En la Mira


Necesario reglamentar las fiestas patronales

René Montes de Oca.-

El anuncio hecho por Indira Vizcaíno Silva, presidenta del municipio de Cuauhtémoc, relacionado con las próximas fiestas a celebrarse en la cabecera de ese municipio, es importante, porque representa el inicio de una seria reglamentación, de la cual, por desgracia, vienen adoleciendo los festivales patronales que se organizan a lo largo y ancho de nuestra entidad.

Es muchísima la asistencia que se registra en los ágapes, cabalgatas, degustaciones y espectáculos durante las tradicionales celebraciones, por lo que estos eventos demandan con urgencia una atención especial que propicie ambiente familiar en donde el solaz de las personas del pueblo sea motivo del mayor respeto; en la misma forma, procurar que la sana convivencia no pierda su esencia y su rico sabor pueblerino, en donde la tranquilidad y la armonía den buena imagen y prestigio a los eventos tradicionales de Colima.

Por lo menos las cabeceras municipales deben cambiar las actitudes durante la convivencia multitudinaria, poner orden, darle categoría a unas fiestas que merecen lo mejor, porque son eminentemente del pueblo y de las respetables familias que buscan con su participación que estos eventos profano-religiosos, sean parte importante de nuestra idiosincrasia, unas verdaderas tertulias en donde prive la cultura popular, así como una sana organización que permita la convivencia armónica, la alegría ordenada y las tradicionales costumbres.

Las fiestas de la cabecera municipal de Cuauhtémoc están en su mejor momento para ser ordenadas mediante serias medidas de seguridad y respeto; otras importantes celebraciones municipales han caído en una improvisación rutinaria, creciendo alarmantemente en medio de un desorden que deriva en violencia e inseguridad, que las empaña, demerita y cuestiona.

Un aspecto sumamente discutido pero poco atendido es el control de la venta de bebidas alcohólicas; no criticamos tan severamente este aspecto, todo evento requiere del aperitivo tradicional, lo que demandamos es su reglamentación escrupulosa y consumo moderado, tal y como lo marcan los cánones en ese sentido.

Lo malo no es la bebida, pero sí su venta y consumo en lugares poco indicados para ello, así como el abuso que degenera en verdaderos “bacanales” que demeritan la imagen de las fiestas y, en algunos casos, propician violencia.

El orden durante las cabalgatas es un punto neurálgico de las fiestas de pueblo, urge frenar la anarquía en este tipo de eventos, misma que exhibe poca cultura equina, alcoholismo, prepotencia, protagonismo desmedido y mucha falta de respeto.

Pero una nueva anomalía que amenaza las fiestas de los pueblos y que atinadamente en Cuauhtémoc ya será erradicada por la administración de Vizcaíno Silva, es la nefasta politización, el vulgar oportunismo de los actores que buscan promoverse sin respetar una fiesta popular, que todo quiere, menos escuchar nombres ni frases trilladas, promesas que no se cumplen, promociones arribistas que nada valen, porras y fanfarrias que aunadas a cierta intoxicación etílica, pueden resultar problemáticas.

Conservar la típica figura del jardín del pueblo representa un serio reto para las autoridades municipales. Estos patrimonios culturales, reliquias de la gente, legendarios emblemas de la tradición mexicana, que ya de por sí han sido invadidos por vendedores ambulantes, prestadores de servicios y otros personajes, ahora también deben mantenerse limpios y decorados durante las fiestas patronales, vestirse de fiesta como los templos y respetarse como estos recintos sagrados, convertirse en lugares ideales para que las familias pasen su recreo durante las fiestas, en un ambiente de armonía, tradición y seguridad; hay personas que por edad, condición física o simple gusto por la tranquilidad, demandan el jardín vestido de gala y hasta una clásica serenata con banda en el kiosco, desean participar en las fiestas muy a su manera y vaya que ésta es una deliciosa aspiración, ya que ahí encontrarán limpieza y alegría espiritual, fiesta de pueblo, alimento a un corazón pueblerino.

¿No les parece una sana aspiración mantener libre de alcohol el jardín de los pueblos durante las fiestas patronales? También las damas, los niños y los ancianos merecen un espacio seguro para celebrar.

 

ISSSTE, CELEBRACION O BOCHORNO

 

El Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (Issste), celebra un aniversario más de su fundación; sin embargo, esta fecha no refleja avance alguno en la eficiencia del servicio ni el apoyo a la clase trabajadora que motivaron su creación.

El Issste maneja ahora políticas arbitrarias que ofenden a la nación, es un organismo en donde impera el absolutismo y el desorden, no acata ni las disposiciones de nuestra Constitución Política, mucho menos su reglamentación específica. Estos conceptos no son de nuestro criterio, sino las conclusiones expuestas en reciente Punto de Acuerdo emitido en el Congreso de la Unión, documento en el que diputados federales y senadores afirman que por lo menos se violan tres importantes artículos de la Carta Magna y otras tantas disposiciones legales al retener los pagos por despensas, homologación de aguinaldos y otros rublos, a los jubilados que en Colima encabeza Manuel Godina Velasco.

Ya en días pasados, los integrantes de su asociación habían acudido en masa a la delegación estatal a manifestar su inconformidad por ese atraco. Pero por desgracia, tan sólo encontraron un ambiente turbio, los trámites engorrosos y el burocratismo amañado que sigue manteniendo a los sectores más vulnerables como víctimas sufridas de los atropellos que de seguridad y servicio no entienden nada.

Pero estamos en lo dicho, existen dependencias que en la actualidad se siguen manejando con criterio arbitrario, son inmunes y cínicas. El caso de los jubilados no es un invento, sino una realidad que lástima; se exhibe la rapiña voraz, el robo vil que una institución prepotente pone en práctica contra un sector indefenso, sufrido y abnegado, que aún vota, pero ya no sabe ni por quién, es tanto su desencanto que llega a pensar que entre más poderosos sean los políticos, más abusan contra los débiles. ¡Qué vergüenza!; no sabemos si reír o llorar.