En la Mira


DIFERENTE PERSPECTIVA DEL TRIUNFO DE TRUMP

René Montes de Oca

La sorpresiva victoria del candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, puede ser, viéndolo desde una perspectiva diferente a la apreciación agresiva que permeó la opinión generalizada de los mexicanos en su contra, una esperanza de cambio en las políticas que históricamente nuestros vecinos han practicado en perjuicio de México.

La verdad es que siempre hemos sido víctimas de los “gringos”, lo mismo en su gran territorio que en nuestro propio solar patrio, en donde por lo general los eventos de corte internacional lucen una voz apagada y sumamente débil de nuestra cancillería.

Pensar que representamos algo significativo para los intereses norteamericanos es engañarnos a nosotros mismos. Creer que la fuerza del voto latino preocupa a los aspirantes presidenciales de la nación más poderosa del mundo es utopía pura. Lograr que los migrantes acudan a las urnas en el coloso del norte es tan difícil como vencer el crónico abstencionismo en México. Por ello el impacto electoral de los hispanoamericanos es remoto. Tanto como practicar la democracia pura en nuestro territorio.

Debemos estar conscientes de lo que en realidad significamos para el país del norte: Somos los vecinos incómodos, los paupérrimos, molestos y carentes de cultura, que acosamos sus fronteras para realizar un ingreso ilegal a su territorio, una invasión silenciosa y arbitraria que repelen de la manera más bárbara, violenta y criminal, con un odio enfermizo, que para nada habla de una hermandad continental, menos del humanitarismo que con tanta insistencia manejan los yanquis, nuestros “primos”, en el hueco coloquio de las relaciones bilaterales.

Coincidimos con la generalidad de los analistas en que las propuestas de Trump son descabelladas, discriminatorias, arbitrarias y radicales, pero siendo honestos, debemos aceptar que los Estados Unidos, durante su manejo acostumbrado en políticas diplomáticas, tratados comerciales y relaciones bilaterales con México, casi siempre y por décadas, se ha regido en el mismo esquema que ahora maneja el triunfador candidato republicano.

Históricamente, todo acercamiento nuestro al norte en busca de algo bueno, resulta contraproducente. Los vecinos son duchos en los terrenos diplomáticos, poderosos en armamento, experimentados en acciones bélicas, calculadores en la política, inmensamente ricos, insensibles, expansionistas y poco dados a la solidaridad. Ni siquiera la voz del Vaticano los ha sometido a la cordura, no obstante múltiples intentos para salvar la vida de latinos sentenciados a muerte por delitos que para un norteamericano se pagan en prisión.

Algo bueno le vemos a Trump: Por lo menos es sincero, no le importó sacrificar su imagen ante el electorado anunciando sus proyectos agresivos y antipopulares, en una campaña que supuestamente hizo para ganar simpatías. Vino a México y no respetó el protocolo diplomático, fue hostil con su anfitrión Peña Nieto, pero debemos de reconocerlo… muy abierto y seguro de sí mismo. Ya antes Barack Obama, el popularísimo presidente de color, había hecho desaires a nuestro presidente negándose radicalmente a tratar políticas de migrantes en la agenda de visita a México… El mismo Obama, ahora indulgente y carismático, apoyando a la demócrata. Tan interesado en la causa de los latinos, para ganar votos a favor de Hillary.

Por ello, no sabemos qué pensar ahora que Enrique Peña Nieto exhorta a Trump a trazar Agenda de Trabajo (como si se respetaran). Esperamos que la iniciativa mexicana impacte en los Estados Unidos. Este cambio inesperado donde la fuerza blanca arrolló todo intento latino en política, nos da mucho que pensar. Vaya, hasta puede influir en los ánimos de la sucesión presidencial de México en el 2018. Pero al final de cuentas, a nosotros eso nos tiene sin cuidado. ¿Que nos irá mal…? Ya no nos puede ir peor si estamos atravesando una de las peores crisis de nuestra historia.

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