En la Mira


LIBRE EXPRESION,

¡NADA QUE CELEBRAR!

 

René Montes de Oca

 

El Día de la Libertad de Expresión, y por añadidura de prensa, en Colima transcurrió discreto, sin tanto aspaviento, hasta cierto punto opacado. Este fenómeno naturalmente no fue un descuido ni desatención de las autoridades, mucho menos la falta de iniciativa de las muchas agrupaciones dedicadas a la práctica del periodismo en todas sus manifestaciones. Simple y sencillamente fue una muestra de respeto a un derecho humano que en nuestro contexto no se ha respaldado, siendo hasta cierto punto discriminado.

La expresión pública no es una casualidad, si bien en un tiempo los ilustrados se dieron a la tarea de difundir luces a su alrededor, por ello pasaron a la historia como los “iluminados”; al final de cuentas su objetivo fue formar las opiniones de un público más amplio, mismas que en alguna forma o medida, éste adopta por sí solo.

La expresión es natural en el ser humano, un recurso que habla muy bien de su aspiración de participar, de involucrarse, de actuar en común con sus semejantes. Por ello, quizá por siglos fue reprimida y hasta la fecha severamente hostigada por los que aspiran a formar élites privilegiadas a las que les conviene acallar la democrática acción de la libre expresión.

La frivolidad de los premios y medallas que ofrecen las autoridades como que no cabe en un ambiente en donde abunda la gente humilde pero inteligente. Los ostentosos banquetes y el derroche se contraponen con la lucha periodística a favor de la austeridad que condena la ostentación gubernamental. Es entonces cuando la modesta celebración, el discreto reconocimiento a la profesión de informar y hacer opinión pública, resulta muy aceptable por el gremio periodístico que agradece que simplemente se le dedique un día, se valore su trabajo, su abnegación y entrega.

Juan Ramón Negrete Jiménez, ameritado periodista y luchador social, fue muy claro en una entrevista cuando afirmó que no hubo nada que celebrar. Los periodistas de México, y en especial los de Colima, siguen siendo marginados, no gozan de las prestaciones sociales decorosas, su salario es en ocasiones el mínimo y lo irónico que siendo ellos los portadores de noticias y generadores de opinión pública, sean víctimas del abuso de los poderosos, de la ofensa de los prepotentes y del olvido de unas autoridades que dicen valorar la labor del periodismo.

Acaba de fallecer mi amigo César Villalba Arceo, inteligente, analítico, inconforme y laborioso. Murió en la pobreza y por ahí se escuchó la voz socarrona de un político que dijo: “Un chayotero menos”. Qué estúpida apreciación de un vivales, ese baquetón que como muchos otros, vegetan exprimiendo la ubre presupuestal, no tiene capacidad para valorar la humildad, la pobreza y el espíritu que algunos privilegiados saben llevar con dignidad. Mi reconocido homenaje para mi “Huesitos”, que como tantos otros compañeros, han sido en vida discriminados por su pobreza económica, por hacer periodismo honesto y aún hasta después de su muerte, lastimados por los ociosos, los cortos de mente y de corazón, los que no viven, pero sí tragan y beben a expensas de los gobiernos en turno.

Hace poco nos dolió mucho la situación por la que atravesó nuestro ex compañero de página, Héctor Espinosa Flores. Pronto se les olvida que fue uno de los mejores comentaristas de cine, un excelente analista sociopolítico y un reportero hábil.

Hace poco, un cuestionado político aceptó que respeta la prensa a nivel empresarial, dejó entrever cierta discriminación para el reportero y comentarista de opinión. Su mentalidad de hombre de negocios lo confunde, definitivamente lo aparta de su papel político, en donde le resulta obligado darle su lugar a los generadores de noticia y expresión popular. Alguien por ahí le hizo ver su error en su mera cara, pero hizo mutis sobre el asunto. Lo grave es que muchos integrantes de la clase política piensan como él, ¡me vale lo que diga este crítico! Su opinión la negocio con el propietario de la empresa difusora, ¡los triunfadores nos vamos a la cabeza, no nos interesan las patas!

Por ello es importante que la cultura de la libre expresión crezca, que no se le tema a la crítica, sólo aspiramos a que se le tome en cuenta, a que la opinión pública no sea subestimada y que la clase periodística reciba mejores condiciones, los apoyos que le puedan brindar a una mejor calidad de vida.

CONVIVIERON AUSTERAMENTE

LOS COMPAÑEROS DEL CIRCULO

Un ejemplo de la valoración que dentro de nuestro Círculo de Analistas Políticos se le brinda a la libre expresión, es que en su día social convivieron departiendo el pan y la sal en una modesta pero muy limpia fondita del barrio del Moralete en esta capital. Todo un agasajo al que mi salud no me permitió asistir. Pero por este conducto los felicito por su atinada decisión. En la modestia y con dignidad se conforma lo mejor del periodismo, el íntegro, humilde, valiente e inteligente.