En la Mira


René Montes de Oca

Todo parece indicar que el futuro de México atravesará por una etapa difícil. Las reformas propuestas por Enrique Peña Nieto trastocarán irremediablemente el panorama económico del país. Si bien estos cambios sustanciales en áreas muy importantes de la nación forman parte de proyectos presumiblemente muy ambiciosos y fructíferos, debemos aceptar que los resultados favorables no serán inmediatos, lo que ya está en puerta, es el descalabro propiciado por nuevas políticas que lastimarán seriamente las finanzas públicas.

Tenemos el caso del petróleo, que históricamente ha representado un recurso que enriquece a unos cuantos, pero es una carga para el pueblo, quien lo mismo cubrió las indemnizaciones por la expropiación en los tiempos del general Cárdenas, que ahora tendrá que responder por los pasivos de Pemex ante su nueva estrategia de inversiones privadas que modificarán el sistema de lo que dejará de ser importante paraestatal.

Lamentablemente, las actitudes del gobierno mexicano cuando busca cambios, vulneran la economía nacional, desgastan las arcas públicas en aras de entregar negocios sumamente redituables y libres de polvo y paja a emprendedores privados, quienes ven en estas políticas un negocio redondo, un atractivo muy motivador para inversiones importantes.

Si bien nuestro país es ahora muy atractivo para los inversionistas del mundo entero, debemos estar consientes que este fenómeno se debe principalmente a las condiciones en que se manejarán las empresas con las reformas que recientemente aprobó el Congreso de la Unión, en representación de la voluntad del pueblo mexicano.

Otro atractivo grande para la iniciativa privada está representado en la energía eléctrica. La creación de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y la nacionalización de esta industria por López Mateos, también ha desgastado las arcas nacionales; sin embargo, ahora la paraestatal también tenderá a la privatización.

López Portillo recogió de la ruina una banca desfalcada en manos particulares, la nacionalizó y saneo sus reservas, para que luego otro mandatario la regresara a la iniciativa privada.

En fin, son muchos los casos en que con dinero del pueblo les damos auge a empresas fuertes, para luego ofertarlas al mejor postor como negocios seguros, con finanzas sanas, verdaderas fuentes de ingresos para la iniciativa privada.

Será durante la presente administración, cuando hasta los más modestos televidentes que pagamos en abonitos nuestra televisión, sufriremos las consecuencias de la famosa digitalización, la cual se dice que dará una mejor imagen, como cuando se habló del mismo tema aquí en Colima y en Telecable nos tuvieron haciendo largas filas, para todavía pagar el aparatito que dizque también traería mejor servicio y resultó que fue al contrario, ya que la empresa utilizó el anexo para evitar el robo de la señal.

México se maneja en la eterna contradicción, primero nacionaliza con bombo y platillo, salva empresas privadas en la ruina, el gobierno asimila las quiebras de los empresarios desfalcados, luego de que estabiliza la situación con recursos del pueblo, las vuelve a entregar a la iniciativa privada, para que ésta obtenga las mejores ganancias.

Unos nacionalizan para fortalecer el patrimonio nacional y otros privatizan para fortalecer la economía nacional con capital privado, ¿quién los entiende?

Himnos muy bonitos cantamos de niños en las escuelas festinando la expropiación, recuerdo aún… “Se fueron ya muy lejos, los grandes poderosos, que a nuestras lindas tierras vinieron a explotar, dejaron ya los campos y los posos y el rico aceite negó que es producto nacional”… Ahora sólo falta que en hermosas poesías, se pregone en los recintos escolares, la bienvenida a los que se ya se habían ido con la expropiación, pero ahora regresan para “fortalecer la economía nacional”.

¿Será que el petróleo no se estaba explotando debidamente?, pero lo que nos llama la atención es que el negocito si dejaba, lo vemos en los escándalos en los que se exhiben los lujos principescos de los familiares de funcionarios y dirigentes sindicales de la empresa petrolera. ¿Será tan rico el recurso que da para derrochar, aún sin explotarse intensamente?, ¿recibirán los nuevos inversionistas una gran riqueza escondida en una paraestatal desorganizada y saqueada?

La verdad es que componer las cosas en Pemex resultaba todo un reto. La corrupción tan grande llegó al grado de ingobernabilidad y puede ser que la paraestatal haya sido permeada por intereses de grupos  de la delincuencia organizada, ensuciando el trabajo de la empresa más poderosa que tuvo la nación y que a últimas fechas lució sumamente percudida.

Hay ocasiones en que las autoridades requieren el auxilio de la iniciativa privada para controlar lo incontrolable, ¿será el caso de Pemex un claro ejemplo de ello?, ¿todavía no asimilamos lo de Luz y Fuerza y ya pensamos en la CFE?

Pero en Comunicaciones, ¿cuál sería el motivo de la reforma? Ahí se vive la experiencia del monopolio, el pésimo manejo de la iniciativa privada, el mal uso de un recurso tan importante, el nulo impulso a la televisión oficial, su pésima programación y deprimente administración. Pero los cambios y las nuevas leyes, no se ven nada favorables para los usuarios; uno que otro detallito como las largas distancias sin costo, para darle atole con el dedo a un pueblo que le apuesta al dañino celular y a la telefonía en general, que seguirá enriqueciendo de manera colosal a malos mexicanos que se ubican entre los capitales más grandes del mundo, personas negativas que persiguiendo intereses mezquinos, explotan inmisericordemente un recurso que prácticamente tienen secuestrado desde que empezó a despuntar en el país.

Los mexicanos quisiéramos apostarle a tiempos mejores, pero la verdad no se palpa mucha certidumbre al respecto. Puede ser que en el país se incremente el movimiento industrial, comercial y financiero, que la nación cambie su fisonomía, que refleje progreso, pero la pregunta es: ¿Repercutirá este fenómeno progresista de explotación industrial en los bolsillos del mexicano común y corriente?, de ese paria que no ha podido ni siquiera incrementar su salario mínimo, que ve cada día más lejana una vivienda propia, que se encuentra con una educación más cara e inalcanzable para las clases vulnerables, que se enferma y no tiene para medicamento costoso, que siente el hostigamiento contra sus sindicatos, que palpa la incertidumbre laboral y el desempleo. Ojalá que algo se mejoren las condiciones, no se pide mucho, tan sólo justicia social en este fenómeno de cambio empresarial, que las políticas laborales tengan su fundamento en la moral y que México viva el progreso derivado de unas nuevas reformas que supuestamente se aprobaron en aras del bienestar del pueblo.