En la Mira


René Montes de Oca.-

A raíz de que el Angel de la Independencia que estuvo colocado entre las avenidas J. Merced Cabrera y Pablo Silva García, de la ciudad de Villa de Alvarez, resultó un trabajo en serie elaborado en fibra de vidrio y no una obra escultórica valiosa, se han desatado una serie de comentarios que bien valen la pena analizar.

En primer lugar, los ciudadanos se sintieron defraudados por la baja calidad de lo que por mucho tiempo creyeron una obra valiosa. Pero en realidad, las autoridades municipales jamás señalaron que el famoso monumento fuera la obra artística de algún connotado escultor, tampoco hablaron que fuera de bronce, así que no hubo engaño.

La copia escultórica no es de buena calidad, pero hay que reconocer que fue un objeto de ornato y cumplió sus funciones satisfactoriamente; ahora, tristemente se encuentra en las bodegas del Ayuntamiento, arrinconado y sucio, avergonzado y olvidado. Su costo de alrededor de 250 mil pesos, no está como para que su destino sea el basurero, puede ser reubicado en algún parque o jardín de una colonia en donde luciría simplemente bonito, sin ningún valor cultural, una simple artesanía decorativa.

Lo lamentable es que en el afán de trascender, muchos presidentes municipales están llenando de diferentes tipos de monumentos la zona conurbada Colima y Villa de Alvarez. Están gastando mucho dinero en este rublo y lo peor, la mayoría de las estatuas no tienen gran valor artístico ni cultural.

Al respecto, ya se escuchó la voz autorizada de Rubén Pérez Anguiano, secretario de Cultura, quien consideró al Angel de la Villa carente de todo valor cultural, dijo que es una mala copia.

Resulta ahora que los dineros del pueblo se están mal utilizando en la compra de simples baratijas, que nos dejamos llevar por el oropel, que aún no superamos el complejo de la Malinche, nos siguen engañando con “espejitos”.

En nuestra entidad tenemos obras muy valiosas de reconocidos artistas, algunos colimenses como nuestro ilustre Jorge Chávez Carrillo, por sólo poner un ejemplo, pero abundan estatuas de dudosa calidad tanto cultural como artística, pensamos que están sobresaturando nuestra zona urbana, la cual demanda más el arreglo de banquetas y espacios públicos en vez de que se estén desviando los recursos en gastos infructuosos que ni siquiera enriquecen nuestro patrimonio cultural.

Ya en Colima nos invadieron de arrieros, tuberos, bateras y hasta un charro en plena faena. Al tubero del Núñez hasta le robaron las balsas y ahí está luciendo despojado por la gente del pueblo, en señal de protesta por una administración que dejó una gran deuda y que todavía empleó muchos recursos en estas obras completamente innecesarias cuyo costo no se sabe.

Ignoramos la razón por la cual les dio a las autoridades por colocar monumentos por doquier, la mayoría de dudosa calidad, pero ahí están, evidenciando irresponsabilidad administrativa de algunos ayuntamientos.

En cuanto al valor artístico y tomando en cuenta que cultura es todo lo que no es natura, hasta las baratijas representan una manifestación humana y por lo tanto es cultura la reproducción en serie, la artesanía, la copia de obras de arte, mediante un proceso interesante que va desde hacer moldes, hasta darle forma a la fibra de vidrio y todos los demás arreglos que implica su realización.

Claro está que el valor artístico de una obra solamente se lo da con un toque de talento y la genialidad quien elabora el original, las copias no pueden ser obras de arte, pero sí hay artesanías muy finas.

Ya lo señaló nuestro culto amigo Rubén Pérez Anguiano: En Colima son pocos los monumentos que reúnen un real valor cultural y artístico, de los contemporáneos las autoridades de cultura tienen el control, ya de tiempos pasados, es el Instituto Nacional de Antropología e Historia (Inah) quien lleva el registro reglamentario.

Algo bueno trajo la caída del Angel del la Villa, una gran reflexión: Dejar de malgastar el dinero en tiempos de hambre, esperar mejores épocas para la adquisición de arte, artesanía y hasta bisutería, tan ostentosa como nada urgente.

En la Villa ya están hartos de ver los dineros del pueblo tirados a la basura; lamentaron la demolición de la malograda obra del Casino de la Feria, siete millones irresponsablemente desperdiciados y ahora un ángel sumamente desangelado, dinero perdido de las arcas municipales que jamás se recuperará.

POLITICAS ENCONTRADAS

Muy lamentable que mientras las políticas administrativas del Lic. Mario Anguiano Moreno sean ponderadas por su sensibilidad y eficiencia a tal grado de que se considere a Colima como Modelo Internacional de Gobierno, por otro lado, la actual legislatura, por enésima vez esté incurriendo en graves desatinos. El caso de los motociclistas estigmatizados está dando mucho de qué hablar en las redes sociales por todo el orbe. La aplicación de una ley de corte nazi, obsoleta y con amargas experiencias en otras naciones, ha despertado un gran descontento no solamente entre los usuarios de motocicletas, sino de la sociedad en general. Buena bronca les espera a Martín Flores y Jesús Villanueva, voceros del PRI y Panal, respectivamente, en la Legislatura. Nada recomendable su impopularidad en tiempos cercanos a una elección. La nueva ley discriminatoria atenta contra los derechos humanos universales, viola la Constitución y denigra a los usuarios de un vehículo que representa la mejor opción para la movilidad vial, por lo cual esta cuestionada disposición enfrenta un rechazo generalizado y con seguridad pronto será vergonzosamente derogada o simplemente se le dará carpetazo y jamás se aplicará, como tantas otras.

ZENEN CAMPOS, UNA

OPINION OPORTUNISTA

La opinión de Zenén Campos en el asunto de la “ley chaleco” no tiene peso, puesto que los permisionarios del transporte urbano se han caracterizado por sus prácticas crónicas de incumplimiento con los usuarios y sus políticas siempre han sido agresivas a la economía de las clases más vulnerables, su intromisión en este asunto no es otra cosa que oportunismo buscando beneficios en el nuevo acomodo de rutas, ya que los empresarios del transporte buscan suspender las menos costeables, sin interesarles dejar a trabajadores, estudiantes y amas de casa sin tan vital servicio en zonas lejanas.