En la Mira


René Montes de Oca.-

Tal y como lo comentábamos oportunamente en la edición del sábado pasado, los trabajos serios para el proceso electoral del 2015 ya arrancaron. Las cúpulas toman acuerdos importantes, se definieron las estrategias a seguir y las dirigencias de los partidos tienen ahora el respaldo firme dentro de sus respectivas estructuras, para activarse de la forma que mejor se adapte a la problemática interna que priva en cada uno de los institutos políticos.

En nuestro país la democracia parte primero de acuerdos en el centro, se busca uniformar las acciones y encausar los trabajos electorales, respetando las estructuras y los lineamientos, que tienen como principal propósito llevar a feliz término la acción política, en un clima de madurez, orden y disciplina.

Podemos decir que en México se ha mantenido el orden electoral, por el hecho de que nuestra democracia es institucional, este fenómeno ha blindado nuestro sistema contra deformaciones graves, que si lo permearan, con toda seguridad lo llevarían al caos, tal como ha sucedido en muchas naciones del orbe, que viven aún amargas experiencias de ingobernabilidad, dictadura, totalitarismo y hasta golpes de Estado.

Aquí vivimos la experiencia de un sistema viciado pero funcional, deforme pero efectivo. Hemos conservado nuestra figura democrática, con algunas fallas, pero nuestro sistema aún responde al sentimiento popular.

Mientras no tengamos la capacidad y el talento para mejorar la forma de elegir a nuestros gobernantes, podemos decir que la actitud que hasta ahora han seguido los partidos políticos, los protagonistas y los grupos de presión, que intervienen en tan delicado proceso, es aceptable.

Nuestra cultura política no alcanza mejores niveles, tenemos que aceptar que existe aún mucha deficiencia y falta de sensibilidad de las bases para elegir a los actores políticos por sus atributos, aún nos confunden los espejismos. No hemos aprendido a valorar, nuestra ética ciudadana es baja y si los valores morales registran hasta crisis en la familia y en la escuela, no podemos pedir gran cosa del avance político entre la ciudadanía.

La influencia que experimenta nuestra población ante campañas mediáticas tendenciosas, la poca fortaleza ideológica y el endeble criterio que aún exhibimos, nos niegan el acceso directo a la selección de nuestros gobernantes, por ello, aún son las élites las que estructuran las boletas electorales, personas experimentadas, analíticas y capaces, que buscan entre los aspirantes, para de ahí seleccionar a los candidatos que mejor les pueden responder al electorado.

Así funciona nuestra democracia, el pueblo elige, es verdad, pero de las cúpulas le señalan las opciones por donde debe canalizar el sufragio. Siempre se ha dicho: México vive una democracia dirigida.

Pero esa dirección cupular ha venido a ocupar un lugar preponderante, por la simple y sencilla razón, que en los pocos casos que se han dejado abiertas las propuestas a las masas, éstas han fallado.

Resulta lamentable que el trabajo político de muchísimos años en el país, aún no arroje resultados positivos. Se está despertando una gran corriente de participación, reina un clima de inconformidad, de protesta, de indisciplina y hasta de anarquía, pero esto de ninguna manera quiere decir que nuestro espíritu democrático se eleve, que la cultura política mejore. Por el contrario, hemos decaído hasta el vandalismo, en medio de traiciones, urdimbres e indisciplinas. Buscamos desmoronar nuestro sistema, pero no hacemos nada por construir uno mejor.

Esta situación ha despertado una ola de codicia, un notable interés de muchos por llegar a cargos de elección. Pero lamentablemente, el atractivo no es ni remotamente el que marcan los cánones de la política.

El PRI en Colima ya presentó a Mario Anguiano 10 aspirantes al gobierno del Estado, y aún puede haber más, señaló el mandatario local. Y cómo no, si todo mundo quiere el cargo, no existe un código de honor, una barrera escrupulosa, un nivel de calidad, en este caso debería de haber una especie de alcoholímetro o un polígrafo, para desechar a los perversos, a aquellos que tan solo buscan notoriedad, ante la complacencia de un pueblo morboso que acepta todo lo que se le presente.

Otros partidos, como el PAN, han venido retrasando la renovación de su Comité Directivo Estatal, debido a la profunda división que priva en sus filas, se pensó, en serio, en posponer tan importante evento, ante el riesgo de propiciar una crisis grave que seguramente se reflejaría en malos resultados electorales.

De última hora, parece ser que se decidió hacer el cambio el 27 de los corrientes, lo que se considera un acierto, hay que agarrar el toro por los cuernos, ¡apostándole a la institucionalidad!

La verdad, el PRI tampoco puede jactarse de una plena unidad; la reunión del sábado, con todo y su clásica foto del recuerdo, de ninguna manera representa una total disciplina y orden; ahí se infiltraron muchas “chuchas cuereras” que no entienden el lenguaje de la institucionalidad y que anhelan estar en todas partes, ocupando espacios y acudiendo a todos los llamados, pero con sus intereses personales y una colosal codicia por delante. Ya todos los conocemos, no necesitamos decir sus nombres.

La izquierda, tan apagada como siempre, ni siquiera amerita comentario, pero lo haremos brevemente. Unos con sus aspiraciones personales, otros con proyectos empresariales, y por ahí, un dirigente que con su notable minoría ya manifestó su posible postulación en solitario por su partido al Gobierno del Estado y sin necesidad de alianzas, contraviniendo las políticas de uno de sus diputados federales, quien anda en la danza del PRI y apostándole precisamente a un acuerdo cupular de ese tipo. La pregunta del día es: ¿quien irá en alianza con el PRI en Colima, el Verde o el Panal?