En la Mira


René Montes de Oca.-

EL pueblo de México, muy lastimado históricamente a consecuencia de cruentas luchas, fundamentadas en movimientos etiquetados como actos de sedición por los gobiernos en turno; no busca ahora el desprestigio de su inconformidad al manifestarse, por el contrario, con profundo dolor pretende elevar  la conciencia nacional, demandando a las autoridades el manejo de mejores políticas gubernamentales, para evitar  que nuestro país pierda solidez institucional y caiga en situaciones de desesperanza.

No es la intención de ningún buen mexicano que se precie de serlo, provocar la irritación de las cúpulas de gobierno, ni mucho menos que se llegue a pensar que una importante y trascendental inquietud nacional pretenda desestabilizar al país.

Los mexicanos somos gente noble, tolerante e institucional, el sufrimiento del pasado, nuestro origen de esclavitud que luego sufrió del abuso del latifundismo, la tienda de raya y el mediero explotado, han forjado nuestra conducta pacifista, respetuosa y solidaria; no podemos tener otra, nuestra postura es gobiernista, porque no tenemos mejor alternativa. Luchamos hasta con las armas por tener un buen gobierno y ahora sería injusto que por  los errores de unos cuantos, echemos por la borda lo que queda de aquel proyecto nacionalista y revolucionario, que todavía maneja como bandera la justicia social.

Acciones como la de dotar de televisores modernos a unos cuantos hogares paupérrimos, hablan por sí solas de la buena intención de la federación, al no dejar sin señal a  algunas personas en estado de pobreza extrema. Pero consecuencias, como el excluir del proyecto a grandes manchas menesterosas, que por desgracia no se incluyeron en la repartición generosa del receptor  y quedarán desamparados con el famoso apagón, hablan ya de injusticia.

Son pequeños señalamientos, jamás actos de sedición. Como tampoco se pretende combatir al gobierno al hacer la observación del desorden imperante en la Comisión Federal de Electricidad, en donde el monopolio ha influido para que se incrementen los abusos contra los usuarios y ahora se anuncien las instalaciones de nuevos medidores, logrando que la gente desconfíe y luego piense que se tratará de otra artimaña para perjudicar más al consumidor cautivo que siempre pierde cualquier alegato.

Los mexicanos nada más se inconforman, dudan de casi todas las acciones de los protagonistas, ya no ven mucha seriedad en las políticas gubernamentales, pero esta situación, jamás debe considerarse sediciosa; simplemente es el resultado de la gran descomposición social en que ha caído un país en donde las condiciones  se polarizan; muchísimos ciudadanos viven en la extrema pobreza y marginación, mientras que son pocos los que cuentan con el privilegio de ser extremadamente ricos y poderosos.

Ya hasta los propietarios de gasolineras de nuestro estado, se quejan por conducto de su vocero de que están recibiendo insistentes propuestas de que vendan sus negocios. Esta maniobra se denuncia, por temor a que sea el preludio de otras acciones desestabilizadoras de este importante sector empresarial.

Pero afortunadamente en Colima, las denuncias se hacen dentro del marco de las buenas costumbres, ni pisca de actos de sedición.

Y hablamos con insistencia del término sedición, poco acostumbrado en nuestro lenguaje coloquial, porque anteayer, celebramos un aniversario más de la Revolución Mexicana y recordamos aquella pléyade de idealistas como los Flores Magón, los Serdán, Esteban Baca Calderón y muchísimos más, quienes en aquellos tiempos, fueron exhibidos como vulgares sediciosos por la élite oligárquica nacional.

Ahora las manifestaciones se consideran actos vandálicos. Es que  por desgracia, grupos radicalistas con actitudes enfermizas de resentimiento político, contaminan la expresión genuina de los demandantes de justicia social y alto a la violencia.

Los que se encapuchan son los que no luchan limpiamente, los mexicanos bien intencionados, muestran la cara, aún en fotografías que se difunden por el mundo, como los 43 estudiantes normalistas desaparecidos y que extrañamente no se pueden localizar ni con la tecnología más sofisticada.

Las protestas y demandas deben hacerse en un clima de paz y respeto, pero enérgicamente; la virilidad, arrogancia y valentía, no son conductas censuradas por la institucionalidad; de ahí que no cabe la tibieza de algunos supuestos luchadores sociales y gentes del sistema,  quienes dicen apoyar las demandas que se están expresando a lo largo y ancho del país, pero lo harán respetuosamente desde el mullido sillón en su escritorio.

 

EL RECONOCIMIENTO DEL SNTE  A VIRGILIO

 

Un gran acierto que la Sección Seis del Snte, que a través de su dirigente Francisco Javier Pinto Torres, se haya entregado un reconocimiento al presidente municipal de Manzanillo, Virgilio Mendoza Amezcua, por su respuesta positiva de apoyo al magisterio en la labor que desempeña en ese municipio.

El actual líder magisterial, exhibe su criterio plural y desapasionadamente, rinde honor a quien honor merece.  Esta postura debería ser imitada por otras organizaciones, para que se rompa ese criterio entreguista, que se refleja en la costumbre servil de alabar a los protagonistas de siempre, aunque  muchas veces carezcan de los méritos suficientes.

Lo señalamos en una ocasión en esta columna y ahora lo ratificamos con gusto: Tres presidente municipales han destacado por su estilo de gobierno: Justo, austero, visionario y laborioso y en ese orden los volvemos a nombrar: Federico Rangel Lozano de Colima, Virgilio Mendoza Amezcua de Manzanillo e Indira Vizcaíno Silva de Cuauhtémoc. Emanados del PRI, PAN y PRD, respectivamente.

En un evento que hablaría muy bien de la madurez política y una buena cultura, sería muy bien visto que se premiara a estos tres elementos que han trabajado sin pasiones enfermizas, se han dedicado a lo suyo y nos imparten una verdadera cátedra del respeto ideológico que debe imperar en esta difícil actividad de la política.