En la Mira


René Montes de Oca.-

Con el respeto debido, todo analista responsable debe ser justo al tocar el tema del problema de la huelga de hambre de un grupo de universitarios. Se debe hacer una crítica constructiva y equilibrada, dejar de lado las pasiones.

Nuestra Alma Mater merece el mejor de los tratos, ya que es una institución que se ha desarrollado hasta campos insospechados, gracias al esfuerzo de todos los colimenses, quienes desde hace más de siete décadas le apostamos a una educación profesional de calidad a la que tuvieran acceso las nuevas generaciones de nuestro pueblo.

Anhelamos siempre la infraestructura que ahora existe por todas las latitudes de nuestra estado, que se diera esa difusión universitaria, ese desarrollo en la investigación científica que incluso ha rebasado las expectativas y, sobre todo, que se respetara la esencia que dio origen a este proyecto tan bien forjado, en el sentido de respetar a la gente, no olvidar jamás que en Colima: Universidad es sinónimo de pueblo.

La nueva clase profesionalizada debe seguir vinculada estrechamente a la estructura laboral tradicional, en forma tal que los licenciados vayan siempre de la mano de los artesanos, los maestros, hombro con hombro de los jornaleros, los doctores juntos siempre de los obreros, los investigadores apoyando permanentemente a los productores; en una palabra, el sueño de Colima siempre ha sido que jamás la Universidad sea considerada un grupo de élite, un sector independiente y menos aún, un centro de conflicto.

Leonardo César Gutiérrez Chávez, ese jovencito que vemos tristemente sentado a la entrada de Palacio de Gobierno acompañado de otros seguidores en un plantón al que denominan huelga de hambre, es y nadie lo pone en duda, un universitario destacado, su grado de doctorado habla por sí solo de que su lucha debe tener un fundamento serio, no es una medida derivada de pasiones inmaduras ni arranques porros, afortunadamente ya superados en estos ámbitos.

Su movimiento, calificado como “minoritario”, no deja de ser una manifestación de universitarios y como tal debe respetarse, tratarse con sensibilidad política gubernamental, ya que esta protesta ha tomado la vía pública, salió de los campus universitarios para convertirse ahora en un problema político y social de nuestra entidad; la protesta no se realiza a la entrada de la Rectoría, sino en el jardín, frente de la entrada principal de la sede gubernamental. Como quien dice, los manifestantes buscan el cobijo del poder Ejecutivo y el respaldo popular.

No sabemos hasta dónde se hayan realizado con anterioridad negociaciones ante la Rectoría, las cuales de haberse llevado a cabo, con seguridad no progresaron, ya que la situación se salió del manejo interno, evidenciando falta de tacto político, escasa sensibilidad, nulo sentido común y ahora, lo que pudo evitarse con talento y actitudes diferentes, se ha convertido en un gran problema que repercute hasta en el gobierno de Colima.

Poco sabemos de cómo se lleven las políticas internas de nuestra querida Universidad, pero pensamos que de haberse manejado este conflicto laboral con más sensibilidad, no se hubiera llegado a esos extremos tan lamentables.

Triste que el prestigio de la Universidad de Colima pierda su limpieza tradicional, porque los hechos, al final de cuentas, sobre quien repercuten, es precisamente sobre nuestra casa de estudios.

Algunos dicen que al interior de la Institución se han creado algunos vicios, que el fondo del problema es una pugna de grupos poderosos, que no se aplica una política justa, que no hay apertura y la democracia interna se está desmoronando. Otros consideran lamentable que se estén manejando millonadas, que el pleito ahora sea económico y lo más triste, que se afecte a una clase que siempre debe merecer lo mejor, como son los jubilados.

La verdad es que Leonardo está creciendo con una figura de víctima, es un mártir universitario que mediáticamente pone ahora en entredicho a nuestro gobierno y a nuestra más respetable institución educativa, porque hasta ahora, nadie ha levantado la mano para señalarle errores como dirigente sindical, tampoco falta de talento, agresividad o cerrazón, se le considera un elemento limpio, de buena conducta, trayectoria digna, profesionalismo de altura y lo que nadie duda, es un buen luchador social, de esa gente que ya casi no se da.

¿No consideran ustedes que sería prudente una mayor atención del Lic. Mario Anguiano Moreno y del rector Eduardo Hernández, para de una vez por todas enfrentar al líder derrocado y sin pretextos pueriles, establecer una negociación de altura, en donde predomine el respeto, la calidad, el profesionalismo y sobre todo la ética universitaria? ¿Acaso no habrá la suficiente capacidad para llevar a efecto un evento conciliatorio en un marco de tranquilidad, sin la presencia de multitudes, una negociación digna y no un zafarrancho que decepcione a la población y desacredite a nuestro sector de profesionistas y académicos? ¡Claro que sí la hay!, pero ante todo, se le debe poner voluntad política al asunto. Urge para bien de todos.

 

A PROPOSITO: LAMENTABLE PERDIDA,

FALLECIO HUMBERTO SILVA, CREADOR

DEL NUEVO PROYECTO UNIVERSITARIO

Apenas concluía el comentario de hoy, cuando recibí un llamado telefónico de mi hijo Pablo, diciendo: Papá, ¿te acuerdas de quien estábamos acordándonos ayer por la tarde?, sí, de Humberto Silva, le respondí de inmediato. Es que yo le preguntaba precisamente: ¿Hijo, no has visto por ahí a Humberto, tengo tiempo sin verlo, pero ya vez que no salgo, estoy en reposo desde hace tres meses para someterme a una intervención quirúrgica? Pero cual sería mi sorpresa, cuando me dio la desagradable noticia de que mi amigo de toda la vida, había fallecido. Me entristecí mucho porque Beto, independientemente de ser un político brillante y visionario universitario, fue siempre muy fino y solidario, un hombre educado, maduro, tolerante, prudente, capaz y cosa rara en la “grilla”, de buen fondo, tenía una nobleza excepcional, una identidad bien definida y una lealtad incomparable, gente de valores que abría oportunidades al adversario caído, descubría talentos y con ellos enriqueció nuestra universidad, como en los casos del maestro Zamarripa, que ya tiene un espacio de honor en las artes de México, de Rivas Mira y de tantos otros que no enumeramos para evitar injustas omisiones. Triste coincidencia, esta noticia la recibí en las mismas circunstancias que hace ocho meses, el fallecimiento de mi padre y ahora dedico un espacio igual al amigo, con la misma vibra sentimental que sentí cuando comenté el deceso de mi progenitor, quien fuera compadre querido de sus padres Helidoro y Esther, así como amigo personal del ahora extinto que fuera en su momento dirigente de la FEC, rector de la Universidad, Diputado Federal, secretario general de Gobierno, diputado local, secretario de Planeación del Gobierno, entre otros cargos distinguidos de la entidad. Mis sentidas condolencias a todos sus deudos, su pérdida será irreparable, muy especial solidaridad a su hijo Jorge, mi sincero y fino ex compañero cenopista.

La memoria de Humberto Silva Ochoa debe permanecer vigente en una casa de estudios a la que dio modernidad y entregó gran parte de su vida. La moral universitaria debe tener siempre presente su ejemplo y su labor.