Entre las Palmeras


NOMAS ESO FALTABA

Eunice Flores

Estaba escuchando la radio, y entre tantos anuncios que pasan, escuché uno que llamó mi atención; me percaté que en ese spot había cierta información que había pasado por alto, pues ya lo había visto en TV, y que a continuación quiero comentar.

Se trata de que cuando haya alguna tormenta fuerte, las personas vulnerables a inundaciones acudieran al refugio más cercano, llevando consigo documentos importantes, un botiquín médico, agua y alimentos. Aparentemente esta información suena trivial y como si esas recomendaciones fueran de toda la vida, pero no es así. De hecho, es la primera vez en mi vida que he escuchado anuncios donde a los posibles damnificados se les pide que lleguen al refugio con agua y alimentos y todo lo mencionado anteriormente.

Por mera lógica se entiende que no es posible que se les pida a los damnificados que lleven algo más allá de sus documentos personales, pues en ocasiones tienen que salir corriendo para salvar sus vidas y las de sus familiares, y no tienen tiempo de ponerse a buscar ni cargar cosas. En momentos así, lo más importante es salvar la vida. No cabe duda que en vez de ir para adelante, en muchas cosas vamos para atrás.

Se supone que un albergue de gobierno, que sería el municipal, debe habilitarlo con agua y alimentos, además de colchonetas o catres y ropa de cama para abrigarse; porque ya nada más falta que también les pidan que lleven donde dormir a los refugiados. A ver si el día de mañana no les quieren pedir que lleven despensa o les pretendan cobrar la entrada, como si el albergue fuera hotel.

El 9 de octubre de 1995, la colonia Libertad fue de las más afectadas por el terremoto de más de siete grados que golpeó con fuerza a Manzanillo. La escuela primaria Marina Nacional fue habilitada como refugio para los colonos afectados. Recuerdo que fue un albergue muy bonito, porque, a pesar de lo triste y hasta dramático de la situación que se vivía en esa emergencia, muchas familias iban a comer o a cenar a la cocina que instalaron en su interior los elementos de la Armada de México, quienes, por cierto, hicieron extensiva la invitación a todos lo que vivían en los alrededores, a pesar que las casas de algunas familias no estuvieran afectadas; pero se les invitaba para que convivieran con sus vecinos y así superar el shock el post traumático que en ese tiempo muchos tuvieron.

Además, debido a que las réplicas eran constantes y fuertes, los vecinos de la colonia Libertad desayunaban, comían y cenaban en el albergue de la escuela Marina Nacional, para no tener que entrar a sus domicilios; y nunca se les pidió que llevaran alimentos, cobijas ni agua, faltaba más, si eran damnificados. A la que escribe todo esto le consta, pues en esa época vivía en esa colonia.

Sé que nuestra presidenta municipal Gabriela Benavides no pediría que los afectados por un desastre natural llevaran sus propios alimentos, agua y otras cosas para su estancia en un refugio, porque es una mujer admirable y muy sensible, que ayudar a la gente que lo necesita ha sido una de sus más grandes virtudes. Lo único que sí le pediría es que, ante la cercanía de un fenómeno, ya sea una lluvia fuerte o ciclón tropical, se abran con suficiente antelación los albergues, porque a veces sucede que se les da apertura en pleno azote del meteoro; también que se pongan letreros visibles desde la distancia, que esa escuela o ese edificio equis será refugio en caso de ciclón.

Recordemos que en Manzanillo la temporada fuerte de lluvia y ciclones es en septiembre y octubre. De lo único que no podemos estar avisados nunca es de un terremoto, que puede ocurrir en cualquier momento.

Que tenga un bonito día.