Entre las Palmeras


BENEFICA Y REDITUABLE LABOR

Eunice Flores

Ante una situación económica tan atroz como la que se está viviendo, muchos padres de familia se han quedado sin trabajo; y lo peor es que a muchos de ellos, que sobrepasan los 45 años de edad, no los contratan ya tan fácilmente, pues la mayoría de los empresarios prefiere a jóvenes veinteañeros o treintañeros.

Para remediar la falta de empleo, hay quienes optan por salir a pescar a cordel, y lo que sacan se lo comen o lo venden, si la pesca es abundante. Otra forma de hacerle frente a la vida es a través de pepenar desechos de aluminio, cobre, cartón, plástico, etc. Aunque se pueda creer que este trabajo es fácil, hay quienes tienen que caminar mucho en pleno rayo del Sol, o por la noche en la inseguridad de las calles, buscando en los paraderos de basura su preciado tesoro, que les ayudará a comer y solventar algunos gastos del hogar.

Es verdad que, para esto, a veces algunos llegan a hacer un tiradero con los despojos que ya se tenían listos para que el camión recolector se los llevara, en su desesperación por salir adelante, se ven obligados a llegar a estos extremos. Pero es gracias a estas personas que se dedican a pepenar, en Manzanillo se ha adquirido poco a poco la cultura del reciclaje, pues muchos chatarreros recorren las calles para comprar desechos, que en realidad son basura, pero que, por la cultura del reciclaje, se han podido rescatar.

En el hogar, muchos hemos aprendido a separar la basura por diferentes clases de materiales, y las entregamos a quienes van a nuestro domicilio por ellas. Ellos han logrado lo que el gobierno y organizaciones no han podido inculcarnos como sociedad, porque antes de esto, nunca hubo estímulo alguno para que lo hiciéramos, y cuando se hacía alguna campaña para recaudar plástico o aluminio, era solamente por una corta temporada. Lo único que se les pediría es que una vez que encuentren lo que buscan, dejen las bolsas como estaban para que la basura no se riegue, y no vayan luego a molestarlos, sancionarlos o prohibirles que realicen esta labor.

Además, los pepenadores contribuyen a alejar al zancudo transmisor de enfermedades como el dengue clásico, dengue hemorrágico, chikungunya y zika. Vaya usted a saber, cuántas otras enfermedades. Ayudan a desentilichar las casas, pues ese refrigerador viejo, estufa inservible, lavadora que no se utiliza, motores en fin, toda clase de cacharros, son vendidos a estos chatarreros y, así se ayudar a la comunidad porteña.

En estos tiempos, desentilichar nos da a ganar unos pesos, y les ayuda a quienes no tienen un vehículo para llevar sus cacharros de gran tamaño a lugares de acopio, porque les quedan muy lejanos. Ojalá y los pepenadores sigan teniendo la oportunidad que hasta ahora tienen, porque verdaderamente brindan un servicio muy necesario a las familias manzanillenses, a la ecología y se auto-emplean. Y que nunca vayan a ser obstaculizados por nadie en su benéfica y redituable labor.

Que tenga un bonito día.