En la Mira


HASTA EL NIÑO TIENE CRITERIO

 

René Montes de Oca

 

Recuerdo que en mi niñez comalteca, ya me hacía conjeturas. Veía pegada en las paredes propaganda política y curioso, estrenándome como lector de todo mi entorno, satisfecho de mi reciente incursión al inconmensurable mundo del aprendizaje, me preguntaba: ¿Quién será este señor?, ¡no lo conozco!

Me hacía bolas buscando imaginariamente por el barrio de “Los aguajes”, repasaba a los vecinos “del piojo”, luego a los del barrio alto, me asomaba a los portales a ver si por ahí entre los parroquianos que disfrutaban su “calmante” de lomo con pepino acompañado de su bebida predilecta, lo encontraba. Pero nunca di con el famoso personaje que aparecía muy “cariparejo” en la foto del que era el dizque candidato a un cargo de elección popular de mi hoy orgullosamente denominado Pueblo Mágico.

Todo el tiempo me vine haciendo esa pregunta. Hasta que ya en mi adolescencia, ubiqué al personaje que tanto busque cuando niño. Se trataba de un señor de Quesería, que nos habían endilgado en aquellos tiempos en nuestra tierra, para que nos representara en la Legislatura.

Así, con el devenir del tiempo, me fui dando cuenta de tanta incongruencia que existe en la política. ¿Por qué un señor que no vive aquí nos representaba en tan delicado cargo? Jamás se me dio respuesta, hasta que con el paso de los años, el hartazgo de la gente se organizó en contingentes de protesta ante los partidos políticos, para exigir candidatos ligados a nuestro territorio. Ahora tenemos puros representantes y administradores de los gobierno municipales con ascendencia y trayectoria en Comala.

Es que desde la niñez tenemos criterio, iniciamos el desarrollo de un ejercicio de opinión, juicio y decisión que se adopta sobre algo. Para quienes piensen que el niño no tiene valores de apreciación, les diré que al respecto difiero de su punto de vista. Representa el infante la valoración más limpia, el criterio más sano, la verdad más pura. Bien dicen que los niños y los borrachos dicen la verdad.

Siempre en mi cotidiano y madrugador recorrido por las calles de mi pueblo, entregando el pan a las tienditas de abarrote, demandaba en mi mente infantil la edificación de puentes sobre el arroyo poniente, para mejorar la movilidad y evitar rodeos de los vecinos de los aguajes, en su largo peregrinar para llegar al centro.

Es que Comala durante muchos años permaneció claustrofóbica, solamente una salida por el puente de la barragana al sur y para el oeste el legendario “puente viejo”, verdadera reliquia arquitectónica hecha de cal y canto con una solidez asombrosa.

Por ello, cuando la administración municipal de Jorge Carrillo González construyó un puente sobre el arroyo al sur de la cabecera municipal que comunica con el populoso barrio de Los Aguajes, todos, hasta los niños de Comala, aplaudieron.

Luego, “Lalo” Morales tuvo la acertada idea de construir otro puente paralelo a la única salida tradicional a Colima. Obras modestas pero visionarias, ambas, trabajo doméstico de administraciones que pensaron en la gente y con trabajo coherente, sin nada de relumbrón, actuando con recursos limitados y premura, hicieron lo que hasta un niño con buen juicio ya soñaba en sus recorridos matutinos repartiendo pan.

Hago el presente comentario inspirado en la noticia de que Nacho Peralta puso a funcionar el puente de la José Antonio Díaz que fue destruido por el huracán “Patricia” y que duró algún tiempo en obra adormilada, privando de funcionalidad una zona céntrica de la ciudad.

Nos llamó la atención la actitud del mandatario estatal, quien con gran sentido práctico de servicio, no esperó la ceremonia de inauguración protagónica y simplemente con un “échenlo a funcionar de inmediato”, se ganó las palmas de la ciudadanía. Es que desde el tres de noviembre del 2015 se estancó el proyecto y fue hasta el ocho de junio del presente año, cuando al declararlo técnicamente inservible, se inició la obra que hoy, cumpliendo con el plazo fijado de 90 días, fue entregada en tiempo y forma.

Estas acciones sí impactan a la gente, son tangibles y con recursos del Programa Normal del Gobierno. En este caso se invirtieron alrededor de seis millones de pesos, sin tanto adorno ni gestión. Nada de palabrería, solamente con principios de austeridad y de real operatividad, sobre todo, respondiendo prioritariamente a las demandas de la gente.

Esas son las políticas públicas recomendables a la presente administración, que puede hacer excelente papel, apegándose a la caótica situación financiera que reina en la nación. Definitivamente los apoyos de la Secretaría de Hacienda están cerrados, simplemente no hay dinero y no queda otra que “entrarle al toro” con mucha imaginación y sentido de responsabilidad.

Aseando la casa, haciendo obra pequeña pero sumamente importante, remodelando lo material y humano que se encuentra sumamente deteriorado en nuestra entidad. Lo mismo revisando la instalación eléctrica de Palacio de Gobierno, la cual, según peritos, se encuentra en el desastre, que revisando la cimentación del legendario edificio que nos dejara para posteridad Don Lucio Uribe.

Hay obras que dejan huella porque no son de oropel, Colima demanda muchas, sólo es cosa de ubicarlas y actuar bien. Ya no es posible llamar la atención con millonadas que sólo nos dejaron tragos amargos, bien vale la pena apostarle a la crisis, para revalorar lo único que tenemos: Pobreza y deseos de trabajar decentemente.