Entre las Palmeras


¿Estaremos listos cuando suceda?

 

Eunice Flores

 

El próximo domingo 9 de octubre, Manzanillo recordará, sin duda, el terremoto ocurrido en esa fecha durante el año de 1995. Será casi imposible hacer simulacros, porque caerá en un día natural, no hábil.

Para quienes tienen poco tiempo radicando aquí, un 9 de octubre de 1995 Manzanillo fue sacudido por un terremoto de más de 7 grados en la escala de Richter, por el que tuvimos daños, pérdidas de edificios y de vidas humanas. Donde también se descubrió que las colonias Burócrata y Libertad son las más sensibles e inestables de todo el municipio; sí, ahí donde actualmente se están haciendo las obras del distribuidor vial y el túnel ferroviario.

A pesar de lo ocurrido, los porteños no somos muy dados a hacer simulacros y, cuando se llegan a hacer, quienes participan en ellos no les dan la debida importancia. En parte, hay razón, porque a la hora de un terremoto real, cada ser humano reacciona de diferente manera.

Hay a quienes hasta infarto les ha dado al momento de sentir el movimiento de tierra, por el susto que sienten; otros se paralizan y no pueden dar un paso, permaneciendo en sitios altamente peligrosos, como en escaleras, bajo marquesinas, cortinas metálicas, balcones, etc.

Hay quienes cometen locuras, como saltar desde segundos pisos, y otros, sin pensar cuerdamente, creyendo estar seguros por estar en la calle, se ponen bajo cables eléctricos de alta tensión o en el paso de los carros.

En fin, toda una serie de comportamientos que no ayudan en nada a la hora de un desastre como éstos, aunque hayan participado muchas veces en simulacros a lo largo de su vida. Soy de las que creé que sirven de poco, más bien confío en la teoría que se nos dé. La instrucción muchas veces es más eficaz que lo práctico. Por ejemplo, ¿quién no se acuerda del “No corro, no grito y no empujo”?

Aunque no se haya participado en un simulacro, esta frase se nos ha metido tanto, que nuestro subconsciente la trae a colación aún en los sismos más pequeños. Los simulacros deben ser guiados y tener una enseñanza; pero, si no se logra entender la situación, de nada sirve. Si el instructor logra hacer entender a los pupilos qué es un terremoto y qué es lo que se debe y no hacer durante y después del evento natural, será más fácil que la hora de uno real, esas instrucciones se recuerden y se pongan en práctica.

Si en cuanto a terremotos todavía estamos verdes, le voy a decir en qué estamos aún peor. Ha pasado el tiempo y los manzanillenses no hemos aprendido nada acerca de tsunamis o maremotos. Y aunque nuestra ciudad no ha experimentado uno de grandes proporciones en muchos años -desde 1932, para ser más exactos-, el riesgo es latente.

Aquí sí ni simulacros ni instrucciones ni nada. Lo que es peor, Protección Civil no ha marcado rutas de evacuación suficientes para en caso de desencadenarse uno.

De acuerdo al aniversario de 1985 y a una aplicación que tengo en mi smartphone, por mi ubicación se nos dan 20 minutos para que nos caiga encima una ola gigante. Ignoro si es un tiempo razonable, si es de veras bien calculado que sólo tendríamos ese tiempo, ya que esa alarma la mandan desde la Ciudad de México; pero, desafortunadamente, es la única información de la que tengo conocimiento, ya que nuestras autoridades locales jamás nos hablan de la posibilidad de marejadas post terremotos.

¿Se imagina lo que sucedería si algo así llegara a ocurrirnos? Ni siquiera existe el conocimiento que en nuestro entorno haya instaladas alarmas o sirenas para alertar a la población, ni boyas detectoras de elevación inusitada de la marea, señal de un posible maremoto. Se habla que hay algunas colocadas en mar abierto, pero no hay mucha información al respecto.

¿Toda la población de Manzanillo alcanzaría a subirse a los cerros en 20 minutos?, ¿la comunidad portuaria tendría a dónde huir, si está pasando el tren o todos los de la playa de San Pedrito y la colonia Burócrata?

Creo que ya va siendo hora de tomar en cuenta no solamente la posibilidad de terremotos de gran magnitud, también hay que añadirle la de un tsunami.

Que tenga un bonito día.