En la Mira


Candidatos sin nexos con el crimen

René Montes de Oca.-

Ahora también los empresarios pedirán a los partidos políticos que sean cuidadosos de no incluir candidatos cuyas figuras sean asociadas con el crimen organizado.

Y es que en Colima se ha especulado mucho de que existe cierta afinidad de algunos actores con personas connotadas del narcotráfico. Se ha llegado a comentar, sin pruebas suficientes, que algunas campañas políticas han sido pagadas con dinero “sucio” y que algunos políticos están seriamente comprometidos con quienes generan violencia y alteran el orden social.

Las autoridades especializadas en la materia tienen una memoria muy efectiva y con seguridad instrumentarán filtros muy escrupulosos para que no se registren casos, ni siquiera una mínima sospecha de relación narco-política, como sucedió lamentablemente en pasadas elecciones, durante las cuales este tema fue sumamente cuestionado.

Tiene mucha razón el Sr. Guillermo Brun Solórzano al pedir a los institutos políticos que sean muy rigurosos al revisar la trayectoria de cada aspirante, puesto que hemos estado viendo que la política está seriamente dañada por la influencia financiera del crimen organizado, que a últimas fechas ha mostrado que una de sus estrategias más efectivas para mejorar su trabajo delictivo, es tener compradas a las autoridades, pagándoles sus campañas políticas, para así iniciar un pacto nefasto de mutuo apoyo.

Los resultados de las serias investigaciones realizadas en Michoacán y Guerrero no dejan lugar a ninguna duda, los fuertes lazos que unen a la política con la delincuencia son sumamente fuertes. Se ha llegado a la desvergüenza, la desfachatez y el cinismo, sobre todo de los actores políticos, quienes aparecen en las fotografías, muy serenos, al ser detenidos por supuestos nexos indebidos y lo peor es que se percibe cierta impunidad, como que la gente no ve rigor en las sanciones a estos desleales elementos que desgastan la imagen de la política nacional.

Tienen razón los empresarios en pedir candidatos con trayectoria decente y de trabajo honesto, porque resulta que este sector productivo es uno de los que se ha visto más afectado con las acciones del crimen organizado. Son muchas las empresas que se utilizan paran lavar dinero, otras más las que tienen que pagar derecho de piso o autorización para funcionar en determinado territorio. Además, son los empresarios más acaudalados, las víctimas más frecuentes de los secuestradores, independientemente de los chantajes recurrentes a base de amenazas.

En Colima no somos tan ajenos a situaciones como las que ahora se están dando en otras entidades cercanas; ya tuvimos amargas experiencias, tan lamentables como penosas, difíciles de entender y más de esclarecer, pero en las cuales sutilmente se percibe acción organizada del crimen y un nefasta reacción en medios políticos.

Quizá por ello, las perversidades políticas se empiezan a encauzar descalificando a los aspirantes mediante acusaciones infundadas y versiones especulativas de relación narco-política.

La ciudadanía se confunde, observa a su alrededor, aprecia un panorama que anteriormente no se registraba. Los políticos forman ya un sector económicamente poderoso y esta situación, hasta cierto punto sospechosa, propicia el incremento de versiones fantasiosas del origen de sus grandes propiedades, fastuosos ranchos, parque vehicular privado y cuentas bancarias desorbitantes.

Pero nadie puede probar nada, los ricos se justifican como buenos ahorradores, visionarios que saben invertir sus sueldos, gente inteligente que trabaja y gana, simples triunfadores que cuidan sus recursos; con ello, dejan a la gente con un palmo en la nariz, ya que nadie presenta pruebas, acusan mucho, pero sin sustentar lo dicho, simples chispetazos con sal.

Podemos decir que de acuerdo a la ley, en Colima la clase política es honesta, afortunada y suertuda, pero hasta ahí.

Se han dado caso de connotados dirigentes del crimen organizado que vivieron en nuestro territorio, convocaron a la clase de élite colimense, tuvieron mucho acercamiento político, pero con una identidad falsa, como el caso concreto del famoso “Cochiloco”. Así somos los colimenses, pero aquí no hay mala fe, simplemente tenemos el gusto de acercarnos a convivir con los pudientes con la mentalidad de que “poderoso caballero es don dinero”.

Pero insistimos, Brun Solórzano tiene toda la razón al cuidar el manejo electoral de una posible filtración del crimen organizado, aunque también sería prudente que la organización empresarial que representa instrumentara medidas enérgicas para evitar la relación narco-empresarial, misma que está dando también mucho de qué hablar a últimas fechas.