Entre las palmeras


Eunice Flores.-

Gran indignación ha causado lo que ha sucedido en la sección de discapacitados que apartó la Fifa y el comité organizador del Mundial de Futbol 2014 en los estadios en Brasil, porque muchos de los ocupantes se han puesto de pie durante los partidos.

A mí no me indigna esta situación, sino el juicio que han hecho muchos en contra de estas personas, mostrando ignorancia al no comprender que el hecho de estar en una silla de ruedas no los imposibilita totalmente a ponerse de pie y hasta caminar por cortas distancias.

Aquí en Manzanillo, por ejemplo, es sabido de personas que cuando utilizan el estacionamiento con el dibujo de una silla de ruedas y ven que los pasajeros de ese vehículo utilizan la rampa de acceso sin traer a bordo a una persona en silla de ruedas los quitan, si bien les va amablemente y si no, hasta les quieren poner una multa o quitarlos con la fuerza policíaca.

Las rampas no solamente sirven para sillas de ruedas, sino también para facilitar el acceso al invidente, débil visual o personas lesionadas que, aunque pueden caminar, tienen problemas graves con los escalones, y no saben cuánto.

Esto último lo digo porque me consta, pues soy débil visual, pues cuando he ido a conocida tienda de autoservicio, en compañía de mi hermano y mi cuñada en su camioneta, los guardias de seguridad privada nos ven con malos ojos, porque precisamente, no hay una silla de ruedas con nosotros, y es que yo no la necesito. Se ponen ahí porque yo tengo severos problemas de mi vista al no captar el plano inclinado, la tercera dimensión, y por tanto, los escalones; no sé donde termina un peldaño y empieza el otro.

Hasta ahorita no nos han amonestado tan feo, quizá captan que sí lo necesito; pero estoy segura que así como en mi caso, hay muchos otros en el puerto. Hay otras enfermedades que no utilizan silla de ruedas, como es la distrofia muscular, donde las personas, aunque no tienen nada de fuerza en sus extremidades, se pueden parar y desplazarse con problemas y lentitud en distancias cortas.

Hay otras personas que sufren de artritis reumatoide y deformante, que quizá sí pueden caminar lento con dolor y trabajo, aunque la mayor parte del día la pasen sentados en su silla. Y hay quienes han sufrido alguna torcedura, fisura, esguince que les incapacita para laborar, y dificulta caminar, pero que sí pueden ponerse en pie.

Está el caso del famoso presidente de Estados Unidos en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, Franklin Delano Roosevelt, quien se ponía en pie en discursos y eventos multitudinarios, pero no podía caminar, y vivía en silla de ruedas; sin embargo, pocos norteamericanos se enteraron de esto hasta que murió, porque a él le daba vergüenza o temor que el pueblo de esa nación lo supiera.

Como ven, es muy poquito lo que sabemos de las discapacidades, que abarcan mucho más que no caminar. Y ese problema no nada más lo están viviendo allá en Brasil, sino que aquí en Manzanillo muchos choferes de camión se niegan a hacer el descuento de discapacidad porque, según ellos, sí podemos caminar. Otros choferes son tan burros de veras, que tampoco aplican la tarifa especial a los que no cuentan con la tarjeta correspondiente, a pesar de ver a la persona en muletas, ciego o con otros problemas muy evidentes.

Así que, para otra vez que se indigne porque alguien que permanece en una silla de ruedas se para, hay que investigar mejor el padecimiento de esa persona, y no hacer juicios a la ligera. No cabe duda que, en materia de comprensión, en cuanto a la discapacidad, todavía estamos muy verdes.

Que tenga un bonito día.