En la Mira


HAGAMOS POR COLIMA UN

ACTO DE CONSTRICCION

René Montes de Oca

Definitivamente, lo que requiere Colima es que todos los ciudadanos hagamos una autovaloración. Urge adoptar elementos restringentes para moderar ese clima de libertad que nos rige, pero lamentablemente está perdiendo las constricciones éticas o morales impuestas socialmente.

Todos estamos confundidos en una vorágine sociopolítica que desafortunadamente no nos conduce a nada bueno. Se percibe falta de madurez en los lamentables movimientos que desestabilizan nuestra institucionalidad y ponen en entredicho la calidad cívica que debe ser norma que rija en una sociedad de avanzada.

Cuando una mezcla de sentimientos muy intensos se manifiesta en forma desenfrenada, urge reducir a límites menores sus efectos, asumir medidas recomendables para lograr el equilibrio ideal, erradicando abusos, autoritarismo e impunidad. No resulta nada recomendable lastimar al Estado, menos socavar la institucionalidad que nos rige.

Quizá resulte tibio mi planteamiento para infinidad de ciudadanos inconformes ante los abusos de algunas autoridades. Sin embargo, considero mi propuesta como una acción mesurada, inclinada a lograr ordenadamente un avance paulatino en este ambiente tan deformado que nos están dejando a su paso muchos políticos que han abusado de las libertades y la autoridad ilimitada que los mismos ciudadanos les hemos conferido dentro de un marco legal, mismo que nunca, por arranques debidos al hartazgo social, debe desaparecer ipso facto sin el protocolo institucional y el orden debido.

Vivimos en un país de instituciones y leyes. Hemos avanzado mucho en cultura política. Movimientos como el que ahora se denomina #YoNoSoy200Mil, aportan mucho a la civilidad, por valientes y bien fundamentados. Pero no olvidemos que los logros más grandes de la historia se deben a la perseverancia. La insistencia en la razón siempre triunfa, es definitivamente una buena bandera, un argumento válido y efectivo para esgrimirse en las más altas tribunas nacionales.

México y Colima tienen que cambiar, pero definitivamente no será desmoronándose a sí mismos, destruyendo su institucionalidad y combatiendo lo que con tanto esfuerzo se ha logrado implantar.

La política es una verdadera ciencia, se maneja sobre bases firmes. Los arranques viscerales, el hartazgo mal encausado, los movimientos imprudentes, no son recomendables. Por lo general las actitudes cupulares, por inmorales que parezcan, tienen un sustento bien fundamentado, desaseado para muchos, pero legal indudablemente, legítimo y válido en un país que mantiene un marco jurídico cuidadoso. Nada hacen las “mentadas” más agresivas y elocuentes de la gente a un logro bien planteado en el ámbito legal.

La irritabilidad ciudadana es muestra palpable de impotencia, pues mientras las cosas sucedan así, siempre llevará las de ganar el político, por más que las evidencias señalen su corrupción y abuso. Cuando se tiene la habilidad de estar dentro de la ley, nadie puede juzgarse como delincuente. Para lograrlo, hace falta más capacitación política y jurídica, que el pueblo salga de su estado de ignorancia del que ha abusado gente sin escrúpulos, figuras nocivas pero qué saben hacer las cosas dentro de la normatividad.

Para cambiar las cosas en México, en realidad falta más trabajo cívico, una acción conjunta y solidaria de la ciudadanía que empiece por el cambio personal, por una disciplina estricta y consistente y una participación digna dentro del ámbito socio político nacional.

Falta trabajo y madurez cívica. Mientras muchísimos mexicanos ni siquiera ejerzan su derecho de voto y no avanzamos nada en el combate al abstencionismo electoral, nada se puede esperar para lograr otras empresas que requieren mayor espíritu y voluntad política. Vemos con tristeza que algunos hasta se encapuchan al hacer públicos reclamos cívicos, despojándose de lo más valioso de un ciudadano, que es su identidad y el valor civil de hablar y opinar sin esconder su rostro. Definitivamente ese no es el camino.

No está bien encausada la inconformidad cívica. Nada más nos dejamos llevar por la indignación cuando constatamos el abuso de las autoridades, la irritación nos hace presa ante la imposibilidad de corregir conductas que denotan abuso y prepotencia, pero ya aterrizando en este campo hostil en que vivimos, nos damos cuenta con tristeza que lo malo que ahora estamos percibiendo en las autoridades, desgraciadamente lo hemos edificado y fortalecido nosotros mismos, con actitudes negligentes, irresponsables y sumamente negativas que como ciudadanos hemos exhibido siempre.

Debemos estar hartos, ¡indudablemente que sí!, pero de un abstencionismo irresponsable que hemos mantenido siempre en un alto índice nacional. También es el momento de valorar nuestra militancia en determinado partido político, por más fallas que haya exhibido en las contiendas electorales.

Nuestra asistencia a mítines multitudinarios en donde la farsa, la promesa vana y la dádiva humillante deforman a los más vulnerables, también debe reprocharse en estos momentos de irritabilidad por supuestos altos salarios de unos diputados, anomalía que en un momento dado, viene a representar una peccata minuta si contemplamos escrupulosamente abusos descomunales en las élites de poder.

México está muy desorientado y plagado de ignorancia. Y esta situación tan lamentable, en realidad nos resulta sumamente molesta a los que aspiramos a que dentro de los causes correctos y con altura de miras, ¡las cosas cambien!