En la Mira


MAL APLICADAS POLITICAS DE VIVIENDA

René Montes de Oca

Luchar por una casa digna y propia es sin duda una de las aspiraciones más nobles del proletariado. Unas veces inducidas por las dependencias gubernamentales dedicadas al ramo inmobiliario, otras por iniciativa propia. Incorporándose a alguno de los programas oficiales, involucrándose con cierto desarrollador de vivienda privado o aventurándose a participar por su cuenta y riesgo en asentamientos irregulares; pero infinidad de familias le entran a la empresa de hacerse de una vivienda.

Las grandes ciudades se están llenando de nuevas colonias, abundan los fraccionamientos de interés social, la gran mayoría de mala calidad y servicios deficientes. Pero la gente logra su objetivo de ya no pagar renta. Lamentablemente, viviendo a veces en condiciones infrahumanas, en conjuntos habitacionales promiscuos que no garantizan una convivencia higiénica, menos comodidad alguna debido a su hacinamiento, pero ahí están las familias, con la ilusión de tener casa propia.

Independientemente de que el reto de apoyar a las clases más vulnerables para lograr  un hogar propio, resulta sumamente difícil para el gobierno. Vemos con tristeza que éste, ni siquiera ha mostrado buenos resultados en los programas específicos de vivienda que cuentan con presupuestos generosos, supuestamente para beneficiar a los económicamente marginados.

Últimamente, nos preocupa la seria problemática que se registra en zonas de vivienda proletaria, en donde reina la incertidumbre. Tristemente se está dando en Colima, el deprimente espectáculo del desalojo de familias menesterosas por conflictos legales en los que se ven involucradas sus humildes moradas. Señoras de avanzada edad, enfermos y niños, de pronto se ven en la calle, lugar en donde los colocan autoridades deshumanizadas que se limitan a la aplicación de vericuetos legaloides, en los cuales siempre rige la ley del embudo, lo estrecho para otros, lo ancho para uno.

No sabemos a ciencia cierta la realidad legal que ocasiona esta urdimbre, pero lamentamos la falta de transparencia al respecto. Con toda seguridad que en estos alegatos, tendrán muchos y válidos argumentos los económicamente poderosos. Luego entonces nos preguntamos, ¿hasta dónde llega el grado de negligencia gubernamental que permite se generen este tipo de conflictos que exhiben las limitaciones de la gente humilde, víctima de una pésima política de vivienda manejada por las dependencias gubernamentales correspondientes?

Pero eso del desarrollo habitacional es complicado. Ya ni los más importantes proyectos habitacionales del gobierno marchan bien.  Un familiar quiso finiquitar su crédito en Fovissste y le dieron un estado de cuenta, pero cuando regresó a los dos tres meses para tratar de ejecutar la operación, se encontró con que su adeudo en lugar de haber disminuido con los abonos, ahora era más alto. Increíble, pero así están las cosas por la mala planeación de los programas que no contemplan la inestabilidad financiera y demás fenómenos de la economía, que deberían manejar con habilidad quienes elaboran los proyectos crediticios, de forma tal que no se trastorne a la gente más ignorante en esos menesteres.

Otro problema que se sumará a la conflictiva situación en colonias proletarias es el desempleo que repunta alarmantemente. El jefe de familia al ser despedido de su trabajo, lógicamente no podrá cumplir son sus mensualidades ante la inmobiliaria y si su situación se alarga, se correrá el riesgo de desalojo.

Se acaba de anunciar un nuevo programa que anuncia créditos para vivienda a jovencitos. Mismo que consideramos muy importante pero de alto riesgo si no se analizan cuidadosamente las condiciones de operación, dada la inestabilidad económica registrada en muchas ocasiones en este sector de población.

Es bueno gestionar financiamientos, pero resulta saludable ver los pros y los contras. No es recomendable politizar un asunto tan delicado como el de vivienda, menos utilizarlo con fines electorales. El patrimonio de una familia es cosa seria, debemos garantizarlo con proyectos serios, elaborando presupuestos factibles, que tomen en cuenta la posibilidad real de cada operación crediticia, evitando de esa manera conflictos posteriores por falta de previsión y eficiencia de las instancias que en muchas ocasiones no son  capaces de manejar adecuadamente las políticas de vivienda.