Entre las palmeras


Eunice Flores.-

Uno de los beneficios que muchos porteños hemos tenido de esta administración es la pavimentación hidráulica de algunas calles en diferentes barrios y colonias; incluso, algunas no habían sido remozadas por décadas, y ha sido en la actualidad cuando al fin se ha logrado la calidad deseada.

Muchos hemos pasado por grandes sacrificios, como el corte frecuente del suministro de agua o acceder a las viviendas con muchas penurias durante el tiempo en que las obras se han llevado a cabo, además de otras molestias, pero creemos que ha valido la pena cuando finalmente vemos que nuestras vialidades lucen muy bonitas y se puede transitar en ellas sin problema alguno.

Pero, para algunas colonias, esta bendición ha durado muy poco tiempo, ya que el embellecimiento de sus calles se ha visto afectado por obras posteriores de reparación por parte de la Capdam. Resulta que, una vez terminadas sus maniobras, la acera o carretera que abren no la dejan con la excelente calidad que nuestro alcalde entregó; sino que éstas quedan parchadas con tierra, plastas irregulares, asfalto corriente, etc. En pocas palabras, como desde hace varias décadas han venido acostumbrando los trabajadores de esta dependencia paramunicipal.

Creo que los directores no han tenido culpa alguna, porque ellos han hecho muchos esfuerzos por sacar a la Capdam adelante, e inclusive el actual director hizo un sorteo para rifar un auto para quienes pagaran el recibo del agua a futuros consumos, para así motivar a la ciudadanía y de esta forma recaudar más fondos.

Esto es algo que admira y se felicita, porque no es fácil motivar a los consumidores para que acudan a las oficinas a pagar. Lástima que los trabajadores de la paramunicipal no tengan la misma visión, pues se ve que no hacen ningún esfuerzo para brindar un servicio de calidad a los usuarios a la hora de hacer reparaciones.

Esta es una situación bastante crítica, porque los malos trabajos no solamente afean las calles con esas cuachalotadas que resultan tras las reparaciones, sino que ponen en riesgo la integridad física de los porteños, sobre todos los que sufrimos una discapacidad o los que tienen una edad avanzada.

Para los que no vemos bien, por ejemplo, es muy fácil que tropecemos con algún bordo de los que saben dejar, y que a causa de esta caída podamos golpearnos la nuca o fracturarnos alguna extremidad. También podemos caer dentro de algunos de sus hoyos, que suelen dejar abiertos por mucho tiempo después de que ya terminaron su reparación. Prueba de ello son las banquetas de la ciudad, pues casi no hay ninguna de ellas que no esté parchada o agujerada, teniendo muchas veces que caminar la gente por debajo de la acera por estar en mejores condiciones que la banqueta.

Porque creemos que es más difícil que nos atropelle un carro que darnos un buen porrazo por las irregularidades de las reparaciones. Me gustaría que se les diera una exhaustiva capacitación a los trabajadores de la Capdam, para que en futuras obras aprendan a dejar las calles con la misma calidad que como el alcalde las está entregando, porque, de no ser así, el gusto de disfrutar de nuestros barrios y colonias en buen estado nos va a durar muy poco.

Creo que no es difícil lograrlo, sólo es cuestión de poner empeño por parte de los trabajadores, el mismo que ha puesto su dirección en su función por disponer de una dependencia de calidad, y que haya vigilancia o supervisión de sus trabajos de reparación del drenaje y las tuberías de agua potable.

Qué bueno que pongan directores como el actual, que de sobra es conocida su capacidad e inteligencia, como se demuestra al buscar recabar más fondos, pues estimular los pagos a tiempo no es tarea fácil. A la ciudadanía le recomiendo que cuando se deje una mala obra, la reporten, y, si es necesario, hasta tomen fotos de las irregularidades resultantes de su trabajo. Porque, los responsables de que nuestras calles se mantengan y cuidan es más de nosotros que de nadie.

Que tenga un bonito día.