En la Mira


Los delegados federales

René Montes de Oca.-

Desde principios del actual sexenio, que encabeza el mexiquense Enrique Peña Nieto, fue cuestionada en nuestra entidad -sobre todo en los círculos políticos de partidos de oposición- la designación de los titulares de las delegaciones federales de las diversas secretarías de la administración, las cuales, se dijo, dieron la impresión de ser premios de consolación o favores políticos, mas no cargos en los cuales se requiere experiencia, talento y capacidad.

Esa primera impresión, que bien pudiera ser producto del resentimiento por la derrota electoral, que de manera contundente les propinó el PRI al resto de los institutos políticos; lamentablemente no ha desaparecido, por el contrario, cada día es más contundente la crítica que crece entre la ciudadanía en general, debido a la deficiencia con que se han manejado algunas de estas instancias gubernamentales.

Los observadores políticos no han pasado por alto el hecho de que las representaciones del Gobierno Federal en la entidad pecan de opacidad y algunas dejan entrever signos de inmoralidad.

Colima está demandando nuevas estrategias de gobierno, que vengan a componer la nave que anda zozobrando; urge tomar medidas correctivas, para que la ciudadanía responda a la corriente oficial, ahora que se aproxima el 2015, año de elecciones.

Con toda seguridad, nuestra entidad no es la única que peca de contar con varios delegados federales ineptos, que llegaron al cargo por la vía más fácil, pero a la vez, la menos transparente, la más denigrante y condenable. Quizá por ello, las Unidades de Enlace Federal y Coordinación Institucional con Entidades Federativas y la de Desarrollo Político de la Secretaría de Gobernación, tienen programados importantes cambios para el próximo año, de acuerdo a los resultados que arroje el análisis político y administrativo que se aplicará a los delegados federales para valorar su desempeño.

Resulta sintomático que tan importante evaluación se inicie en nuestro estado en el mes de octubre próximo y con toda seguridad, son muchos los titulares de algunas dependencias federales los que andan bailando en la cuerda floja. Algunos ya han sido criticados por los medios locales en múltiples ocasiones por sus políticas de trabajo que denotan falta de sensibilidad, ineficiencia y mal desempeño de sus labores al incurrir en frecuentes actos de irresponsabilidad. Mucho se ha dicho de la falta de transparencia de los recursos que se manejan, también se ha observado cierta falta de capacidad, negligencia y hasta se ha especulado con frecuencia sobre inmoralidades.

Seguramente los bajos resultados de la valoración popular al gobierno de Peña Nieto obtenidos con motivo de su segundo informe, motivan ahora una escrupulosa revisión a nivel nacional, puesto que la situación demanda medidas correctivas; los errores ya no caben en una administración que se ha visto cuestionada por grupos de presión y ciertas corrientes de opinión ciudadana, que aún no asimilan las reformas tan importantes propuestas en el presente sexenio, con las mejores intenciones, pero con pocos resultados concretos que favorezcan a las mayorías.

El presidente necesita un equipo valioso y responsable; su administración demanda con urgencia talento, imaginación y valores. La federación no está en condiciones de favorecer a gente poco apta, ya que cada funcionario que no responde representa un serio desgaste para la administración, misma que ahora ha tomado la determinación de mandar a su casa a quienes llegaron a una delegación federal por recomendaciones influyentes o compadrazgos.

La verdad, a principios del sexenio y con relación a las designaciones del Gobierno Federal en la entidad, algunos observadores se fueron al extremo, al considerar mejor al anterior equipo de delegados panistas que a los recién nombrados del partido que sacó a los azules de Los Pinos.

Durante estos dos años, en los corrillos políticos locales no han sido pocas las ocasiones en que se habla de cambios en las delegaciones federales, pero a la fecha se sigue sosteniendo a la gente que llegó a esos lugares -y que según los críticos más severos- no conocen para nada los trabajos que ahí se deben realizar, llegándose a pensar que tan importantes cargos eran exclusivamente de índole político, simples espacios para familias de la cúpula, amigos y personas que ya no cuentan con capital político para un cargo de elección popular.