En la Mira


René Montes de Oca.-

Sin duda, el gran desafío del ser humano es encontrar la verdad, ya que en ella se alberga la felicidad plena. Sin embargo, una empresa tan difícil sólo se logra cuando se obtiene la sabiduría que se manifiesta en la pureza del alma, en la limpieza de los sentimientos.

La humanidad debe aprender a vivir, si bien es importante cuidar nuestro estado físico, lo es mucho más mantener el aspecto anímico bien motivado, saludable y limpio. Investigaciones vanguardistas nos hablan ahora de la grave problemática social originada por la poca atención que prestamos al cultivo de nuestro espíritu, sin percatarnos que ahí se conforma el ánimo de saber vivir.

La depresión, la angustia, el temor, las fobias, las pasiones, los fanatismos, la violencia y tantas otras alteraciones de la conducta humana, se derivan del abandono en que tenemos el alma. Cuando el espíritu se olvida para darle paso a lo banal, el ser humano agoniza, existe sin vivir plenamente, se deja llevar por falacias mezquinas, por actitudes torpes, espejismos mundanos.

Pobres de aquellos que le den prioridad a lo material sobre lo espiritual, vivirán perdidos en un mundo materialista y egoísta, participando en una alocada carrera de codicia, que no respeta reglas ni entiende de escrúpulos, ¿pensarán encontrar la felicidad en medio de una terrible urdimbre?

Resulta difícil de creer que exista un camino para encontrar la felicidad, pero no es el más deslumbrante ni esplendoroso, el más rico ni ostentoso. Es aquel al que te convoca una voz que no promete, que jamás miente, que no codicia, no intriga ni envidia. Esa voz que sólo perciben los prudentes, los sensatos, los humildes.

Resulta asombroso comprobar que el aparente abismo que nos separa de la verdad, bien pudiera ser una falsa apreciación, que la consideramos en una gran lejanía sin percatarnos que la tenemos muy cerca, en nuestro interior, en ese “yo” del que nos mantenemos distanciados en el ajetreo diario colmado de malos hábitos, bajas pasiones y demás actitudes que destruyen nuestro cuerpo y envilecen nuestros corazones.

Bien vale la pena darle paso a nuestros buenos sentimientos, poner en práctica disciplinas tan constructivas como la meditación, reflexión y el autoanálisis. Tenemos a nuestro alcance terapias emocionales sencillas y fáciles de llevar a cabo. No esperemos a la vejez para recapitular nuestras vidas, entre más pronto es mejor encausar una dinámica personal tendiente a realizar ejercicios espirituales y a la par de acudir al gimnasio, dedicar algún tiempo del día a buscar las fallas en que incurrimos.

Todos tenemos la capacidad para hacerlo y con el tiempo, bien podríamos convertirnos en nuestros propios analistas, en unos magníficos terapeutas del alma, en seres humanos felices, conviviendo en un mundo de verdades, de humildad y de sabiduría.

Es el momento de salvar a la humanidad, el mundo puede corregirse si cada uno de nosotros actuamos de manera más responsable. Todos tenemos capacidad y sabiduría, la cuestión es aplicarla y aunque sea dediquemos un momento a la relajación, un encuentro con ese ánimo incorpóreo que nos da luz y razón de ser, para buscar la verdad, esa responsabilidad de existir, de darle presencia a una humanidad que puede perderse ante la ausencia de valores, el pisoteo de la ética y el divorcio con la moral.