En la Mira


La violencia puede derivar

en democracia para el 2015

René Montes de Oca.-

Nuestro país atraviesa por una seria problemática de violencia. Los motivos se acrecentaron por negligencia oficial; la cuestión tiene mucho fondo, pero los errores administrativos y políticos han dado cabida al escándalo imperante.

Todo cambio acarrea inconformidad y tal parece que las reformas propuestas por Peña Nieto, así como otras actitudes muy cuestionadas en los medios, han logrado menguar seriamente la popularidad de nuestro primer mandatario.

En México sucede algo interesante, una situación que debe atenderse con seriedad, puesto que de asumirse una actitud negligente e irresponsable, minimizando el grave fenómeno socio-político y económico que atravesamos, corremos el riesgo de agravar las inconformidades y quebrantar, aún más, la solidez de una nación, que espera mejores actitudes de quienes tienen la enorme responsabilidad de conducir la nave, precisamente ahora que zozobra.

La falta de credibilidad del pueblo mexicano ha llagado a límites peligrosos, un proyecto que no da visos de certidumbre, corre muchos riesgos, por ello debe preocupar mucho a la actual administración, la duda que prevalece entre la ciudadanía, la falta de confianza a una promesa que cada día toma más visos de burla, engaño vil, paliativo demagógico.

México tiene que buscar mejores caminos y si las autoridades se ven limitadas, será sin duda el pueblo el que participará con mayor decisión en la noble tarea de enderezar entuertos, de moralizar las estructuras dañadas, de sanear organismos que no operan con decencia.

Naturalmente que no es recomendable el camino de la violencia y el desorden para corregir el rumbo nacional, son actitudes como una participación cívica de altura, el discurso solidario y la limpieza propositiva, algunas conductas que pueden coadyuvar a la empresa de conformar un país diferente, sano y prometedor, libre de vicios e inmoralidades.

Es que no ponemos los pies sobre la tierra. Nuestra patria aún está plagada de personajes connotados del crimen, unos entran y otros salen, como en su casa, a prisiones de “alta seguridad”. México es el país en donde se conceden amparos sin ninguna clase de miramientos y en un marco completamente ajeno a la legalidad; aquí las cárceles parecen de kermeses, en ocasiones pensamos que estamos jugando a los buenos y a los malos, sin poder definir quiénes son los buenos, si es que acaso existen.

Es que la poca importancia que en los medios políticos y oficiales se le brinda a lo que debería contemplarse como escándalo vergonzante, la tibieza con que se reciben noticias de latrocinios, sobornos, peculados, desvíos de recursos e inmoralidades de todo tipo, nos dan la impresión de que estamos viviendo en un país de juguete, en donde un conglomerado de gente se divierte protagonizando a la ciudadanía y unos cuantos personifican a los intocables, figuras con fuero, canonjías, prebendas, inmunidad y privilegios de todo tipo.

El presidente viaja, qué bueno, por lo menos nuestro nombre se sigue manejando en foros internacionales, nuestros representantes saben de protocolos y formulismos diplomáticos, en el mundo se dan cuenta que existimos, ¡qué bueno!, aunque en muchas ocasiones se nos ubica en una situación como la de Africa del Sur, antes de Mandela.

El vandalismo es la peor acción que debe adoptar la inconformidad, es el extremo de los torpes y los desesperados, por ello, mientras exista, no logrará atención cupular. Es a las presiones fuertes, agresivas y severas, que no se ven pero lastiman con fuerza, a las que teme el gobierno, esas que silenciosamente maneja la iniciativa privada, muy calmadas y sin tanto aspaviento, pero que logran sus objetivos.

Sin embargo, se están dando dos fenómenos que pueden influir en un cambio de actitudes en el centro: La falta de credibilidad de los ciudadanos, que va a la baja de manera alarmante, así como la preocupante popularidad del presidente, tendrán mucho que ver para que en Los Pinos se respete la democracia en los procesos electorales que se avecinan. No es el momento adecuado para que de manera arbitraria las cúpulas, resquebrajadas, decidan las candidaturas del PRI, derecho que le corresponde al pueblo y que ahora es un buen momento para regresárselo, que sean los ciudadanos los que elijan a la gente que ha trabajado cerca de ellos, para que lleguen a los cargos de elección popular, mediante un proceso democrático puro, con lo cual Peña Nieto sumaría muchos puntos a su favor… y vaya que los necesita.