Entre las palmeras


Eunice Flores.-

Hoy en día se ha vuelto muy común fomentar el cuidado de la fauna a todos los niveles. Se ha empezado a ver por ella e, incluso, se han hecho leyes para la protección de sus derechos. En nuestra entidad está prohibido que los circos ofrezcan espectáculos con animales, siendo pioneros en esta tema, e incluso primero que en el Distrito Federal.

También maltratarlos es un delito que se penaliza, así lo hagan los propios dueños. A mí me parece justo y razonable que sí haya una preocupación por los seres indefensos, e inclusive debieran también de prohibirse algunas suertes de la charrería; aclaro, no todas, sólo aquellas en las que se maltrate a los caballos y al ganado que toma parte. Ya ni hablar de los toros, porque está muy comentado, y es algo muy controvertido.

También me gustaría que se extinguieran las peleas de gallos, y que estos lugares se dejen solamente para espectáculos artísticos; porque no se me hace nada agradable ver dos seres que se tiran a matar por la diversión de algunas personas. De todos modos, la mayoría de los asistentes a los palenques van por ver a los cantantes, no a los gallos.

Sin embargo, hay por ahí un resquicio que se está dejando de lado y que considero bastante importante para la protección de los animales, y el daño que causan algunos ruidos urbanos, muy en especial la detonación de cohetones, ya sea para uso religioso o festividades en general. Quienes tenemos la dicha de tener mascotas en casa, sufrimos mucho cada vez que hay estos estallidos de pólvora de gran potencia en nuestra colonia o barrio, porque nuestros perrunos, gatos y pájaros se ponen muy nerviosos, algunos casi al bordo del infarto. Aparte del daño a sus nervios, también sufren mucho de sus oídos, pues son más sensibles que los del ser humano.

Mi perrita, que se llama Canela, para darles un ejemplo, cada vez que oye un cohetón corre sin ton ni son, tratando de esconderse en donde pueda para huir del estruendoso sonido. Otra perrita de mi vecina, llamada Luna, estalla en aullidos de terror, porque me imagino que sus oídos han de estar pagando las consecuencias de los abusos de la pólvora, y así sucesivamente, puedo decir la desdicha de los animales de mi barrio.

Por todo esto, se me hace injusto y reprobable que esta situación continúe. No estoy atacando el credo religioso de las personas, porque eso es un tema muy respetable; pero sí estoy totalmente en contra de la detonación de los cohetones. Me gustaría que se tomara en cuenta esta situación, y se incluya en las leyes de protección animal que se están elaborando en estos días la regulación de los decibeles a los que se puede llegar con la pólvora.

Porque, si la fauna tiene su dignidad, creo que los seres humanos la tenemos también, y los enfermos sufren por esta causa, sobre todo cuando los estallidos son en la madrugada. Esperemos que pronto llegue el día en que tengamos circos como el Soleil, que es excelente y no trae un solo animal, o el Chino de Pekín, que trae unos espectaculares acróbatas; que haya fiestas de pueblos sin necesidad de corridas de toros; que haya palenques sin tener peleas de gallos, sólo música; que haya fiestas charras, con puras suertes que no hagan sufrir a ningún animal; y que haya festejos de barrios y colonias sin necesidad de andar echando cohetes.

Que tenga un bonito día.