Entre las palmeras


Chéquele bien

Eunice Flores.-

Este pasado martes se suscitó un accidente entre un camión de servicio urbano de transporte pasajeros y un particular, causando lesiones a las personas que viajaban a bordo de ambos vehículos. Yo me enteré por un medio radiofónico de esta situación y escuchaba decir que una pasajera de la unidad pública le preguntó al chofer si el carro iba descompuesto, ya que se sacudía mucho cuando frenaba, y el operador le contestó groseramente: “Soy chofer, no mecánico”.

Se me hizo extraño que una vez que la señora detectó un problema mecánico no se haya bajado, sino que decidió arriesgar la vida. No es el único automotor que seguramente anda mal, pues, si fuéramos observadores, nos daríamos cuenta que son varias las unidades que dejan mucho qué desear y para detectar estos problemas se ocupa simplemente tener sentido común y ser observador, aunque no seamos mecánicos.

Por ejemplo, si vemos que al frenar, por muy a fondo que el conductor le pise al pedal el carro tarda en detenerse; aguas, es una señal.

Si al meter la velocidad se oyen tronidos y el carro se zangolotea, no es normal, si no todos los carros lo harían. Si se volantea a la derecha y vemos que con trabajos responde, o vemos que la dirección se va ligeramente al lado contrario, está fallando de ella. Si acelera y no arranca, va como frenado, también hay un problema. Esto es en la parte mecánica, porque también hay que tomar en cuenta la parte humana.

Si vemos que el sujeto que trae el camión va a exceso de velocidad, se pasa semáforos en alto, va a música a exceso de volumen, va muy salido de su carril, se comporta como si fuera bajo el influjo de alguna droga. A todo esto añadamos que huele mucho a balata quemada porque el individuo no sabe frenar o abusa del freno, son otros indicadores que nos dictan bajarnos inmediatamente de la unidad o usar nuestro teléfono celular para dar la queja a tránsito o la dirección de transporte, no importa que aún vayamos a bordo.

Casi todos los automotores públicos traen el número de la unidad rotulado por dentro y por fuera. Yo soy muy desconfiado, porque ya hace muchos años sufrí un accidente, precisamente en un camión del transporte público de pasajeros, pues la dirección le andaba fallando; sin embargo, así andaba en servicio. Así es que cuando me subo a uno de éstos, cuido mucho los detalles, y si es necesario, hago preguntas a los operadores, aunque se enojen, y si la cosa es tan grave que lo amerite, me bajo. Ya lo he hecho y no me da pena, así me acabe de subir.

Se vigila demasiado a los camiones, pero también se está dejando de lado a los taxistas. También ahí, en este segmento del transporte urbano, hay cosas de las que se debe tener cuidado. Cada vez es más frecuente que estos vehículos corran a muy altas velocidades, sobre todo en los distribuidores viales. Y hay quienes hasta se dan el lujo de soltar el volante, cuando van rápido, porque van checando su celular; esto último no me lo contaron, yo lo viví hace un mes, con un chofer del Sitio México, quien hasta se agachaba para ver muy bien la pantalla de su monitor, leyendo sus mensajes, olvidando completamente que iba en carretera, en la parte del distribuidor vial a la salida del Valle de las Garzas.

A propósito de este segundo piso, no sé si esté prohibido o no que los motociclistas circulen por estas vialidades, pero no debieran hacerlo, ya que estos puentes son para alta velocidad, y son un riesgo tanto para ellos como para los otros vehículos.

Hay demasiada negligencia por parte de los operadores del transporte público, y yo creo que difícilmente esta actitud pueda acabarse en su totalidad, porque los seres humanos estamos expuestos a muchos cambios de ánimo, de salud, de modo de pensar, de experiencias, etc.; pero creo que los pasajeros debemos ser más prudentes que los choferes y tener la capacidad de juzgar la unidad en la que nos vamos a subir, y si no le late, no la aborde. Y si ya está arriba, bájese.

Que tenga un bonito día.