En la Mira


René Montes de Oca.-

Es oportuno aún dedicar mucha atención a la responsable tarea de componer las actitudes de la clase política, mismas que desde hace tiempo se vienen perdiendo en prácticas poco adecuadas, nada constructivas, carentes de valores institucionales y respeto a una práctica democrática que demanda urgentemente mayor decencia, conducta de altura dentro de un proceso electoral muy importante, un aseo responsable suficiente para dar una mejor imagen al trabajo electoral, que corre el riesgo de contaminarse de perversidades que confunden a la ciudadanía y fomentan inmoralidades, así como falta de ética.

Urge que los valores humanos vengan a ocupar el lugar que les corresponde en las elecciones del 2015; se requiere, de hecho, que personas valiosas, honestas y capaces, surjan con fuerza; que la ciudadanía respalde el trabajo limpio, la vocación laboral, el espíritu de servicio y sobre todo la moral de los aspirantes al gobierno de Colima.

Que sea el pueblo y no el nefasto manejo de circunstancias y relaciones importantes el que influya en el momento de tomar las decisiones importantes dentro de los partidos políticos, instrumentos que tienen la patriótica tarea de buscar el voto de las mayorías, pero que en este afán, en ocasiones descuidan su presencia, cobijando prácticas colmadas de una urdimbre que por desgracia deforma la edificante labor para la cual se implementaron estos organismos dentro de nuestro sistema nacional.

Desgraciadamente, la fuerza de los partidos se ha perdido en aras de una descomposición gubernamental egoísta; los líderes morales del centro y los criollos han aniquilado la funcionalidad de estos institutos políticos que se implementaron precisamente para trabajar institucionalmente en las tareas de fomentar una genuina democracia electoral.

Ahora son los grupos los que presionan para imponer a sus caudillos, es la intriga política la que contribuye a la gran deformación institucional, demoliendo el trabajo serio, que no ahora, sino de manera permanente, se debe poner en práctica en los partidos políticos, institutos que tanto a nivel nacional como en Colima, se encuentran en situación de desastre, simple y sencillamente por las prácticas gubernamentales que se están inclinando por el manejo autoritario y unilateral, dejando a la ciudadanía completamente despojada de su derecho a impulsar a los mejores hombres y mujeres a los cargos de responsabilidad cívica a través de la acción política.

Pero me pregunto: ¿Qué papel han desempeñado los partidos políticos durante estos tiempos de apagón? Lamentablemente han venido a protagonizar como simples membretes que no trabajan de acuerdo a su reglamentación, que se apartan de sus lineamientos, que carecen de la iniciativa y el trabajo suficientes para ocupar el lugar que en derecho les corresponde.

Simples organismos ociosos, muñecos de cuerda, juguetes de pilas, que solamente se accionan en el momento en que reciben consignas de los grandes manejadores de la política nacional, estatal y de extraños al pueblo, protagonistas de primera clase en este gran escenario de la oligarquía nacional, señorones de las cámaras, funcionarios de primer nivel o elementos cercanos a las grandes camarillas que deciden en cafés situaciones tan delicadas, usurpando un derecho que le corresponde al pueblo, mismo que le han arrebatado por costumbre a través de la imposición autoritaria, propinando un duro golpe a la democracia que tanto se pregona, pero que lamentablemente sigue siendo una quimera.

En Colima, tenemos un PRI que minimiza sus sectores, los mantiene permanentemente en la opacidad, ahora son simples instrumentos apagados y grises, changarros descuidados sin liderazgo fuerte, con dirigencias sin identificación con sus representados, completamente al cobijo de poderosos personajes y hasta familiares, que llegan al extremo de alterar hasta la reglamentación interna requerida, para darle un valor genuino a éstos, que en otros tiempos fueron importantes bastiones electorales del tricolor y que ahora sólo desempeñan un triste papel al servicio de personas sin escrúpulos, de malos militantes que se dejan llevar por su egoísmo, por su codicia política, cayendo en nepotismo, amiguismo e incondicionalismo, colmados de una perversidad que no debe tener cabida en un partido que surgió con gran liderazgo y simpatía, y que ahora se está perdiendo en campañas mediáticas, pachangas colosales, componendas de personas sucias, intriga e intereses mezquinos, que aniquilan los valores de un partido que un día llegó a ocupar un verdadero liderazgo, una fuerza electoral genuina.

Un instituto político que surgió limpio y vigoroso, pero que ha caído en una actitud manejable de grupos, que se ha contaminado y lo peor, que no ha trabajado, que solamente funciona cuando hay línea, que habla exclusivamente cuando le dan voz. Una organización política que fue muy fuerte, pero que ahora se ve en la necesidad de andar buscando alianzas con minorías oportunistas, en lugar de crecer, buscando con su trabajo permanente el consenso electoral, el apoyo genuino de un pueblo que demanda decencia e integridad.

El Partido Acción Nacional, en un pasado cercano, llegó a ser la opción del electorado, pero lamentablemente en poco tiempo adoptó las políticas del tricolor, en donde la perversidad, la codicia, la arrogancia y la urdimbre, han encontrado un buen caldo de cultivo.

Lamentablemente, la preponderancia de grupos, el divisionismo y el agresivo canibalismo, han enterrado la aspiración de un nuevo PAN, de lo que llegó a considerarse una genuina fuerza electoral, pero que ahora la codiciosa e inmoral actitud de sus protagonistas han acabado con ese momento hermoso de un panismo prometedor que fue fugaz, que se autoeliminó, que dividió su fuerza, que no permaneció firme en su ideología, que se abarató en coqueteo con otros organismos, que acabó a elementos valiosos, que se ha convertido en un partido al servicio de quien mejor le conviene y ha deformado la figura de quienes pudieron desempeñar un mejor papel en otras condiciones y con actitudes diferentes.

Los otros partidos siguen en la órbita, sus líneas son de sobra conocidas, sus actitudes las mismas; atentos a las disposiciones de las autoridades electorales, siempre con la mirada en las políticas financieras, en el incremento a las partidas que se les asignen, buscando que éstas siempre les favorezcan para tratar vivir bien, de hacer una pobre política, buscando un desarrollo que no es notable, simples candidaturas de dádiva, poca respuesta de la ciudadanía.

Pero en fin, buscamos maquillar la democracia con personas de todos los colores en los cargos, pero no lo hacemos de manera genuina en el sentir del pueblo, que en realidad no se encuentra muy satisfecho del manejo político actual, mismo que no refleja progreso ni bienestar a las familias, no genera dinámicas de trabajo, no permite espacios a los nuevos valores de la honestidad, la pulcritud y la disciplina.

El pueblo, cada día más globero, participando en las multitudes, estirando la mano durante los eventos, lo mismo para mendigar la “cheve” que para pagar la renta, el gas y hasta la luz. Un conglomerado humano que ha sido conducido también en esta vorágine a la pérdida de valores, gente que se presta a acarreos, que va por una camiseta, que se conforma con poco, con simples despensas humillantes, con muchísimas carencias y lo peor, que también está perdiendo escrúpulos, la contaminación política, futbolera, de la televisión, internet y celular, unidos a la desnutrición y el hambre, le están restando calidad moral para estar en condiciones de exigir una política electoral de altura, un mejor lugar en el contexto social y económico de la nación, de este México en donde alguien se roba un peso y se le condena inmisericordemente, mientras que los encumbrados se exhiben en manejos turbios de muchos millones de pesos y siguen tan campantes militando en la nefasta oligarquía nacional.