En la Mira


René Montes de Oca

“Educar en la igualdad y el respeto es educar contra la violencia”. Benjamín Flanklin.

En un acto criminal, salvaje, aberrante, colmado de morbo, prejuicios y discriminación, un grupo directivo de padres de familia agredió físicamente a Ada Lilia Gaxiola Peraza, maestra de Educación Física de la escuela Rosario Castellanos, en Cuernavaca, Morelos, por el hecho de ser lesbiana.

Este suceso, aunque se registró en una entidad lejana a la nuestra, no debe pasar desapercibido para los colimenses, ya que representa la manifestación más reprobable de la descomposición social que prevalece ante la pérdida de valores; además, evidencia una conducta equivocada de los padres de familia, quienes lamentablemente se están apartando de su importante tarea de coadyuvar como agentes dentro del proceso educativo, dejándose llevar por el desorden y la agresividad, vulnerando injustamente la figura del maestro, violando los más elementales principios de los derechos humanos y el respeto a la escuela.

Muy lamentable que un evento de esta naturaleza exhiba una mala relación entre padres de familia y maestros, dos importantes protagonistas en la tarea de bien encausar el proceso enseñanza-aprendizaje.

En este caso se está afectando a una trabajadora al agredirla físicamente, nada más por su inclinación sexual, ya que jamás cometió actos reprobables ni de hostigamiento con sus alumnos, su conducta fue respetuosa siempre. La agresión física es un delito grave del orden común y más si se le ubica como intento de linchamiento; mientras que las preferencias diferentes de las maestra son un derecho humano, amparado por las leyes mexicanas y respaldado por el sentir humanista de una sociedad civilizada; son pocos los grupos homofóbicos, trogloditas, fanáticos y agresivos, que nos avergüenzan, que definitivamente no encajan en la modernidad y el progreso, personas desorientadas y retrógradas, puritanas e ignorantes, apasionadas y cobardes.

Resulta doloroso este asunto si nos ponemos a pensar que alguna hija o familiar, en alguna ocasión, sea víctima de atropellos arbitrarios, de agresiones ignominiosas, en eventos como éste, que realmente deben ser motivo de preocupación.

Y nos preguntamos: ¿Cómo vamos a combatir el bullying en las escuelas? Son ahora los padres de familia los que exhiben en donde se genera la conducta agresiva y la cobardía de atacar en grupo. Poco se puede hacer en los planteles cuando en muchos hogares priva la violencia intrafamiliar y la falta de respeto.

Ahora es cuando volvemos a ponderar la postura del Profr. Francisco Javier Pinto Torres, secretario general de la Sección 6 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (Snte), cuando habló claro y fuerte, saliendo a la defensa de sus agremiados y asegurando que no permitirá que ningún trabajador de la educación sea afectado a consecuencia de una práctica tan detestable, sucia y ruin, misma que como lo señaló el dirigente, siempre ha existido, nada más que antes era la famosa “carrilla” y ahora lleva un nombre de más “caché”, aunque sigue siendo una acción detestable y cobarde.

Buena la postura de Pinto Torres, quien en una entrevista televisiva de antenoche señaló la campaña de desprestigio que se está emprendiendo contra la figura del maestro, denostando además la imagen de la educación pública. Señaló el dirigente que algunos grupos buscan la privatización educativa en el país; incluso, con valentía especificó que se trata de una corriente empresarial y esto es muy loable de parte de un buen líder, que no anda con cortapisas.

Se debe intensificar en Colima el trabajo de las agrupaciones de padres de familia, que dejen de ser simples membretes, decoraciones grises, grupos domesticados e incondicionales. Urge acción edificante, orientación, asesoría, práctica disciplinaria y trabajo en general. Hacer a un lado la incondicionalidad para darle paso a la opinión bien fundamentada, combatir la indisciplina pero motivar la participación responsable y respetuosa, propiciar los consensos, ya que si bien se debe luchar por erradicar la violencia y la agresividad entre algunos padres de familia, tampoco se demanda una total pasividad de ese sector al que se le debe inyectar vigor, participación, opinión constructiva, aportación, trabajo respetuoso, una verdadera acción propositiva de equipo con los maestros y la comunidad en general.

Urge actualizar las políticas de las dirigencias de paterfamilias, vaya, hasta revisar estatutos, programas de trabajo, objetivos logrados y lo más importante, que se establezca el tiempo de duración de cada directiva, evaluación del trabajo que realizan, seguimiento constante a sus tareas.

Siempre ha sido cuestionado el hecho de que los liderazgos se eternicen en el cargo, que pongan la hamaca para el ocio, en un cargo que ya se considera más político que de trabajo socioeducativo. Es tiempo de evitar que en nuestra entidad se den casos escandalosos como en Cuernavaca; se han registrado sucesos menores, como padres que impiden la entrada a la escuela a directores o maestros, pero que no han llegado a la gravedad.

Es momento oportuno ahora, para que, por lo menos se realice la famosa insaculación y se inyecte sangre nueva a este organismo que luce soso e inactivo.

DIPUTADOS ENCHALECADOS

Muy complicado el trabajo de los diputados locales y máxime cuando no hayan con quién quedar bien. Lo pudimos constatar en el evento con los motociclistas, unos se ponían el chaleco apoyando a los inconformes, luego se lo medio quitaban, estaban asustados, queriendo quedar bien con las dos partes. Durante el foro se evidenció la falta de consistencia de algunos legisladores, quienes trataron de aparentar su postura solidaria con las inconformes, olvidando que antes aprobaron la iniciativa con efusividad, utilizando el mayoriteo y deprimiendo la democracia legislativa

Pero este conflicto deja una nueva aportación al diccionario político: Chaquetero: Aquel que cambia de bando con toda facilidad. Chalequero: Quien se pone el chaleco de motociclista, cuando así conviene a sus intereses.