En la Mira


René Montes de Oca

México está de fiesta, nuestra selección de futbol triunfó ayer, uno a cero contra Camerún, en un interesante partido celebrado en el Mundial de Brasil. Ahora todos festinamos y hasta los más escépticos creen en “El Piojo” y sus muchachos.

Los políticos son los primeros en emitir mensajes de felicitación a los deportistas que pusieron en alto en nombre de nuestro país. Triunfa el deporte nacional y eso es bueno, con esa idea todos estamos de acuerdo; sin embargo, algunos no cejaremos en nuestra tarea de hacer juicios severos sobre algunas prácticas sucias que en su nombre se utilizan en el campo de la perversidad.

Siempre le apostaremos al deporte sano y condenaremos que en algunas ocasiones se utilice como un instrumento para lograr fines muy ajenos a la conformación de mejores ciudadanos. Demandaremos en todo momento un espectáculo austero, sin tanto afán de lucro, más respetuoso de la condición humana de los profesionales de las canchas. Fortalecer las prácticas honestas en la organización deportiva, debe ser una aspiración de todos.

Nuestro futbol es ya una religión, así lo manejan Televisa y TV Azteca, emisoras que difunden mensajes subliminales con insistencia, creando un clima de apasionado fanatismo en torno a un deporte que nació sano, pero que por desgracia ahora se ha convertido en un instrumento controlador de masas, que enajena a la sociedad.

Los intereses económicos mundiales representados en la Fifa han convertido el balompié en un espectáculo sumamente lucrativo y cada cuatro años celebran su acontecimiento mundial, evento en donde se invierten muchos millones de dólares y en el cual se exhibe el imperialismo deportivo, la mercadotecnia futbolera, el manoseo organizativo y el daño moral a la humanidad.

Definitivamente, no tratamos de contraponer al deporte con el avance de los pueblos; por el contrario, reconocemos en las prácticas deportivas su alto sentido de disciplina, el buen papel que desempeñan en la recreación familiar, el estímulo a la salud física y mental que a los seres humanos aporta el ejercicio corporal. En lo que definitivamente no estamos de acuerdo, es en la distorsión que se ha dado al espectáculo, mercantilizándolo intensamente, enlodándolo en los pantanos de los intereses perversos del capitalismo, utilizándolo como herramienta infalible para presionar a los gobiernos y manejar a los pueblos.

Es ahí en donde está el riesgo, cuando una autoridad gubernamental se ve superada por la avalancha deportiva, cuando por temor al desgaste de su figura, los políticos se ven en la necesidad de alterar las disciplinas institucionales de sus respectivas naciones, prestándose a los caprichos de una organización mundial del deporte, la cual en complicidad con los grandes monopolios mediáticos mundiales se dan el lujo de voltear de cabeza a la población.

Ya de por sí la sociedad se encuentra en plena crisis de una alta degradación, poco a poco pierde sus valores y la ética se diluye en medio de un alto índice de violencia y perversidad.

El colmo, ahora que la mayoría de políticos de México se ponen la camiseta del Tri y abandonan sus tareas, para admirar una justa deportiva, dejando al garete a la nación, para dedicarse de manera irresponsable a ver un partido del mundial, ¿será por eso que en nuestro país, la política anda de la patada?

La Fifa está satisfecha, suspende el tráfico en todos los confines de la tierra, las oficinas dejan sus labores, no hay clases, las mujeres no cocinan, es la única ocasión cuando la cosa se para en serio, se olvidan las responsabilidades, todos los valores de la humanidad se pierden en torno a un balón que se castiga con el pie, a los gritos estentóreos coreando un gol, o a las desgreñadas coléricas de los entrenadores, en los arranques protagónicos cuando no les sale la jugada deseada.

México no es la excepción, ni Colima se abstiene de entrarle a la onda del Mundial. Nuestros diputados locales, por ejemplo, hasta se dan el lujo de ver algunos partidos en el paradisíaco Cancún, aunque Martín Flores dice que los gastos no los absorberá nuestro gobierno, sino que correrán por cuenta de las arcas anfitrionas, se le olvida al legislador que tanto los dineros de la tesorería de Colima como la de Quintana Roo son del pueblo y no están para los derroches futboleros, disfrazados en una reunión nacional, tan obsoleta como injustificada.

Lo que asombra es que en resolver favorablemente a la asistencia al evento futbolero casual en tan hermoso destino turístico, estuvieron de acuerdo al unísono todas las bancadas; hasta eso, a todos nos gusta la dulce vida.

Brasil se manifiesta, exhibe su miseria, una población marginada viste de gala sus favelas, que ahora funcionaron como lindos albergues turísticos, ahí por lo menos se ganarán algunos pesos los parias y los turistas que no alcanzaron hotel tendrán oportunidad de experimentar lo que siente un pueblo miserable en donde con samba y trajes exóticos trata de cubrir el llanto y el dolor de los que nada tienen.

El mundial de Brasil exhibe a un Lula Da Silva, su gran mentira sobre la transformación de un pueblo que gobernó y que sigue en las mismas condiciones de siempre. A México, hace poco, este personaje vino a decir puras fantasías, quizá por eso ahora arremete contra nuestra nación, diciendo que en México se encuentra en peores condiciones que la conflictiva tierra del carnaval.

Aún recuerdo que con motivo del Mundial en Sudáfrica, en esta columna exhibimos la miseria de un pueblo que no tuvo acceso a los estadios, solamente causó lástima. En aquella ocasión criticamos la desfachatez de sentar juntos al dirigente de la Fifa y al mandatario del país anfitrión, el ex esclavo africano Nelson Mandela, un idealista que lució con toda su brillantez, no obstante el escenario prefabricado con fines perversos y discriminatorios, buscando verlo humillado, al lado de un exponente distinguido de un sistema corrupto, nefasto y explotador.

Ahora es Brasil y después será otra nación explotada. La Fifa busca comparsas, mostrar su poderío, mencionar la soga en casa del ahorcado, pero así es la política internacional; entre más te dejes más te las acumulan… por tarugo.

Quizá por ello el Papa Francisco sigue con su política demócrata, corrigiéndole infinidad de planas al Vaticano. “Dinero, poder y orgullo no se podrán llevar a la otra parte”. Dice el Papa que los corruptos tienen el corazón roto y así es difícil que se le acerquen a Dios. Yo digo, pa’ lo que les interesa acercarse a Dios a esos condenados bribones. Y eso del corazón roto, ¿no será porque los poderosos son bien enamorados?, tienen su casa chica, catedral y varias capillitas, los malos políticos, narcos, empresarios, esos que no temen al diablo, por lo pronto gozan la vida de lo lindo aquí en la tierra, adoptando un cinismo religioso que asombra, se persignan con la derecha y con la izquierda hacen una señal despectiva diciendo: ¡Lo espiritual me importa poco!, ¡no soy decente… y qué!