En la Mira


INCONSISTENCIAS DEL OSAFIG AFECTAN A PROFESORES QUE CUMPLEN

 

René Montes de Oca

 

En estas cuestiones de la información que el Organo Superior de Auditoría y Fiscalización del Gobierno del Estado (Osafig) proporcione sobre la auditoría que se practicó a la pasada administración, se debe tener mucho cuidado. El trabajo es de por sí delicado y más si se le agrega la predisposición de una ciudadanía que llega al extremo de satanizar todo, sin entender razones ni conceder ningún argumento favorable a la parte investigada.

Si bien el pasado sexenio nos dejó mal parados, se percibe cierta exageración a los supuestos malos manejos financieros del gobierno de Mario Anguiano. En realidad, viéndolos sin apasionamiento, éstos pueden ser ni más ni menos malos que otros de los últimos tiempos en nuestra entidad, pero la indignación popular ha crecido, los medios esperan la noticia fresca y muchos hasta hacen amarillismo al respecto.

Y cómo no había de registrarse este riesgoso fenómeno sociopolítico, si desde en las campañas electorales recientes se le atizó mucho a la hoguera en ese sentido. La bandera de todos para ganar votos fue la supuesta inmoralidad de Mario… “a pegarle al negro”, quizá como una cortina de humo para diluir la pésima forma en la que se manejó el proceso mencionado, reprimiendo la democracia y minimizando la voluntad de los colimenses. El “paquetote” fue creciendo, a la par que el repudio, injusto o no, a nuestro ex mandatario.

Bueno que se esté haciendo una revisión exhaustiva de los movimientos administrativos en Colima. Malo que por hacerlo de manera superficial, los “descuidos” afecten a algunos ciudadanos honorables, exhibiéndolos como inmorales, incluso calificándolos mediáticamente de manera vergonzante.

Por ello reina cierto malestar entre el magisterio que espera la enérgica reacción de su representación sindical para exigir se aclaren las cosas. Incluso, ahora que son tres los legisladores ex dirigentes de la Sección 39 del Snte (hecho histórico) deben, con pundonor, sacar la cara por sus compañeros de gremio, que son honorables y nada tienen que ver con turbias maniobras que se dice le están sacando al ex gobernador y sus más allegados “colaboradores”. Estos se mueven en la opulencia, mientras que un maestro o maestra que trabaja dos turnos, termina en situación de agotamiento total, después de una jornada difícil, para apenas obtener un salario suficiente, mediocre y castigado.

Esta lamentable situación originó que de inmediato Armando Zamora González, titular del Osafig, reconociera que en esta información puede haber inconsistencias, “de hecho, se debe generar un ejercicio para aclarar cuáles fueron los horarios reales, todo esto está expresado como nosotros lo tuvimos a la vista y nos fue entregada la información por la propia Coordinación de los Servicios Educativos”. Más adelante, dijo: “De ninguna manera nosotros estamos expresando que haya habido ‘aviadores’, estamos encontrando discrepancias en cuanto a la incompatibilidad de horarios, la conclusión es que hay que aclarar esto…”. Pero, ¿la “quemada” a trabajadores honorables quién se las va a quitar?

Esto me recordó una anécdota de mi padre, cuando en las postrimerías de su fecunda vida magisterial, se desempeñó como responsable del Almacén General de Libros de Texto en Colima. Poco era el movimiento de distribución y sólo a principios del año escolar. El resto del ciclo todo era aletargado, nada más esperando algún supervisor o director de escuela que pasaba a solicitar textos agotados o en su defecto a regresar cajas que le sobraban en sus zonas o escuelas, para que fueran almacenada responsablemente.

Algunos choferes de la Secretaría de Educación que se encontraban cerca del almacén, puesto que los carros oficiales por ahí se guardaban, casi siempre rodeaban a mi padre, escuchando sus sabias experiencias. Como es natural, él se inspiraba seleccionando sus mejores vivencias, para transmitirlas a sus interesados escuchas en ese ambiente de poco movimiento que invitaba más bien a la meditación, a la reflexión y a la charla amena para evitar el aburrimiento.

Fue cuando mi padre les dijo nostálgico: “Yo no quería ser profesor, en aquellos años 40´s del siglo pasado, todos se estaban muriendo de hambre, no era atractiva la carrera. La mayoría de mis compañeros se fueron a México a estudiar otra cosa: Rodolfo Chávez Carrillo, Ingeniería y Arquitectura; Jorge su hermano, Educación Física y Pintura; mi compadre Leonel Ramírez García, a la médico militar; otros como Alberto Larios Gaitán, Ventura Rivera y Manuel Contreras trabajaron de maestros y estudiaron otra carrera en el Distrito Federal.

“Todos me invitaban a que emprendiera el éxodo en aras de la superación, pero cuando lo intenté y planteé a mi padre mi aspiración, su semblante nonagenario, cansado y encorvado, me dio sin mediar palabra alguna, la respuesta más elocuente. Me quedé en Colima a apoyarlo en la peluquería, nuestro honroso oficio de toda la vida y a laborar en el magisterio, puesto que para eso mi ‘jefe’, me había apoyado dándome recursos para cursar la Escuela Normal y ser de la primera generación de la Universidad de Colima, cuando era popular, allá por los tiempos de Torres Ortiz”.

Mi padre suspiró para rematar su charla diciendo: “Me quedé con mi aspiración de ser aviador, siempre fui intrépido y me gustó la osadía”. Y todo quedó en silencio… hasta que de pronto se escuchó una voz socarrona que rompió el ambiente de meditación y reflexión, era un chofer que dijo: “No se apure, profe, aviador ya es, la Secretaría le cumplió su sueño, aquí en el almacén, casi no se trabaja y se cobra puntualmente”. ¡Si no de esos, valecito!, dijo mi progenitor, ¡soñé siempre con ser un buen piloto de guerra, un combatiente al servicio de mi patria!

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