Entre las Palmeras


EL RESPETO SE ENSEÑA

Eunice Flores

 

Las personas que padecemos alguna discapacidad, nos acostumbramos tanto a nuestras limitaciones, que para nosotros llevar esa vida es lo normal; pero, muchas veces surgen incomodidades que duelen, porque en Manzanillo no hay una cultura de respeto a los discapacitados.

La mayoría de los padres de familia y los maestros no educan a sus hijos o alumnos al respecto, y van creciendo con una total indiferencia a las personas que padecen ciertos límites, y cuando llegan a adultos, esos niños se hacen discriminadores.

Yo padezco una diferencia de mi ojo izquierdo con el derecho, que es tan notoria, que cuando voy a bordo de un camión de transporte público, y delante de mí hay una mamá con un niño, he sufrido la incomodidad de que ese menor se me quede viendo, y hasta se pone de rodillas para verme hacia el asiento de atrás, donde voy. Molesta por la mala actitud del chiquillo, le llamo la atención, diciéndole: “Mijo, no te me quedes viendo, por favor”; y justo ahí, la madre de la criatura se voltea, para decirme grosería y media, porque, según ella, con su hijo bajo ninguna circunstancia me debo meter.

En vez de llamarle la atención a su niño y corregirlo, educándolo para que respete, toman esta actitud. Esta situación la he vivido muchas veces a lo largo de mi vida, y no solamente con niños, sino hasta con adultos; y estos últimos suelen preguntar: “¿Qué le pasó en su ojo?”.

Sé que, así como a mí, hay muchos porteños con capacidades diferentes que sufren este mismo engorro, porque no falta quién se les quede mirando detenida y morbosamente, cuando les falta una extremidad, tienen alguna discapacidad visual, son silentes, etc., mandándolos a permanecer encerrados en sus casas, para no sufrir por la mala educación de chamacos que no son enseñados, ni en sus casas ni en sus escuelas, sobre el respeto a los discapacitados.

Es urgente que en Manzanillo se tomen cartas en el asunto para cambiar esta situación, porque muchas veces, quienes padecemos limitaciones, nos acordamos de ellas hasta que otras personas morbosas nos las hacen notar.

Otra forma de faltarnos al respeto, es no haciendo accesos propios para nuestras necesidades, como las rampas en las banquetas, que muchas de ellas son más bien burlas, pues aunque tienen un aparente declive, terminan en barda; en otras, al llegar a la parte superior, justo ahí hay un poste, y otras de plano, no dan las medidas adecuadas para que pase una silla de ruedas; no hay elevadores en sitios públicos, no hay letreros en braille, no hay semáforos actuados, etc., etc.

Creo que Manzanillo es de todos, tanto de personas sanas como de las que no lo estamos del todo, y todos merecemos respeto.

Que tenga un bonito día.

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