En la Mira


Urge incremento a los presupuestos

René Montes de Oca.-

Nuestra entidad crece, su problemática se complica, su modernidad demanda un notable incremento del presupuesto federal, para sólo así poder enfrentar los retos del futuro.

Se observa atraso en obra pública, se registra un contraste entre los trabajos con tecnología de punta, pero carentes de mantenimiento eficiente; la calidad de muchas obras urbanas ha quedado en entredicho, algunas registran deficiencias desde antes de ser concluidas, pronto se deterioran, sufren daños para cuya reparación no se programan recursos.

Ciudades de nuestra entidad que despegan asombrosamente sufren las consecuencias de un desorden urbano, originado por la carencia de un presupuesto suficiente para responder a las múltiples y nuevas necesidades; Manzanillo, prácticamente vapuleado por su desarrollo industrial, con un tránsito complejo y riesgoso, las vialidades desgastadas y la zona urbana muy complicada en todos los aspectos; Villa de Alvarez, creciendo desmesuradamente, con trazo vial ambicioso, encuentra la problemática seria de falta de presupuesto para darle funcionalidad a la obra vanguardista que se sale del control de un municipio con recursos financieros sumamente limitados, que debe cambiar urgentemente sus políticas de trabajo ornamental para dedicar mayor atención a los servicios públicos, al menos ese es un clamor de muchos ciudadanos y analistas que vienen cuestionando ahora el proyecto de modernización del Centro Histórico, en plena crisis de obras deterioradas que demandan atención urgente, tales como las modernas avenidas que tienen baches descomunales, en donde se ha requerido hasta prohibir la circulación por un carril.

Armería, tristemente rezagada de sus vecinos, Manzanillo y Tecomán; mientras, en este último municipio se sigue viviendo una conflictiva situación de índole política y socioeconómica que lo conduce a la decadencia. Por lo que respecta a la capital del estado, muestra también restringidos recursos presupuestales y solamente logra responder a las necesidades más apremiantes de la población, manejando una política austera, administrándose cuidadosamente para lograr objetivos que asombran, tomando en cuenta la pobreza característica de la hacienda municipal que priva en todo nuestro estado.

Por lo menos el Ayuntamiento de Colima no ha adquirido deudas nuevas y esto habla del esfuerzo que se hace para mejorar la salud financiera, pero no representa una garantía de desarrollo integral de persistir esta lamentable situación de falta de buenos apoyos presupuestales para el municipio.

En la totalidad de ciudades de nuestro estado, las redes de agua potable están colapsadas desde hace décadas, el sistema de drenaje es defectuoso, anacrónico y está acabado, los empedrados ya dieron lo tenían que dar y como es natural, las banquetas son un desastre, las vialidades se atrofian debido al tráfico de una cantidad insospechada de vehículos.

Como se puede ver, ahora no cabe el oropel y la gente condena las obras de relumbrón, porque aspiran a tener ciudades con imagen de desarrollo, que inviten a vivir bien en ellas, centros urbanos acogedores que garanticen servicios básicos eficientes y de calidad.

Pero en fin, entre créditos y solicitudes de adelantos, los municipios la van pasando, por cierto muy mal, reflejando una imagen de rezago urbano y falta de prioridad a los servicios públicos.

Ese es en realidad el Colima que se está conformando con las nuevas políticas administrativas. Desorden y carencias, minimizadas por un boom que contrasta con la nota diaria de los noticiarios, con las llamadas telefónicas de los habitantes, los comentarios en internet, las quejas múltiples de una ciudadanía que no encuentra la puerta para que se atiendan los baches en el pavimento, las lámparas fundidas, los tiraderos de agua, los puentes colapsados, el desorden de las rutas de transporte urbano, la falta de señalización en las avenidas, los postes de la CFE obstruyendo banqueta e infinidad de problemas urbanos más que reflejan la necesidad urgente de invertir con decisión en los trabajos tendientes a mejorar la calidad de vida de los colimenses, haciendo de nuestras urbes lugares hermosos, vivibles, saludables y funcionales.

Esta es tan sólo la demanda simple, la más urgente y fácil de solucionar, pero lo preocupante es que existe una grave problemática urbana que requiere fuertes inversiones y que no puede postergarse más.

Urge en la zona urbana colimense muchísima infraestructura para responder a las necesidades básicas de la población. El crecimiento desordenado de las urbes colimenses y los nuevos fraccionamientos ya colapsaron en todos los aspectos los centros históricos de nuestras grandes ciudades; urge un programa urbanístico de calidad que regule la situación, nuevas propuestas, alternativas de desarrollo, inversión decidida, recursos frescos que se ofrezcan con generosidad y no a cuenta gotas.

Que Colima refleje el progreso del que tanto se habla, que las nuevas reformas impacten, que nuestras finanzas públicas dejen de estar deprimidas, son los anhelos de todos nosotros.

Recordemos que la calidad de vida de la ciudadanía se refleja en las grandes urbes, se hace menester que en la entidad tengamos ciudades de primer nivel, dignas de un territorio pródigo en recursos naturales, industria, comercio y turismo, que deben impactar en el bienestar de los colimenses.

Nuestro gobernador espera más apoyo del centro, pero lamentablemente, se especula que al contrario, pudiera ser que los presupuestos para las entidades federativas y municipios tengan un futuro incierto, se habla hasta de recortes sustanciales, acción que de ponerse en práctica, vendría a dar al traste con las aspiraciones de nuestro pueblo que anhela un Colima mejor.