En la Mira


René Montes de Oca.-

La incidencia con que se exhiben los malos manejos que algunos gobernantes hacen de los dineros del pueblo, esa rapacidad que ha vulnerado las arcas públicas y que tiende a crecer al no encontrar ningún control efectivo, está creando un hartazgo social, un verdadero clima de desconfianza y falta de certidumbre en las acciones de la clase política, que un día promete trabajo honesto, pero al poco tiempo manifiesta una codicia desmedida, una conducta indigna, una desvergüenza que deprime a la población.

Es que nuestro sistema está cayendo en el terrible error de soslayar el pillaje. Solamente se habla de inmoralidad como un recurso electoral, un instrumento para bajar bonos políticos al adversario, pero un trabajo serio, transparente y ejemplar no da visos de realizarse y no existen esperanzas de que se aclare la rapiña gubernamental, que se castigue de manera ejemplar a los ladrones de cuello blanco, quienes dañan más desde los cargos gubernamentales que aquellos delincuentes que se juegan la vida al participar valientemente dentro del crimen organizado.

Cobardes, abusivos y desvergonzados son aquellos que traicionando la confianza del pueblo que los ubica en el gobierno se dedican a la sucia tarea de vaciar las arcas, llevándose el dinero que la población acumula para destinarlo a obras y servicios, a desarrollo y progreso social.

No vamos a reparar en nombres ni en filiación política de los bribones, no valen la pena, no tienen un ápice de moral, ni les interesa enlodar sus apellidos en la cloaca disfrazada de paraíso en donde disfrutan el dinero mal habido. Simple y llanamente, son materialistas inmundos, personas sin escrúpulos, que viven en la opulencia, rodeados de familias de la alta sociedad, de esa alcurnia tan cuestionada que goza de la impunidad nacional.

Por qué no todos los políticos pillos aparecen en el triste escaparate que a últimas fechas circula mediáticamente, no, de ninguna manera, son muchos, muchísimos los que se sienten libres de culpa y andan circulando libremente por ahí, muy campantes, y lo peor, hasta haciendo política.

Es evidente la endeble legislación encaminada a sancionar a los sátrapas, a los que acumulan cuantiosas fortunas en la política, a los que se envilecen en el poder, aquellos que no saben vivir en la medianía juarista recomendable para la clase política nacional, pero que se ha convertido en letra muerta, en moral de tontos y honestos.

Valdría la pena que los políticos, antes de echar discursos, se hicieran un autoanálisis, para por lo menos no abusar tanto de la palabra ni de la promesa, reflexionar sobre los lujos de oficinas, ostentación de parques vehiculares, gastos infructuosos y eventos suntuarios, verdaderos escaparates colmados de frivolidad y exhibicionismo.

Sin embargo y siguiendo el juego a una legislatura local tan desgastada por sus iniciativas endebles y sin sustento inteligente, como la de los enlaces conyugales y la de protección animal, sólo por poner un ejemplo. Ahora dediquemos de nuevo un espacio a la muy cuestionada política villalvarense Brenda Gutiérrez Vega.

Resulta que ahora la distinguida dama es llamada de nuevo a comparecer ¡pero qué alivio!, tan sólo como testigo. Como todos sabemos, ella ya está libre de toda responsabilidad en la pasada administración municipal.

Aunque hay algo que precisamente nos llamó la atención el día de anteayer, cuando se anuncia “pomposamente” que el casino de la feria, mal construido durante el período pasado, será echado abajo y con ello, a la basura siete millones de pesos mal invertidos de los dineros del pueblo y eso aquí y en China, no es otra cosa, que una gran irresponsabilidad.

Es que en nuestro país estamos acostumbrados a que verdaderas fortunas del erario público se pierdan en la nada, desaparecen en pésimas inversiones que los responsables jamás transparentan. Lo vimos en la “Estela de Luz” y la cuestionada línea del metro, cuya responsabilidad se niega asumir la administración del DF y de seguro ahí va a quedar la cosa. Jamás se ha sabido que alguien reintegre dinero mal invertido, fortunas que se esfuman entre los destellos de obras de relumbrón, simple vanidad y latrocinio.

Aquí en la Villa, debe haber alguien que exija transparencia en una obra que así nada más se va a tirar, como si los millones invertidos fueran de “pancholares”. Que se muestre en los medios una información detallada, peritajes profesionales que dictaminen su inseguridad, para luego promover un juicio en contra de los encargados de la construcción que se presume como pésima, pero que fue costeada con dineros de un pueblo que ahora luce colmado de deudas, con muchas necesidades y sus arcas relucientes de limpias.