En la Mira


René Montes de Oca.-

A unos días de que las huestes del Partido Acción Nacional (PAN) realicen la elección de su nuevo Comité Nacional, se percibe una reñida contienda en donde los protagonistas serán dos distinguidos militantes de ese instituto político. Gustavo Enrique Madero, busca la reelección, mientas que Ernesto Cordero está trabajando con mucho afán para que las políticas cambien y se logre, para bien del país, una democracia plena.

Cordero, brazo derecho de Felipe Calderón durante el sexenio pasado, dice buscar la reivindicación de su partido, aspira a que el PAN sea una alternativa honesta para el electorado, una real oposición y no una simple comparsa dentro del sistema político nacional, mismo que utiliza esta corriente política de la forma como le conviene. Su tesis se fundamenta en los principios de que el PAN debe ser un partido sostenido con el apoyo del pueblo, a diferencia del PRI que se sustenta -según dice- en la fuerza del gobierno.

Por su parte, Gustavo E. Madero se maneja de manera moderada, discreta e institucional. Se dice que en las encuestas va ligeramente arriba, pero se le señala una línea oficial que se inclina por realizar un trabajo político mesurado e inteligente, tendiente a fortalecer su instituto político, utilizando, antes que nada, las negociaciones, los pactos y las relaciones gubernamentales de altura, estrategias de la política moderna sumamente cuestionadas, pero que según el político norteño pueden ser fortalezas para Acción Nacional, logrando que de manera institucional e inteligente, este partido tenga una mayor presencia y reconocimiento, encausando su trabajo en torno al esfuerzo republicano, sin tendencias reaccionarias ni oposición crónica a los buenos proyectos oficiales.

Tanto Madero como Cordero tienen prietitos en el arroz, su trayectoria política no ha sido del todo limpia; ambos han golpeado a su partido e incluso sus actitudes inmaduras ocasionaron la triste derrota y la frustración de su inteligente correligionaria Josefina Vázquez Mota, en una campaña que exhibió odio, indisciplina, pasión y mucha torpeza al interior de un partido al que prácticamente condenaron a un estatismo que ahora lo tiene en la opacidad.

Los ahora contendientes no responden a su discurso, sus propuestas no reflejan sinceridad, ambas pecan de populistas, egoístas y oportunistas. Por un lado, los maderistas tendrán que entregarse a políticas fallidas, estrategias que históricamente no han dado los resultados deseados, derrotas de una familia que ha buscado en diferentes momentos cobijarse en la protección oficialista, sin dar la batalla, prefiriendo clasificarse como una oposición manejable, un movimiento controlado, moderado, negociador y nada aguerrido. Por el otro, Cordero refleja el recelo de no haber logrado, ni aún con el apoyo de la Presidencia de la República, su aspiración a la candidatura en las pasadas elecciones. En las confrontaciones, Madero y Cordero se han hecho pedazos, ambos señalan tristes verdades, muestran al pueblo la terrible urdimbre que priva al interior de su partido, misma que lo tiene a punto del colapso.

Si bien Cordero aspira a que exista en el país una auténtica democracia, que la oposición sea digna y respetable, su demanda se torna muy difícil. Los malos panistas han conducido su instituto por senderos sumamente discutibles. Al interior del PAN se han creado diferentes intereses, todos mezquinos, nada pulcros ni edificantes.

Podemos considerar que últimamente el PAN se ha convertido en el partido de las traiciones, sus militantes pierden la cabeza y se dejan llevar por la perversidad. La ideología panista se desvanece, ya ni siquiera se puede jactar de ser el partido de los ricos. Aquella recia fuerza conservadora que le dio prestigio como digna derecha nacional, ahora se ha perdido en un verdadero maremágnum de corrientes diferentes, todas ellas colmadas de codicia, de intereses personales, de deslealtades y poca ética política encaminada a fortalecer la institucionalidad partidista.

Pero en fin, ahí están las opciones, un Cordero resentido y revanchista o un Madero conformista y entreguista, ninguna a favor del fortalecimiento del panismo, menos de una presencia digna en las contiendas electorales.

UNA LEGISLATURA RENUENTE

Desde hace tiempo, nuestra legislatura requiere con urgencia un trabajo más serio. Urge que se le baje a las pasiones y se adopten actitudes sensatas, inteligentes y con sentido común. Vale la pena reflexionar sobre el poco impacto de algunas leyes aprobadas, su endeble figura que propicia falta de vigencia y cuestionada aplicación. Debemos evitar que el cúmulo de normatividad que se genera, en su mayoría pase al triste papel de letra muerta.

Por sólo hablar de algunos ejemplos, señalaremos la falta de respeto de un ayuntamiento, quien dijo desconocer la nueva ley sobre la protección de animales y se la pasó por el arco del triunfo, permitiendo a un circo violar una disposición legal vigente en nuestra entidad.

Pero, el colmo; el diputado Arturo García Arias -legislador por Tecomán en su segunda ocasión- comentó que: “No se cambia el concepto de los enlaces conyugales porque nosotros creemos que están bien, ello a pesar de lo que indique la Suprema Corte de Justicia de la Nación”. ¡Qué barbaridad!, no les basta el ridículo en que los puso Indira Vizcaíno al mostrar más visión y capacidad jurídica, sino que ahora se muestran renuentes y abusan del autoritarismo que ya exhibieron al elaborar al vapor, una figura jurídica que desde antes les advirtió la alcaldesa de Cuauhtémoc no tendría sustento legal. La opinión del tecomense es un claro ejemplo de que algunos, ni repitiendo aprenden.