En la Mira


René Montes de Oca.-

El grado de cultura de un pueblo se refleja en el trato que se les brinda a los grupos más débiles. La mala distribución de la riqueza hace que la grieta entre los pobres y los poderosos se convierta en un abismo ignominioso. La falta de recursos económicos de las granes mayorías desemboca en hambre, miseria, enfermedad e ignorancia.

Los grupos económicamente poderosos, que se encuentran ubicados en una élite, definitivamente no se preocupan porque las condiciones de las mayorías mejoren, pero lo peor resulta cuando la misma gente de las clases medias no entienden la cultura de solidaridad con quienes, independientemente de padecer limitaciones materiales, también se ven afectados por problemas físicos que los convierten en minusválidos.

Los gobiernos, que se supone emanan de la voluntad popular, poca atención ponen en las tareas de apoyo a sectores marginados y grupos reprimidos, aunque existe hasta una secretaría con muchísimos recursos destinados a mejorar las condiciones de los menesterosos, lamentablemente, no se ven los avances en cultura social, las actitudes siguen siendo las mismas, no se siente por ningún lado la solidaridad humana.

Los apoyos económicos, las becas, las despensas, las pensiones o como ahora pomposamente se les denominan a los recursos que se otorgan a las gentes más necesitadas, no logran vencer el viejo estigma de humillantes limosnas; no ha sido posible cambiar lo más importante, que es la mentalidad de las autoridades, quienes abusan del protagonismo, pero su labor demerita en eficiencia cuando se trata de aplicar programas a favor de los grupos a quienes nadie defiende.

Lo bochornoso resulta cuando sin ninguna justificación se les retrasan los recursos a quienes están enlistados en las nóminas gubernamentales de apoyos a personas necesitadas. Esta situación tan lamentable y recurrente no tiene razón de ser, exhibe la indiferencia con la cual las autoridades manejan importantes programas que se difunden en los medios con una efectividad asombrosa.

Por más que el gobierno se quiebre la cabeza, jamás logrará resolver la problemática de los grupos vulnerables, máxime con esa voracidad política e ineficiencia burocrática con la que se manejan los programas; mismos que incluso se llegan a cuestionar por su poca transparencia, especulándose además sobre cierto manejo electorero de los recursos.

Definitivamente, es la concientización la que nos puede llevar a una conducta que dignifique al sector más marginado de la población. El trabajo honesto debe ser la solución al problema alimentario de la familia, de ahí que debemos preocuparnos porque éste se incremente, sea bien remunerado y justo.

La responsabilidad cívica debe frenar en seco esa política paternalista adoptada últimamente por nuestros gobiernos, práctica demagógica en la cual son más los recursos que se pierden por falta de transparencia, que aquellos que realmente se destinan a una serie de apoyos que se proclaman en exceso, pero que a la fecha no dan los resultados esperados.

Millones de pesos se esfuman entre despensas desparramadas desorganizadamente, muchísimos recursos se escamotean entre las nóminas mal controladas de apoyos económicos, los generosos presupuestos destinados para la Cruzada Contra el Hambre no se reflejan en la realidad que vivimos, ¿será por la equivocada actitud de quienes los manejan que no saben de hambre pero si de voracidad oficial?

En verdad, la gente ha perdido la confianza a los apoyos y dádivas, se piensa que tan sólo actúan como camuflaje, para sustraer fuertes cantidades de los presupuestos, mismas que van a parar a destinos desconocidos.

La burocracia que labora en esto de las “políticas sociales”, es numerosa y bien preparada; sin embargo, no se lleva un seguimiento eficiente de los avances en cada uno de los diversos programas que se manejan, menos se ofrece transparencia de los recursos, nada más se habla mucho, el discurso es empalagoso y aburrido, pero la verdad resulta cruel, sigue habiendo hambre y sed, pero de justicia.

Urge generar empleo digno, la gente demanda más honestidad de las autoridades y programas más realistas, menos protagónicos.

 

POR ALGO SE EMPIEZA

 

Mientras tanto, modestamente, el Ayuntamiento de Colima inició una campaña denominada “Yo respeto tú espacio, tú respeta el mío”. Esta acción no manejará presupuesto alguno, se trata de un simple trabajo de campo que la comuna realizará en coordinación con otras dependencias, encaminado a fomentar la conciencia social, para que por lo menos, la gente común y corriente, ese conglomerado humano denominado pueblo, respete los lugares exclusivos para discapacitados, puesto que lamentablemente, no solamente en los medios oficiales, sino que tampoco entre la ciudadanía, existe una cultura cívica suficientemente implantada, capaz de lograr una conducta respetuosa a favor de los más débiles, los que necesitan de sus semejantes, los que le apuestan a una sociedad de altura, con la calidad moral y los buenos principios suficientes, para no despojar a los necesitados.

Debemos reflexionar que si la falta de atención a los ancianos y la ineficiencia en apoyos para campesinos resultan penosas, el no respaldar a los grupos de invidentes, personas en sillas de ruedas o con cualquier otro trastorno en sus sentidos, resulta una verdadera perversidad.

Por algo se empieza, es buena la campaña, ojalá y que a quienes constantemente violan los reglamentos al respecto, les caiga el veinte y que no tanto por la sanción económica, sino por un acto de generosidad y civilidad, ya tengan la capacidad humanista y cívica de respetar un sector que merece todos nuestros respetos, mucho afecto y comprensión… piénsenlo, cambien de conducta y con seguridad se van a sentir bien… muy bien.