En la Mira


René Montes de Oca.-

La formación ideológica de la clase gobernante es sumamente importante. La ideología debe ser el sello que con firmeza identifique a los gobiernos. Los actores que carezcan de los principios y valores de una ideología definida, están condenados a perderse en decisiones contradictorias, imprecisas, débiles.

Sin embargo, últimamente los protagonistas de la política minimizan el aspecto ideológico, no le brindan la importancia debida y este fenómeno repercute en una lamentable imprecisión gubernamental, una cuestionada vorágine que deteriora al sistema, lo resquebraja, lo coloca en alto grado de vulnerabilidad, le resta seriedad y formalidad.

La ideología es una fortaleza tan grande que trasciende universalmente, es una factor importantísimo de identificación e inspiración del trabajo, templanza y definición en la enorme responsabilidad de la conducción de los pueblos.

La ideología debe ser una prioridad indiscutible, su práctica no permite titubeos, debe ser definida y bien encausada, porque representa el alma de un conglomerado que busca el bienestar general por el camino de la verticalidad y la justicia.

A través de la historia, ha sido motivo de admiración la férrea ideología de grandes personajes, sin reparar en sus tendencias, simplemente respetando su postura, con tal de que ésta sea firme y se lleve a la práctica con convicción y ética. Es inadmisible no tener ideología o lo que es peor, permitir que ésta sea permeada con facilidad. Es que la ideología edifica la cultura; un pueblo que respeta sus principios ideológicos será ordenado y progresista, contará con la fortaleza para vencer los vicios que propician la perversidad y la codicia, así como la carencia de valores morales.

Los grandes movimientos sociales que han trascendido a través de los tiempos, han logrado sus metas gracias a su firmeza ideológica. El cristianismo, por sólo poner un ejemplo, superó hostigamientos, persecuciones, discriminaciones y firme a su ideología religiosa, ahora se ha colocado en una posición privilegiada, al llevar al catolicismo al lugar en que se encuentra, con la presencia vigorosa del Vaticano en todas las acciones del mundo.

Aquí en México, nuestro movimiento sociopolítico más grande, ha sido la revolución armada de 1910, una gesta que generó postulados valiosísimos y principios ideológicos, que líderes visionarios de la talla de Plutarco Elías Calles tuvieron la visión de plasmar en un instituto político debidamente organizado que fundaron en las postrimerías del movimiento intestino.

Lo que ha sido denominado Partido Nacional Revolucionario, Partido de la Revolución Mexicana y ahora se conoce como Partido Revolucionario Institucional, es un instituto político electoral cobijado en los ideales revolucionarios, expresa las aspiraciones populares en un esquema liberal con tendencias socialistas.

Esta izquierda moderada simplemente refleja los anhelos de los campesinos que hicieron un ideal el lema de “La tierra es de quien la trabaja” y el grito de reclamo en los campos de batalla “tierra y libertad”. La convulsión mexicana también generó un movimiento obrero sumamente impregnado de ideología emanada de la revolución industrial; en Cananea y Río Blanco inició un heroico camino en favor de los derechos laborales que ahora son constitucionales.

La Escuela Rural, la educación pública gratuita para todos los mexicanos, el derecho a la salud, a la alimentación y a la paz social, responden a una ideología revolucionaria, nuestra propia Carta Magna, es el producto más importante del idealismo de las grandes mayorías del pueblo mexicano.

Esta reflexión viene al caso por la preocupante debilidad ideológica que se está registrando en la política. Pensamos que por esta falta de consistencia se está permeando nuestro proyecto nacional. Los políticos se corrompen, no muestran un ápice de ética, son presas de la codicia y las perversidades. Están formados en un ambiente carente de principios y sin ideología firme, no tienen prioridades encausadas a la solidaridad generalizada, no buscan el bienestar ni la equidad y el progreso de todos, se dejan llevar por el egoísmo, carecen del valor ético para conformar una nueva cultura nacional, que propicie la civilidad que impera en países del denominado primer mundo, algunos liberales, otros conservadores, revolucionaros o reaccionarios, de izquierda o de derecha, pero con una convicción firme en sus ideales y proyectos.

No pasa desapercibido el manejo político y administrativo que se está dando a últimas fechas en el país. Consecuencia clara de un cúmulo de errores propiciados por una práctica carente de principios y respeto institucional y que ha significado un verdadero lastre que no permite un desarrollo armónico de nuestra nación.

En reciente entrevista televisiva, me sorprendió Ernesto Cordero, aspirante a dirigir el Comité Nacional del Partido Acción Nacional (PAN), quien afirmó que su partido debe aspirar a ser un Instituto apoyado por el pueblo, señalando al PRI como un organismo sostenido por el gobierno. Llama la atención que sea la derecha ahora la que hable de principios y valores, que convoque al pueblo, que busque un acercamiento en donde ideológicamente siempre ha existido un verdadero abismo.

Falso que el PRI esté apoyado por el gobierno; una gran verdad, el tricolor es y debe seguir siendo un partido generador de gobiernos populares, un instituto político que abandera la ideología revolucionaria y sigue sosteniendo los postulados que rompieron las viejas estructuras reaccionarias de la derecha capitalista, erradicando monopolios, repartiendo tierras, construyendo escuelas, carreteras y centros de salud para los pobres; creando instituciones con gran sentido de servicio como el Imss e Issste. Falsas posturas electoreras, solamente crean confusión, la derecha mexicana no debe claudicar y menos buscar el apoyo de un conglomerado que en su momento siempre ha buscado una democracia plena, colmada de justicia social y muchos otros valores que solamente se contemplan en una ideología revolucionaria. Pero a como están las cosas, nada más falta que los militantes de la derecha, los acaudalados explotadores, los ricos empresarios y los que siguen aprovechando las bondades de nuestra patria, ahora se proclamen flamantes revolucionarios, ideólogos y luchadores sociales a favor del proletariado mexicano. ¡Hágame el favor!