En la Mira


René Montes de Oca.-

César Camacho, dirigente del priísmo nacional, vino a Colima y habló muy claro de las actitudes que el instituto político que encabeza asumirá antes, durante y después del proceso electoral del 2015.

Resulta saludable que las figuras relevantes intervengan con su autoridad partidista, porque transparentan muchas acciones que confunden a la militancia y propician reacciones negativas de la ciudadanía en general.

Hace tiempo nos visitó Tulio Hernández, político tlaxcalteca, quien iniciara de manera ascendente su carrera bajo la sombra de Alfonso Martínez Domínguez y llegara a gobernar su entidad federativa.

En su calidad de líder del tricolor, el talentoso hombre de la tierra de Xicoténcatl prácticamente nos vino a advertir de los focos rojos que deberían encenderse en el partido, puesto que de no incrementar la acción y la unidad partidista, corríamos el riesgo de caer ante una oposición que estaba trabajando con afán por sacar al PRI de Los Pinos.

Cuando todos dudábamos de la alerta emitida por el líder, éste, con tono severo y hasta cierto punto molesto por la pasividad de la concurrencia priísta local, sentenció algo más o menos así: No hemos valorado bien la situación, nos estamos dejando llevar por el exceso de confianza, no hemos trabajado lo suficiente y aunque parezca increíble, nos encontramos en serio riesgo; de seguir así, podemos llegar, incluso, a conocer la derrota electoral.

Nuestra mentalidad provinciana no entendió la magnitud del mensaje de Tulio; es más, hasta nos molestó una postura tan pesimista del alto mando, por ahí se escucharon algunos comentarios: “Pos éste qué se cree, nomás vino a regañarnos”. Los resultados los vimos después, con la derrota de Labastida y luego la de Roberto Madrazo, como resultado de un canibalismo priísta nunca visto y una ambición desmedida de la élite partidista.

Ahora, César Camacho manejó un discurso nuevo, brindó el espaldarazo a la corriente democrática dentro de su partido, ponderó el orden y la institucionalidad como ejercicios prioritarios en la práctica política, habló del trabajo y la militancia digna como herramientas infalibles para llegar a las candidaturas.

El dirigente nacional, con el poder de su alta investidura partidista, vino a borrar de tajo la ya famosa y muy cuestionada lista de 10 aspirantes a la candidatura al gobierno de Colima; se pronunció en contra de élites, señalando que el derecho de aspirar lo tiene todo militante colimense. Convocó a ser respetuosos con la normatividad del partido y enfatizó que no se puede reconocer a nadie como aspirante de manera exclusiva ni oficialmente, simple y sencillamente porque aún no son los tiempos que señalará una convocatoria próxima a ser emitida por el partido.

Como quien dice, aquí se cierra el controvertido tema de los 10, tan manejado en los medios.

César Camacho se ganó la ovación espontánea cuando habló de que el dedazo no encaja en el PRI por anacrónico, una simple práctica sucia de un pasado nada constructivo. También cuando dijo que en las decisiones de candidato y candidatas se respetará la voluntad del pueblo y que llegarán los mejores elementos, los más trabajadores, talentosos y respaldados por las personas; aquellos que den más y mejores resultados, los que garanticen el triunfo que será de todos y no de nadie en particular. Subrayó que el partido y los colimenses seremos los que ganaremos las próximas elecciones.

Buena postura la del jerarca priísta. El discurso de César Camacho vino a aplacar este ambiente de especulaciones y urdimbre que estaba creciendo en torno a las candidaturas del PRI. Aquí se cerraron los capítulos del amiguismo y de las influencias, ya no cabrán los pronósticos de los enterados de cafés, ni las opiniones de los allegados a tal o cual personaje político, de nada servirán como referencia las señales políticas ni el coqueteo entre los actores.

Simple y sencillamente, la dirigencia nacional nos vino a decir que el camino es el trabajo, la decencia, la sensatez, le imagen y el respaldo del pueblo. En una palabra, ni de Los Pinos ni de Palacio de Gobierno, saldrá un candidato que debe emanar única y exclusivamente de la voluntad popular. ¡Qué bueno!