En la Mira


El Paraíso exhibe un turismo social olvidado

René Montes de Oca.-

Nuevamente bastó una simple precipitación pluvial copiosa y vientos agresivos para ocasionar severos daños a la endeble infraestructura de un destino de turismo social, de los más importantes de la entidad.

Ahora fue la tormenta tropical “Odile” la que prácticamente arrasó con el 80% de las rusticas construcciones restauranteras de la playa El Paraíso. Viejos horcones, tablas, láminas, palapas, vigas, latillas y amarres fueron completamente destruidos por el fenómeno meteorológico. Las pérdidas materiales fueron pobres, porque paupérrima es la inversión que con esfuerzo hacen los lugareños para vivir como prestadores de servicios, atendiendo a la gente humilde, que también tiene derecho a un sano esparcimiento.

Ese parece ser el destino de una playa tan querida por los colimenses, una maravilla natural al margen de apoyos gubernamentales serios, olvidada de proyectos de desarrollo y prácticamente en ayuno de programas innovadores, que solamente benefician a destinos elitistas del primer mundo, en medio de una lamentable práctica discriminatoria, a los centros de esparcimiento y solaz al alcance de las clases medias, de esas personas del pueblo, que también tienen derecho a instalaciones firmes, seguras, funcionales y confortables.

Desde siempre se ha dicho que la playa está en un lugar de riesgo y las fuertes marejadas, en ocasiones, le resta algunos metros, pero jamás se ha elaborado un estudio inteligente de la reubicación de la zona gastronómica, por lo cual, los prestadores de servicios vuelven a levantar sus rústicas y endebles enramadas en el mismo lugar en donde cada año son destruidas.

Y esto es cuento de nunca acabar, simple ocasión para el protagonismo político oficial, escenario de discursos trillados y actos de una solidaridad, que la población damnificada rechaza, porque jamás ve los resultados a su favor.

El Paraíso es ya una comunidad de considerable población, tiene su escuela y la gente vive principalmente de la pesca y el turismo social. No es un lugar esnobista que llame la atención de las autoridades exclusivistas, pero sí un destino para que las familias vulnerables también disfruten de un merecido descanso.

En cuanto se enteran de los daños, de inmediato van las autoridades; ya estuvo ahí una presidenta municipal completamente descapitalizada y endeudada, nada más con su semblante compungido, pasó lista de presente, también los rescatistas, organizaciones y demás protagonistas de eventos catastróficos, hicieron su peculiar aspaviento, pero fue el gobernador quien cerró el escenario con sus declaraciones de aliento, sin una promesa firme, tampoco un anuncio concreto, pero que al menos logró despertar a los agraviados de la vieja desesperanza, al afirmar que ahora su gobierno se involucraría en serio, para encontrar la solución definitiva a esta crónica devastación.

 

SOMBRERO COLIMOTE

 

El sábado pasado, mi compadre Carlos Valdez lució durante media mañana un típico sombrero colimote. Le gustó a primera vista esta típica prenda que adornaba la casa de mi hijo en Cofradía de Suchitlán y sin decir más, se la encasquetó. Por cierto, le sentó este aditamento que usan los rancheros de mi pueblo de Comala y que tiene muchísimas utilidades: Proporciona sombra y frescura a la cabeza en horas soleadas, es duro y sirve lo mismo para arrear un animal descarriado que para escudarse a la hora de un duelo a machetazos, protege de la lluvia y hasta amortigua los golpes peligrosos en la cabeza a la hora de la labranza.

El sombrero al igual que el reboso, tienen su cultura muy mexicana y tradicionalista, porque además son indumentarias que embellecen la figura de la mujer y dan personalidad al hombre.

El señor Crescenciano Aguilar Aceves, familiar de un amigo y compañero muy estimado, licenciado en Derecho y profesor de escuela, Salvador Aguilar, quien fuera Procurador de Justicia un tiempo durante el período gubernamental de don Arturo Noriega Pizano, en una ocasión nos impartió una cátedra sobre el sombrero colimote de cuatro pedradas, prenda de la que fue un distinguido fabricante. “La primera versión de esta prenda fue indígena, un estilo muy original y elaborado con palma de soyate, hasta llegar al tejido en palma parada, con mucha demanda en la actualidad”.

Este pintoresco personaje consideraba que a nuestra artesanía no se le ha dado el valor que como actividad productiva le pertenece, ni tampoco el valor estimativo que debe tener. En ese sentido, don Candelario Dolores, uno de los artesanos más creativos que se haya dado en Suchitlán, también señalaba la dificultad que tienen los artesanos para vender y comercializar sus productos.

Ahora, afortunadamente, la promoción, el respaldo gubernamental y la proliferación de lugares de comercialización artesanal, están brindando más impulso a esta actividad que debe enorgullecernos y darle fuerzas a nuestras raíces.

Es el sombrero Colimote, una prenda que enorgullece al Pueblo Típico, un digno objeto hasta de ornato en casas de descanso.