Entre las Palmeras


Qué fácil es hablar

Eunice Flores

Qué fácil es declarar que a la gente no le gusta barrer el frente de su casa. Esto es lo que escuché decir al director de Servicios Públicos del Ayuntamiento, porque en el pasado temporal recogieron entre 6 y 7 mil kilos de basura. Dijo el funcionario que de esos desechos, predominaban la hojarasca y la basura callejera.

En primer lugar, los porteños tiran la basura en la calle al ir pasando porque Servicios Públicos tiene muy pocos botes de basura. Tal parece que no les dan ganas de poner los suficientes para la cantidad de gente que tiene actualmente Manzanillo.

En segundo lugar, los porteños hoy viven más esclavos de su trabajo, que de cualquier otra cosa. Muchas veces no tienen tiempo ni para lavar los trastes en donde comen, porque andan a las carreras, menos lo van a tener para andar barriendo la calle.

En tercer lugar, no es fácil para las poquitas amas de casa que todavía quedan, barrer el frente de su vivienda con hombres groseros y misóginos que todavía existen en Manzanillo. Ah, porque hay muchos de esos todavía a pesar que se hacen campañas y campañas para evitar el maltrato a la mujer. En mi caso, soy de las que no barren el frente de su casa, porque resulta que al otro lado hay una constructora y varios trabajadores se divierten de lo lindo ofendiéndome con las más obscenas groserías que se pueda imaginar. Me han faltado al respeto hasta que se han hartado, y de una vez lo digo, para evitar encontrarme con esta gentuza, no voy a salir a barrer al frente de mi casa, pues temo que un día me vayan a hacer algo.

Creo que la basura que se va a las alcantarillas es porque las rejillas son muy anchas, y ahí le cabe lo mismo una hojarasca que una piedra de considerable tamaño. Vasos, platos, servilletas, ruedas de bicicleta, palos, botellas, latas y muchas cosas más. Bueno, hasta el pie de varias personas que se han accidentado por esto, han tenido cabida en la rejilla de las alcantarillas.

Si pusieran suficientes botes de basura y las tapaderas de las drenes pluviales y drenaje público fueran más angostas, pero mucho más, colapsarían menos en una tormenta como la que nos acaba de pasar.

Qué fácil es juzgar a la ligera y decir con severidad que a los porteños no nos gusta barrer el frente de nuestras casas. Y las migajas de tiempo que se dan en los trabajos para convivir con la familia y descansar físicamente, esto es en todos los ámbitos, lo que menos va a querer andar haciendo uno es barrer el frente de su casa.

Al rato nos andamos quejando de hijos que crecen solos, sin la presencia de sus padres en casa, o de tantos divorcios, que dizque combaten a través del DIF, pero por otro lo provocan, permitiendo que los patrones en nuestra ciudad le roben el tiempo al trabajador que le corresponde a la familia, la prueba de ello es la creación de tantas guarderías; pero bueno, esta es otra historia, dijera la Nana Goya. Así que, no se barren los frentes de nuestras casas, no por falta de ganas, sino por falta de tiempo y de protección social.

Que tenga un bonito día.