En la Mira


UNA REFORMA QUE PONDERE

LA LABOR MAGISTERIAL

 

René Montes de Oca

Aurelio Nuño Meyer, secretario de Educación Pública, dice que a través de la transformación educativa, México puede dejar de ser un país en vías de desarrollo, para convertirse en una economía desarrollada.

Aseguró que no obstante haber conseguido grandes avances en materia educativa en el siglo XX, en la actualidad no tenemos la calidad para afrontar los retos que se presentan como efecto de la globalización.

Recalcó que se vienen manejando tres ejes dentro de la reforma: Infraestructura educativa, profesionalización magisterial y renovación de planes y programas, junto con el enfoque pedagógico.

Aseguró que la Reforma tiene respaldo de la ciudadanía, así lo han reflejado las encuestas que se aplican constantemente, dijo.

Tiene razón este estudioso personaje, México, como todos los países del orbe necesita cambios urgentes, no nada más en educación, aunque la práctica educativa debe mejorarse, urge hacerlo puesto que de eso depende la conformación de una comunidad progresista, acorde al avanzado desarrollo de los demás países.

Sin necesidad de encuestas, se percibe una Reforma Educativa  saludable y generosa. Solo faltó que el titular de la SEP ponderara en su declaración, la inconmensurable labor del magisterio de México, su abnegada entrega, su apostolado y muchas veces demostrado profesionalismo.

Sentimos que fue corto Aurelio Nuño, al no definir una postura de respeto y gratitud para el magisterio del país, por su entrega y dedicación. Reconocer su titánica labor en pasadas cruzadas como la campaña nacional contra el analfabetismo, la creación del Instituto Federal de Capacitación del Magisterio, que fue en sus tiempos la Normal más grande de Latinoamérica,  su participación en el Programa de Centros Regionales de Educación Fundamental para América Latina. El Programa Nacional de Misiones Culturales Rurales, La campaña Alfabetizante y hacer énfasis al dedicar un espacio especial al colosal e inigualable esfuerzo nacional  en la cruzada para impulsar la educación en el campo marginado de México, dejando para la historia la inconmensurable época de oro de la Escuela Rural Mexicana.

Quizá la juventud  de nuestro  actual conductor educativo; el entusiasmo que dedica a sus tareas contemporáneas, no le permitan recordar que hemos tenido educadores brillantísimos que ostentaron el cargo que ahora él ocupa: intelectuales como Don Jaime Torres Bodet, poetas insignes como Agustín Yáñez, maestros de abolengo con profundas raíces indígenas que siguen honrando a la patria, como Ignacio Manuel Altamirano; pedagogos pulcros e inconmensurables como Justo Sierra, entre tantos otros mexicanos bien nacidos, prohombres de la educación mexicana, gente honesta, colmada de valores que jamás politizaron tan honrosa distinción. La educación no nació ayer, tiene su digna historia y desde que Vasconcelos fundara la Secretaría, marcha institucionalmente sin tropiezos.

Es que la educación mexicana ha venido experimentando cambios importantísimos y jamás se había politizado como ahora sucede. Padeció cacicazgos, influencias ideológicas radicales, imperios, reformas como la juarista. Superó el latifundismo, una revolución armada, dictaduras, monopolios, fanatismos, distorsiones y se sobre puso a todas Las crisis.

Ahora la moda es la globalización, una influencia eminentemente extranjerizante, manejada con tintes  esnobistas, buscando diluir la ameritada labor del maestro como héroe anónimo del cambio social, minimizando esa figura que desde su humilde trinchera, siempre ha realizado una labor digna de encomio. Le faltó decir a Aurelio Nuño, que el pueblo de México, apoya una Reforma Educativa que pondere la labor del Magisterio Nacional. No lo hizo, a lo mejor por qué nunca supo de educación pública. Al menos así lo constatamos en su currículum.