En la Mira


Opiniones divididas sobre

el trabajo presidencial

René Montes de Oca.-

Enrique Peña Nieto mueve a México. Nadie puede echar abajo que su política fundamentada en importantes reformas propicia cambios en el país. Pero ahora, con motivo de su segundo Informe de Gobierno, las opiniones sobre el acierto de sus decisiones no le fueron muy favorables al político mexiquense, los resultados de algunas encuestas hasta le dieron calificación reprobatoria.

La clase política mostró madurez a la hora de hacer evaluaciones, el sistema institucional no permite que la corriente se desboque, que la inestabilidad gubernamental sea presa de una situación embarazosa.

Los actores del partido en el poder, como siempre, mostraron una incondicionalidad plena al trabajo presidencial. Este bloque político debe manifestarse suficientemente fuerte, con un optimismo capaz de sacar adelante el trabajo de su más encumbrado protagonista. La oposición acostumbra, en estos casos, actuar con la cautela que le permita mejores negociaciones, arreglos más sustanciales para sus organismos, juego político y otras prácticas internas, que mantienen firme el compromiso de no ser drásticos con la crítica al trabajo del hombre del Palacio Nacional.

Sin embargo, la gente de la calle se mostró diferente, las encuestas entre el pueblo, desgraciadamente, no arrojaron resultados optimistas; se percibió cierto temor a un futuro incierto, la situación inestable de un presente gris, que bien pudiese tornarse en un malogrado porvenir.

La ciudadanía está confundida, el exceso de discurso ha congestionado el organismo nacional. Se hicieron importantes reformas que por lo pronto, lastiman a las mayorías, con la promesa de un bienestar a futuro.

Pero el pueblo es presa de una depresión muy significativa, quizá no entiende la complicada política educativa, hacendaria, energética, empresarial y de comunicación de las que habla Peña Nieto. Pero es evidente que la actual administración debe tomar las medidas urgentes para que esta percepción, a lo mejor equivocada, que ahora tienen la mayoría de mexicanos, cambie.

Es que en dos años no se siente el aterrizaje de un cambio sustancial y pronto estaremos a la mitad del sexenio, con los tiempos encima y con mucha falta de claridad.

Lamentablemente, la pobreza sigue siendo la misma, el desempleo es crítico, al salario insuficiente y vergonzante. Se dice que México progresará, muchas compañías con prestigio mundial vendrán a invertir al país, se explotarán áreas que por falta de pujanza económica nacional no han tenido el auge debido, ¿será verdad tanta belleza?, porque hasta ahora, sólo crece la duda y la incertidumbre. Es que nuestra nación, históricamente, ha sido muy golpeada, esta etapa que ahora vivimos se nos antoja similar a pasadas experiencias, cuando en mala hora le apostamos al capital extranjero y sufrimos lamentables desengaños.

Como que se tiene la impresión de que este cambio del que habla Peña Nieto, hasta ahora, se ha inclinado a favor del capital, le falta inyectarle idealismo democrático, bajarle al aire elitista del progreso mexicano y darle un toque más popular, para que la gente se sienta involucrada en esta nueva etapa de bienestar de que tanto se habla, pero que aún no se siente.

Urgen se tomen medidas más saludables, oxigenar las políticas reformadoras, propiciar un cambio que venga a beneficiar a los que menos tienen, que genere empleos dignos, que abra espacios para los profesionistas, que se proyecte a favor del pueblo. Eso de que la imagen del trabajo presidencial esté a la baja, en realidad debe preocuparnos a todos y esa ésta no va a cambiar con discursos trillados y serviles, mucho menos con posturas incondicionales.

El trabajo del presidente necesita crítica sana y constructiva, pero crítica en verdad viril y patriótica.