En la Mira


René Montes de Oca.-

Guillermo Valencia Mendoza, uno de los hijos mayores de la familia de Don Chava, hombre caracterizado de nuestro querido Comala, apenas contrajo matrimonio cuando decidió avecindarse en Suchitlán, hermosa comunidad indígena en donde se dedicó con esmero a trabajar honestamente y formar una apreciable familia. Lamentablemente ya falleció, dejando un grato recuerdo en nuestro municipio.
En una ocasión, siendo dirigente del Sector Popular de nuestro partido el Lic. Gilberto García Nava, fue Guillermo el anfitrión en su rancho, con una memorable comida a la que asistimos todos los cuadros y la dirigencia estatal de ese organismo.
Al calor de la plática y en presencia de autoridades y políticos, me dio por sacar a relucir los méritos profesionales de mi madre, la Profra. Leonor Pérez Carrillo, a quien siempre he considerado una distinguida comalteca, política y lideresa, luchadora social aguerrida, gente muy apreciada en los diferentes círculos de la entidad y en especial de nuestro querido pueblo mágico.
De pronto, la fuerte y bien templada voz de Guillermo me interrumpió en tono imperativo para hacerme un interesante comentario que me llevó a una inolvidable reflexión. “Discúlpame, René, mis respetos para la Güera, es verdad todo lo que dices sobre su importante labor, pero quiero que sepas que el profesor Pablo, tu padre, aún fue mejor. Debo decirte que a mediados de los 40’s, cuando llegó a Comala como director de la Escuela Juárez, se le consideró uno de los mejores maestros, gente culta, profesional, capaz y con iniciativa magisterial, formó a muchos buenos comaltecos, unos no seguimos estudiando como yo, otros son excelentes profesionistas, pero afortunadamente, todos gente de bien, trabajadora y con valores, porque en aquellos tiempos, la moral contaba mucho en la tarea de educar, tanto en nuestras casas como en la escuela”.
En otra ocasión, comentando con mis compañeros maestros durante un curso celebrado aquí en la capital, precisamente en la escuela Salvador Allende. De nuevo -como es mi costumbre- exalté la trayectoria magisterial de mi madre. Fue entonces cuando otra profesora de la vieja guardia que se llamaba Engracia Vega, también refirió que fue mi padre el que formó a su esposo, ya que en aquellos tiempos, junto con otros reconocidos profesores nomalistas, Pablo Montes de Oca, contribuyó a la inmensa tarea de orientar y asesorar a la gran mayoría de instructores improvisados, quienes sin los estudios profesionales requeridos, se incorporaron a la titánica tarea de llevar luz e instrucción elemental, sobre todo al medio rural de Colima.
Luego, como todos sabemos, surgió el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio, que concluyó con la formación de esa pléyade de patriotas que a muy temprana edad se convirtieron en multiplicadores efectivos de su limitada preparación, enseñando las primeras letras en aquellos agrestes campos impregnados de una ignorancia total.
En este día, dedico mi comentario “Al maestro con cariño”, a mis padres y modestia aparte, cito anécdotas muy importantes para mi y mis hijos, hechos que me hacen sentir cierto abolengo magisterial, comentarios de gente humilde y trabajadora, opiniones desinteresadas de hombres y mujeres comunes y corrientes, que observan y aunque no lo creamos así, saben aquilatar a los protagonistas de la educación.
Pero el destino es justo, mi padre que falleció hace apenas unos meses, retirado por jubilación desde hacía varias décadas, tuvo una despedida digna, acompañado de las autoridades educativas y sindicales, destacando el ex secretario de Educación, Profr. Benito Montes González, quien fuera uno de sus más brillantes alumnos de sexto grado y con frecuencia durante su infancia lo acompañaba de cacería a los alrededores de Comala, buscando güilotas, iguanas o lo que se pudiera.
Pero vale la pena hacer un paréntesis muy especial, para destacar el apoyo que le ofreció durante su larga enfermedad, así como el acompañamiento solidario durante su partida, el ahijado “Memo”, por el que siempre sintió muchísimo orgullo mi progenitor. Guillermo Rangel Lozano, secretario de Educación, es un hombre íntegro, gente que entiende al magisterio y a quien tanto apreciamos en nuestro seno familiar.
Ahora que el magisterio de Colima pasa por uno de sus mejores momentos, cuando tanto los líderes sindicales como las autoridades educativas, se encuentran en la misma sintonía. Debemos congratularnos de una nueva era, limpia, diáfana, propositiva, uniéndonos con ahínco a la labor patriótica que aquí encabezan tres jóvenes modestos, talentosos, generosos y prudentes, gentes de esta horneada, de esas que demanda con urgencia, una nación como la nuestra, en donde los valores morales se están perdiendo.
“Memo”, Adrián y Pinto como que están dando una nueva imagen, transmiten seguridad en el trabajo, alientos para afrontar los nuevos retos, valores para realizar un aseo íntegro; dignidad y fortaleza para dar al magisterio esos valores morales de los que me hablaba con tanta razón mi inolvidable paisano y amigo Guillermo Valencia, que en paz descanse, un hombre que me hizo reflexionar sobre cual es la verdadera labor de un profesor que trabaja en el anonimato, que se entrega con cariño a su tarea docente, que da todo sin esperar nada a cambio.
Definitivamente el maestro no predica en el desierto y aún en este ambiente colmado de egoísmo, oportunismo, urdimbre y descomposición social, aquellos que con fe se entregan a la noble tarea de enseñar, tarde o temprano reciben un justo reconocimiento, si no en lo oficial ni en lo político, sí en la opinión de la gente sencilla del pueblo, que no sabe de diplomas ni homenajes, que opina por opinar, pero siempre dicen lo que para ellos es la verdad y ésta, como todos sabemos, es una fuente insustituible de justicia.
¡Felicidades maestros en su día social! Representa un verdadero orgullo ser un buen maestro.