En la Mira


EPN REQUIERE RESILIENCIA NO PERDON

 

René Montes de Oca

 

Mi padre, desde mi infancia, me inculcó que no pidiera perdón, me conminaba a asimilar mis culpas y obrar bien en lo sucesivo, para que los errores no deformaran mi conducta y me condujeran por el camino equivocado de la farsa y el cinismo.

Enrique Peña Nieto (EPN) debe atravesar por una serie de situaciones adversas y algún fuerte dolor emocional, por ello, en un mensaje cuestionado, pidió humildemente perdón a México por errores como el de la Casa Blanca.

Lamentablemente, a estas alturas, la gente ya no cree en esos desplantes melodramáticos. Ya hasta el Papa Francisco se desvivió en nuestra nación clamando perdón por todos los errores del tenebroso pasado de su iglesia.

No se ha practicado el respeto al semejante y como resultado se ha endurecido su corazón. Lastimado por tanta desesperanza, desilusionado ante la mentira, abatido por el pillaje de los poderosos y la miseria de los más vulnerables, el pueblo ahora escucha con indiferencia un discurso que el presidente pensó que impactaría notablemente.

Aquí cabe lo que dicen los más “jodidos” en México: “Tan impuesto estoy a que me peguen que cuando me acarician, lloro”. La ciudadanía ha caído en un estado de escepticismo tan grave que ahora no se inmuta ni siquiera por las poses más tiernas de un mandatario. Se ha acostumbrado a un estado de total ausencia de una moral derivada del sentimiento humano, el cual ahora se muestra indiferente, “le vale” que el propio Enrique Peña Nieto busque su yo, las fortalezas muy suyas como ser humano, intentando alcanzar su propio bienestar con autonomía, afrontamiento, autoestima, conciencia, responsabilidad, esperanza optimista, sociabilidad inteligente y tolerancia a la frustración.

Es muy su problema, pero el perdón al pueblo no se requiere, lo que hace falta es fortalezas cimentadas en los valores humanos, la ética y los buenos principios. Ejercicios muy saludables que la clase política en general debería de acostumbrar con frecuencia, tales como la meditación, la reflexión, el autoanálisis, un especie de psicoanálisis honesto que sea saludable para todos, fortaleciendo acciones casi en extinción, como aquella a la que nos convocó Jesús hace dos siglos: ¡Amaos los unos a los otros!, por sólo poner un ejemplo.

Un fenómeno raro que un político de primerísimo nivel en México, intente encontrarse a sí mismo, eso es un avance notable. Por lo general, todos se pierden en la vanidad mundana, viven la frivolidad, la opulencia, la rapacidad y rayan en la prepotencia. Se deshumanizan, no ponen los pies sobre la tierra. El del presidente no deja de ser un acto de humildad, poco acostumbrado en los de su alcurnia; la manifestación pública de un pecador arrepentido. Circunstancia que Enrique Peña Nieto debe asimilar para tomar conciencia en beneficio de sí mismo y de los demás.

 

LOS PARTIDOS BUSCAN SU DEPURACION

 

En los partidos políticos con militancia significativa se está dando una corriente tendiente a la expulsión de elementos que no han mostrado institucionalidad.

Esta acción es buena y la señalan los estatutos de la mayoría de institutos. Lamentablemente ni en casos gravísimos que ha registrado la historia se han aplicado esas medidas disciplinarias tan drásticas.

Pero ahora, ante el desgaste que está sufriendo el sistema partidista en México, urge estabilizar las organizaciones políticas, revistiendo su institucionalidad, fortaleciendo su ideología y revitalizando sus programas de acción. Sin dejar aparte el riguroso manejo de los estatutos.

Es que los grupos políticos y hasta algunas figuras de ese ambiente que trabajan por su cuenta, han sacado raja de la tolerancia imperante al interior de los partidos, producto de tantas reformas que conciben candidaturas sin afiliación, cargos directivos carentes de militancia y participaciones importantes sin contar con la formación indispensable de cuadros de partido.

La descomposición política demanda seriedad, no es posible que los que dañan a los partidos sigan pegados como lapas a los mismos, trabajando para otros intereses diferentes pero sin perder su militancia. No es justo que la desvergüenza y el cinismo amenace con exterminar nuestro sistema político que ahora resulta una verdadera burla de los más sagaces, instrumento útil para figuras sin escrúpulos, que no saben luchar ni ganar adeptos y solamente le apuestan al oportunismo.