En la Mira


René Montes de Oca.-

“La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser”. Herodoto.

Mucho tiene que ver en el éxito deseado para salir adelante de una crisis de salud, la buena relación entre el médico y el enfermo; ambos deben esforzarse en este trance, haciendo uso de los valores fundamentales de la ética; el primero, ejerciendo con responsabilidad sus facultades, mientras que el segundo, asumiendo su estado de salud como un reto a su autoestima, a su fortaleza moral, su optimismo, voluntad y disciplina.

Lamentablemente, la cultura médico-paciente ha sufrido un gran deterioro, ambos protagonistas deben buscar el mismo objetivo, pero en muchas ocasiones, en lugar de poner en práctica las mejores actitudes para lograrlo, observan conductas negativas, la mayoría de las veces por falta de valores, escrúpulos, fortaleza y responsabilidad.

Ahora que fuimos testigos de un movimiento nacional de hombres y mujeres de bata blanca, apoyando a unos compañeros acusados de negligencia médica, se hace necesario reflexionar sobre el lamentable estado de descomposición en que se encuentra la relación médico-paciente, por culpa de ambos protagonistas.

La negligencia existe, nadie lo puede dudar, pero ésta se registra en todos los ámbitos de nuestro entorno social; lo lamentable es que en el caso de los médicos, se debe hacer todo el esfuerzo por erradicarla de su campo de acción, ya que puede ocasionar la muerte y esto resulta de suma gravedad, como quien dice, los descuidos cobran vidas y urge no incurrir en ellos.

La práctica de la medicina requiere de mística, así deben entenderlo quienes la ejercen. El ser médico representa muchas privaciones, sin sabores, incomprensiones, por ello, quienes eligen esta carrera profesional, deben contar con los valores morales y sensibilidad debidamente ubicados.

Los médicos no son unos criminales, por el contrario deben ser los mejores aliados del enfermo; como bien lo dicen en sus manifiestos, tampoco son dioses para evitar desenlaces fatales. Sin embargo, esta postura de ninguna manera debe despojarlos de su sensibilidad, humanismo y responsabilidad, los valores humanos y la ética, reflejados en el juramento hipocrático, jamás deben extinguirse en la práctica de la medicina.

El sector salud merece todos nuestros respetos, aunque lamentablemente, han sido recurrentes escándalos por falta de atención oportuna a indigentes, personas de los sectores más vulnerables de la sociedad, mismos que al ser exhibidos en los medios, hablan negativamente de una lamentable falta de escrúpulos en este importante campo. Claro está que este fenómeno se ve en todas las profesiones, pero afortunadamente son más los buenos que los que no hacen honor a su título y a la ética.

Sin embargo, lo sucedido en el vecino estado de Jalisco, en donde penosamente algunos galenos tuvieron que visitar el reclusorio, ha causado un escándalo poco común, quizá porque este sector casi nunca había sido tocado tan severamente por las autoridades, tal vez porque la mayoría de facultativos pertenecen a un estrato socioeconómico alto y cuentan con una imagen diferente a cualquier trabajador de la clase media, no tanto como para gozar de impunidad, pero sí respeto a su condición y a su delicada profesión. Además, el trabajo efectivo de arbitraje médico ha menguado mucho la problemática que se da entre médico-paciente y las sanciones o indemnizaciones se cubren en forma discreta por las instituciones en donde trabajan los demandados, sin que reflejen la magnitud de la problemática.

Quizá, la medicina institucionalizada comparada con la privada marque la grieta de eficiencia y responsabilidad que existe entre ambos servicios.

El reto de la salud es para todos, se pregona con insistencia en cada sexenio, no deja de ser parte del discurso, realmente una atención hospitalaria digna, resulta inalcanzable para el proletariado.

La buena atención a un enfermo es costosa, salir de situaciones graves de salud, desgraciadamente resulta un privilegio de unos cuantos; enfermarse severamente siempre será penoso para la familia del paciente por falta de recursos. La salud pública apenas sale y con mucho esfuerzo, de los padecimientos comunes y corrientes y se ve agredida fuertemente con las enfermedades epidémicas, las campañas de prevención y emergencias que acaban con los presupuestos. Es que la medicina socializada en una nación requiere mucha entrega, además recursos económicos muy elevados, infraestructura adecuada y personal sumamente profesionalizado con mucha calidad humana.

Quienes laboran en este ambiente saben perfectamente de las limitaciones materiales y humanas, están consientes de que es pobre el avance para lograr ofrecer atención medicina de vanguardia a la gente del pueblo, por que la nación tan sólo está en posibilidades de proporcionar una limitada atención, una discriminatoria opción a la salud precaria.

En el sector salud, al igual que en el educativo, se está registrando una gran tendencia a la privatización. Los grupos empresariales, los grandes consorcios, los inversionistas, han visto en estos ámbitos un potencial negocio, una floreciente fuente de ingresos y para lograr este objetivo, ya se instrumentan campañas de desprestigio, tanto en contra de la educación pública, como de las instituciones de salud popular.

Hemos observado un fenómeno muy interesante, tanto en las clínicas de postín y colegios particulares, como en los centros hospitalarios y escuelas públicas, el personal médico y las maestros son los mismos, entonces, ¿cuáles serán las causas por las que se dice que hay más calidad en unas que en las otras?

Ahora que Peña Nieto se distinguió por sus reformas, ¿no se le pasaría proponer una para mejorar la salud de los mexicanos? Frenar la adicción a la codicia de los grandes laboratorios farmacéuticos, que hace garras a los pobres enfermos y condenan a la muerte a quienes no cuentan con el recurso económico para obtener un determinado medicamento a precio prohibitivo.