se les contrató, pues de lo contrario, estaremos viviendo una situación en donde se contrata personal, y luego les decimos: Busca quien te pague.

Eso es lo que está pasando con las mentadas propinas. Yo no digo que no haya gente que de veras la merezca, como por ejemplo, el personal que lleva el gas a las casas o negocios, incluso a los cerros, portando al hombro una bomba de tiempo, además de ser mucho peso, lo que a la larga termina enfermándolos; y, sin embargo, ellos no exigen propina alguna. Una vez que dejan instalado el cilindro, le llenan su comprobante, y le cobran la cantidad oficial, y raro es el que se porten groseros, y uno, en gratificación, les da gustosamente su comisión.

Quizá ellos no sean tan exigentes con esto último, porque casi puedo estar segura que la empresa gasera los tiene bien pagados, y con prestaciones dignas del trabajo que están desempeñando.

Igualmente los de la empresa telefónica, que a veces uno les da sin que ellos pidan nada, porque también su empresa los tienen mimados; pero el servicio es tan de alta calidad, que también gustosamente uno les da algo. ¿A dónde quiero llegar con todo esto? A que, lo que antes era voluntario, ahora se quiere hacer casi obligatorio, e inclusive, ya hasta tarifa dicen tener, que por cierto, hace unos cuantos años era del 15 por ciento de la cantidad total que uno pagaba, y ahora resulta que ya nos dicen que es del 18 por ciento.

Al rato ya va a ser más cara la propina que lo que uno come. La crisis económica la estamos viviendo todos, y, si de veras se quiere fomentar el turismo en Manzanillo, no hay que ser tan duros en estas cuestiones, ni vean mal a quien no la puede dar, porque muchos con esfuerzos ahorran para el hotel, para comer y para el pasaje.

Mejor exíjanles a los empresarios que sean ellos los que le den ese salario digno a sus trabajadores. Y la Croc, por cierto, ¿qué hace?

Que tenga un bonito día.